Estrellita M. Fuentes Nava
Cuarta Transformación y Revolución 4.0
Viernes 7 de Diciembre de 2018
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Hay dos paralelismos que están corriendo México en estos momentos: por un lado la llamada Cuarta Transformación enarbolada por nuestro nuevo Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, la cual apela a la refundación del Estado mexicano a través del combate a la corrupción así como del modelo de desarrollo de tal manera que éste privilegie a los despojados por el modelo neoliberal. Se denomina así a la luz de las tres transformaciones anteriores que tuvo el país: la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Cuarta Revolución
Cuarta Revolución
(Foto: TAVO)

Por el otro lado y en simultáneo se encuentra la Cuarta Revolución, y se distingue por la automatización total de la manufactura - su nombre proviene, de hecho, de un proyecto de estrategia de alta tecnología del gobierno de Alemania, sobre el que trabajan desde 2013 para llevar su producción a una total independencia de la mano de obra humana -. La automatización corre por cuenta de sistemas ciberfísicos, hechos posibles por el internet de la cosas y el cloud computing o nube. Dichos sistemas combinan maquinaria física y tangible con procesos digitales, y son capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar -entre ellos y con los humanos- mediante el internet de las cosas. El principio básico es que las empresas podrán crear redes inteligentes que podrán controlarse a sí mismas a lo largo de toda la cadena de valor.

También llamada 4.0, esta revolución sigue a los otros tres procesos históricos transformadores: la primera que representa el paso de la producción manual a la mecanizada, entre 1760 y 1830; la segunda, alrededor de 1850, que trajo la electricidad y permitió la manufactura en masa; la tercera que arribó hasta a mediados del Siglo XX, con la llegada de la electrónica y la tecnología de la información y las telecomunicaciones. De ahí que ahora los economistas identifiquen a esta nueva ola como la cuarta.

Para poder entenderla el Foro Económico Mundial de 2016 dio algunas pistas:
1. Alemania fue el primer país en establecerla en la agenda de gobierno como "estrategia de alta tecnología";

2. se basa en sistemas ciberfísicos, que combinan infraestructura física con software, sensores, nanotecnología, tecnología digital de comunicaciones;

3. la internet de las cosas jugará un rol fundamental;

4. permitirá agregar US$$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años;

5. cambiará el mundo del empleo por completo y afectará a industrias en todo el planeta.

Los entusiastas de esta revolución 4.0 hablan de: nanotecnologías, neurotecnologías, robots, inteligencia artificial, biotecnología, sistemas de almacenamiento de energía, drones e impresoras 3D y más.

La Cuarta Revolución trastocará no sólo los procesos industriales, sino también la oferta la economía y la oferta laboral. De hecho según calculó la consultora Accenture en 2015, una versión a escala industrial de esta revolución podría agregar US$14,2 billones a la economía mundial en los próximos 15 años; demás podría acabar con cinco millones de puestos de trabajo en los 15 países más industrializados del mundo.

En contraste, nuestra Cuarta Transformación pretende recién generar equidad y justicia social para los más de 60 millones de pobres que habitan en nuestro territorio, y tratar de empareja de alguna manera el piso, para poder catapultar al país a un mejor estadio de crecimiento y desarrollo. Sin embargo, eso tomará tiempo y mientras hacemos la tarea en casa en el mundo global se seguirán dando las trasformaciones vertiginosas en torno a lo cual México no debe sustraerse a ello.

Me parece que una gran Agenda 4.0 para el país que combine lo mejor de los dos movimientos sería crucial para no quedarnos rezagados y poder mitigar el impacto que generará el reemplazo del hombre por la tecnología, sin descuidar la tarea doméstica.

Es más: si sufeáramos la ola 4.0 se me antoja que incluso hasta podríamos adoptarla como eje transversal para el desarrollo y así replantear la educación, y a la luz del nuevo conocimiento que ello generase, desarrollaríamos nuevas tecnologías en los cultivos y garantizar el abasto de alimentos para quienes menos tienen; se nos abrirían nuevos horizontes para llevar los servicios de salud hasta el más recóndito lugar, prevenir desastres, limpiar nuestra agua, en fin. Se observa un área de oportunidad interesante.

Todo este esfuerzo implicaría esencialmente una fuerte inversión en investigación y tecnologías acordes a nuestra realidad nacional, la adaptación de la curricula escolar para generar egresados competitivos para una escala global, la armonización de nuestros procesos industriales con los nuevos tiempos para poder seguir exportando, aunado a los marcos legales necesarios para adaptarnos a esta nueva revolución. De no hacerlo ello podría representar la pérdida del costo de oportunidad para fortalecer las finanzas del país y relanzar a México a una nueva era.

Ojalá que así como se están estableciendo comisiones y agendas para lo más urgente y necesario, se contemple una la creación de un comité especial para profundizar en este análisis y explorar vías que nos puedan funcionar.

La Cuarta Transformación llegó ya y está aquí para quedarse; la Cuarta Revolución también y a mi parecer, los dos frentes son igual de importantes…

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