Rafael Calderón
MÁS ALLÁ DEL UMBRAL
Ida Vitale
Miércoles 28 de Noviembre de 2018
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Para leer a Ida Vitale (Montevideo, 2 de noviembre de 1923), hay que iniciar conmemorando que ha sido reconocida con el Premio Cervantes de Literatura y en Guadalajara recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. Antes, individualmente, hay que buscar sus poemas en La luz de esta memoria (1949), Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Oidor andante (1972), Jardín de sílice (1980) y Sueños de la constancia (1984). Confieso: prefiero éste que, además, reviste importancia para su poesía.

Es el título que reúne parte de la obra publicada hasta 1984. Es un periodo que abarca, desde aquel lejano año de su primer libro, ahora, determinar su huella lírica; esa presencia, continúa y permanente, es su afirmación.

Ida Vitale, escritora
Ida Vitale, escritora
(Foto: Cuartoscuro)

Han pasado años desde sus primeros poemas pero su poesía no es olvido. Quizá, en todo caso, ese título, Sueño de la constancia sea ante la primera reunión de su poesía, referencia y resplandor, acaso, contribuye una identidad para inscribir el recuerdo, una etapa de su revelación lírica. Alcanza, con los premios recibidos, la lectura acertada, derriba esquemas preestablecidos.

La primera reunión de su poesía es parte esencial de su huella lírica. O, más bien, parte de una búsqueda que tiene que ver con su constancia y la permanencia por su condición.

Ya que de unos años a la fecha ha merecido una cantidad inusitada de premios: el último brilla con fuerza, llegado a los 95 años; el premio Cervantes de Literatura es la segunda vez que recae en un autor de gran trayectoria de la lengua española en América y lo recibe cuando ha llegado a una edad más que celebrada, como ahora sucede con Ida Vitale, y su búsqueda de la belleza lírica aporta al idioma identidad, recuerda que acumula siete décadas escribiendo poesía; hace unos años, este mismo reconocimiento, recayó al poeta Nicanor Parra. Por eso, una vez más, hay que recordar, Ida Vitale con su esposo, el poeta Enrique Fierro, vivieron exiliados en México de 1974 a 1984, a causa de la dictadura en Uruguay.

Escribe Ida Vitale en su primera reunión poética palabras de advertencia que ahora vienen a perpetuar la lectura: “Me cuesta mucho, siempre, recorrer la distancia hacia atrás que va del último al primero de estos libros, no en la medida en que soy otra sino porque, siendo la misma, me abochorna, con la voluntad de hoy, la debilidad de mis propósitos de ayer”. Hasta aquí, esos libros a los que se refiere, son los que hasta 1984 ha publicado, y que reunió en Sueños de la constancia. Cuando habla de la debilidad de los propósitos…, más bien, creo ver esos poemas como la oportunidad nuestra para conocer, reinventar su presencia, ubicar su voz que sin duda bebe de la tradición latinoamericana con una fuerza que igual gana presencia junto a otras autoras como Blanca Varela, de Perú; Margarita Michelena, en México; la propia Olga Orozco, desde Argentina.

Si se trata su poesía, ahora, como marea caprichosa, voy ir a un poema del primer libro (Luz de esta memoria), no es lejano ni distante sino una condición sencilla, efectiva, en movimiento, donde registra ritmos y sonidos. Este poema es una cantata. Quizá, fúnebre, deja sentir una estela de sueños, por su estilo, ya personal, registra un recorrido inaugural de su larga búsqueda de la lírica en espacios tanto públicos como privados. Expectativas entonces anunciadas en este poema, “Elegía en otoño”, dedicado a José Bergamín y al frente lleva un epígrafe de Antonio Machado: “Esta lira de muerte”. Es un poema dividido en dos partes y de la primera recupero un fragmento: “Hay días que parecen prestados por la muerte./ Como llamada desde lejos/ su luz vacila y huye,/ y con ella también, sin esperanza,/ algo nuestro se va,/ fugitivo de un cuerpo, de una tierra vacíos./ Las flores nos ofrecen,/ con qué dulzura fúnebre, su aroma/ que no sentimos ya,/ su frescura, que nada nos debe,/ como una despedida,/ como un augurio de la primavera/ que quizás pronto y por única vez/ se encenderá en nosotros…”.

Los poemas de Ida Vitale son un acierto para la tradición latina. Es quien termina cambiando el mapa por esa voz que ha ganado un sitio tan alto como único, con justicia, llamada, definitivamente poeta de una grandeza lírica. La presencia de su voz, que modula ese ritmo de palabras e imágenes que del idioma extrae con sonido, con eco, con identidad. Es, hoy día, ubicada por los poemas que son su estilo, un estilo único, suyo, recuerda que su verdadera biografía está su poesía.

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