Rafael Mendoza Castillo
La cuarta república hereda instituciones fetichizadas
Lunes 5 de Noviembre de 2018
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Para abordar la problemática de las instituciones, que durante los gobiernos prianistas y los amos del capital, han estado al servicio de los capitalistas neoliberales, invito el pensamiento de Enrique Dussel: “Desde el inicio debo anotar que las instituciones son ambiguas, es decir, pueden cobrar sentidos contrarios. Si se fetichizan, se totalizan, se transforman en el mal histórico; si cumplen su función de servicio a la vida comunitaria son justas, moralmente adecuadas”.

Para empezar, recordemos el momento en que los partidos, PAN, PRD, PRI y otros, usaron dichas instituciones para firmar el Pacto por México, el cual contenía y contiene, las reformas estructurales contrarias al interés público de los mexicanos. Las mencionadas instituciones se escaparon de las manos de sus militantes, de la sociedad,es decir, se fetichizaron, moralmente ya no son adecudas. Por eso fueron repudiadas por 30 millones de mexicanos el primero de julio pasado.

Eduardo Medina Mora y Enrique Peña Nieto, actual presidente de México.
Eduardo Medina Mora y Enrique Peña Nieto, actual presidente de México.
(Foto: Cuartoscuro)

Recientemente un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora, dio entrada a una controversia constitucional solicitada por el presidente Enrique Peña Nieto, sobre casos de corrupcion en el estado de Chihuahua. Aquella institución otorgó un amparo. Este hecho revela que el fuero y el privilegio siguen vigentes y son tolerados. Pregunta: ¿Quién instaló a Medina Mora en la Corte Suprema? Respuesta obvia, Enrique Peña Nieto. Eso se llama impunidad y corrupción. Este es el mal histórico de las instituciones vigentes (instituciones facciosas). Vino nuevo en odres nuevos para la IV República.

Con los casos anteriores, más Estafas Maestras (Sedesol y Sedatu), gobernadores priistas y panistas encarcelados y prófugos, la Casa Blanca, Odebrecht-Lozoya y otros, demostramos y mostramos que las instituciones se alienan con el tiempo (más de 80 años) y pasan de servir a la comunidad, a los mexicanos excluidos, marginados, explotados, humillados, a servirse de ellas, para su propios intreses privados. El aeropuerto de Texcoco estaba fundado en esos intereses particulares. De ahí que la gente con su voto frenó tal proyecto. Las instituciones que recibe la cuarta transformación se encuentran en plena decadencia entrópica y piden a gritos una transformación inmediata.

Las acciones humanas que ha emprendido AMLO y su Movimiento de Regenerción Nacional (Morena) se enfrentan a la oligarquía financiera, comercial e industrial, la cual tiene sitiadas y cooptadas a las instituciones actuales (ya no controlan el Congreso de la Unión) de las cuales han vivido y se han enriquecido, acumulando capital a la sombra del Estado achicado y simplificado) su régimen político y su modelo neoliberal. No hay acción humana fuera de una cierta institucionalidad. Desde la moral y la ética, las instituciones que heredamos del prianismo y su oligarquía, son injustas porque han despojado el patrimonio de la nación. El robo y la corrupción han sido sus atributos distintivos.

Todas las instituciones forman parte de un sistema social creado por los seres humanos vía grupos o clases. Aquéllas tienen dos sentidos, el primero, es de carácter histórico ya que existe el momento de su creación, su desarrollo en el tiempo y en el espacio. El segundo tiene que ver con la posibilidad de control, con la finalidad de sostener lo establecido, lo dado, o sea, la estructura del sistema (relaciones de poder y no tiene que ver con lunas de miel).

Es importante instalar a las instituciones en la historicidad. Lo anterior significa que existe la condición para que aquéllas se escapen de la voluntad de sus creadores y marchen en sentido contrario a los intereses de estos últimos y se olviden de lo público. Las instituciones también se corrompen, por lo que estamos obligados a su revisión permanente.

La institución se entiende como un conjunto de saberes, normas prácticas, conductas; componentes que configuran la formación de un tipo de subjetividad que incide para sostener a una sociedad, pero también para cuestionar y transformar el sentido y la orientación de la misma.

Toda institución está inscrita en las tendencias, estructuras y procesos generales que orientan al sistema social; no son neutrales. En el caso de sistemas cerrados, de pensamiento único (neoliberalismo, liberalismo, conservadurismo) la institución responde a los intereses de quienes dirigen el orden constituido. En un sistema abierto y democrático, la institución tiene un margen de autonomía para incidir en la marcha y destino de la estructura y fines del sistema.

Si la institución, como los ejemplos citados, busca objetivos particulares y se aleja de lo público, entra en un proceso de descomposición. De ahí la necesidad de transformarlas y fundarlas sobre nuevos contenidos éticos, morales, cívicos y con sentido de la vida humana plena. No hay instituciones sagradas o intocables. Las hacemos nosotros y como tales, siempre estarán en sospecha. No son eternas.

Recordemos, no olvidemos, que el contenido de la institución (valores, creencias, prácticas, normas, saberes, etcétera) llega un momento en que se detiene, se adapta ciegamente a lo dado, forman una unidad con el orden, no presentan novedades y se coloca en un proceso conservador que niega toda posibilidad de deseo, de futuro, de lucha y de utopía (fetichismo, alienación). Se pierde la autoconciencia y la reflexión crítica sobre lo instituido. En ese momento, los sujetos de la institución ceden la iniciativa al sistema. El 1 de julio los votantes interrumpieron su proceso de decadencia. No cantemos victoria, la lucha sigue. Los hombres de negocios siguen oponiéndose a la justa distribución de la riqueza y el respeto al patrimonio de la nación.

Históricamente, el ser humano construye instituciones para potenciar su existencia, su forma de vida y para la protección individual y colectiva. Además, para defender la vida humana, vivirla en plenitud, siendo el fin de los fines. Buscar la justicia, la paz, el bien común y crear una segunda naturaleza, en síntesis, producir su propio mundo. Lo anterior constituye el sentido originario, el objetivo que da razón de ser a las instituciones. Sin olvidar, que en la marcha de las mismas, y por el surgimiento de formas sociales y de intereses privados, aquéllos se traicionan y se corrompen.

Recordemos Morena, que sin crítica, sin reflexión, sin pensamiento disruptivo, y sin acción constituyente, la conformidad se apodera de la institución y del sistema. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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