Alma Gloria Chávez
Mahatma Gandhi y la no violencia
Jueves 29 de Noviembre de 2018
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Sin lugar a dudas, Mahatma Gandhi es el personaje revolucionario más reconocido mundialmente por haber impactado con sus acciones e ideas el devenir de la historia contemporánea, considerando su filosofía y práctica de la no-violencia como un estilo de vida que lo llevó a conformar la sustancia misma de su existencia cotidiana. “Quien practica la no-violencia, tiene como instrumentos el corazón, la conciencia, el coraje y el sentido de justicia”.

Sergio Tamayo Flores-Alatorre, arquitecto, militante, periodista, músico, sociólogo y estudioso de la cultura, en su libro Violencia y no-violencia en los movimientos sociales, editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco (Colección de Estudios Urbanos), logra explicar, de manera clara y sencilla, los fundamentos filosóficos de la no-violencia y su lugar en el cambio social contemporáneo, remitiéndonos, de manera primordial, a Gandhi.

Fuente de inspiración para el pacifista Gandhi, es el jainismo, una religión considerada como la más relacionada con la no-violencia (“ahimsa” en términos religiosos), cuya vocación parte de asignar una cualidad positiva al individuo: el amor único, resultado de reconocer la universalidad de todos los seres vivos. En base a este principio, la no-violencia es un acto que no puede ser agresivo en ningún sentido, ni objetiva (agresión física) ni subjetivamente (en pensamiento y espíritu).

 “Toda la verdad es relativa”
“Toda la verdad es relativa”
(Foto: Gustavo Aguado)

El jainismo considera que La Verdad, (así, con mayúsculas) es necesariamente relativa o parcial y su búsqueda tiene que partir del método de la autopurificación. La percepción Jaín dice: “Toda la verdad es relativa”, pero tiene que buscarse la verdad en todos los seres humanos. Por ello Gandhi asumió que todas las religiones eran igualmente verdaderas y que la percepción de La Verdad se construye desde la perspectiva de sus propios seguidores, idea que orientó a Gandhi en el movimiento khilafat en 1919, a tratar de unificar las religiosidades hinduismo-islamismo y rechazar la imposición del cristianismo de los colonizadores británicos a los islámicos turcos.

Otro método de resolución de conflictos utilizado por Gandhi fue el llamado “ghita”, una filosofía expuesta en el Mahabharata. En el Ghita, la no-violencia asume un carácter peculiar: significa conocimiento, devoción y acción (karma) y depende plenamente de las circunstancias. Ghita sí recomienda el uso de la violencia como último recurso. Para esta filosofía, el ahimsa es un principio moral y como tal, no es un fin en sí mismo. Esta creencia hizo que Gandhi entendiera la cuestión de la no-violencia no como un dogma rígido, sino como un mecanismo flexible donde se podían admitir excepciones: nunca la paz a costa de la verdad o la justicia. Así, le imprimió un carácter dinámico a la ahimsa: “Si creo que donde haya sólo una oportunidad, entre cobardía y violencia, sugeriría violencia”, concluyó Gandhi.

Sin embargo -y me parece que es la aportación más importante de Gandhi-, su interpretación práctica sobre la no-violencia es el equilibrio entre ghita y ahimsa, porque entre cobardía y violencia hay aún una tercera alternativa: la acción no-violenta, siendo ésta la forma de reconciliar ambas creencias. En términos gandhianos, la cuestión es conducir la resistencia no-violenta en defensa de la justicia, en lugar de oponer la violencia a la justicia.

Siendo observadores/as, podemos constatar que el ejercicio de la violencia en el combate a la injusticia sólo acarrea mayor violencia. “Es -afirman muchos pacifistas- como echar más leña al fuego que se pretende sofocar”. Con justa razón el movimiento de las mujeres en todo el mundo ha venido adoptando la filosofía de la no-violencia como práctica cotidiana.

En el capítulo dedicado a analizar los fundamentos de la no-violencia, Sergio Tamayo vuelve al pensamiento de Gandhi, quien asimiló de Jesucristo el sentido de la justicia a partir de sus acciones, como cuando amonestaba a los prestamistas, descalificaba al rico y exaltaba al pobre, tratando de remover la desigualdad económica.

Los Diez Mandamientos fueron para Mahatma afirmaciones de la no-violencia y afirmaba que cualquier sociedad que se base en tales principios se constituye a sí misma como una sociedad no-violenta.

El filósofo, estadista y líder moral de la India, criticaba duramente a quienes se decían cristianos, porque no eran capaces de practicar los fundamentos de su religión. Veía una contradicción entre hablar de reconciliación y no agresión, cuando al mismo tiempo llamaban “guerras justas” a las declaradas en nombre de Cristo.

“El cristianismo original (opinaba Gandhi) no había traicionado sus principios, fueron sus practicantes los que lo falsificaron”. Gandhi en cambio se apropió de los valores de Jesús por medio del amor, la no-violencia, convirtiendo enemigos en amigos. Así como Jesús separaba la naturaleza del individuo del carácter político opresivo del imperio romano, Gandhi diferenció también su relación con los británicos. El punto crucial no era oponerse a las personas como individuos, sino contra la maquinaria de dominación.

El programa de no cooperación no-violento elaborado por Gandhi vio sus primeros frutos durante la movilización campesina de Champaran, que se opuso a la explotación colonial británica, siendo su eje motor la desobediencia civil no-violenta, dando como resultado inmediato la elaboración de la Ley Agraria de Champaran, legislación de carácter humanitario.

Esta táctica también se usó en la campaña nacional contra los ingleses en 1919, llevando adelante un boicot general ante la visita del príncipe de Gales (1920), promoviendo ausencias colectivas a escuelas, a los campos, a los consejos, y rechazando títulos, medallas y cualquier tipo de honor o reconocimiento otorgado por el imperio inglés a cualquier ciudadano de la India.

Mahatma Gandhi murió en 1948 sin ver a una India liberada del imperialismo inglés, contra el que luchó toda su vida, y su filosofía no tuvo una interpretación clasista de la acción. Sin embargo las armas de la no-violencia mostraron su poder real: la desobediencia civil como movilización de masas y un programa constructivo generador de redes comunitarias.

Su excepcional herencia, que en estos tiempos merece como nunca tomarse en cuenta: la combinación de la acción de masas con la unidad comunitaria. Es decir, la participación con la identidad, en prácticas no-violentas que hoy día cobran especial sentido. A manera de conclusión, Sergio Tamayo menciona: “En un periodo histórico, la resolución del conflicto puede expresarse a través de la no-violencia, en otro violentamente y en otro más, quizá, en una combinación de ambas”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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