Julio Santoyo Guerrero
Simplismo y eficacia
Lunes 22 de Octubre de 2018
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Nada más lejano de la realidad el creer que el ejercicio del gobierno es cosa ligera y simple. La mayoría de los asuntos sobre los cuales tiene que decidir son complejos y requieren de fundamentos logrados con base en estudios bien sustentados. La manera, los tiempos y el estilo como se decide dependen de la habilidad política del gobernante. Pero ni la manera, ni los tiempos, ni el estilo pueden sustituir el fundamento sobre el que descansa la decisión política. El gobernante puede tener el mejor estilo, con la mejor manera y saberlo hacer a tiempo, pero si su fundamento es erróneo la decisión terminará en el fracaso y toda su acción será ineficaz.

La consulta ciudadana, porqué sí para el Tren Maya y porqué no para la Reforma Educativa.
La consulta ciudadana, porqué sí para el Tren Maya y porqué no para la Reforma Educativa.
(Foto: Cuartoscuro)

Lo anterior viene a cuento porque el próximo gobierno se ha propuesto tomar importantes decisiones a partir de una estrategia de consulta pública, tan directa como votar por una u otra. El primer asunto a consultarse será para resolver la disyuntiva aeroportuaria, y se ha dicho que ocurrirá lo mismo con el Tren Maya. En esa lógica debe estimarse que debe aplicarse el mismo mecanismo a la conversión del ejército y la marina a guardia civil, a la reforma educativa, a la disminución del IVA en la franja fronteriza del norte, a la estrategia de pacificación pensada desde el perdón y la amnistía, a la designación de delegados estatales, a la reubicación de secretarías de estado a diversas entidades federativas, a la disminución del precio de las gasolinas, etc.

Para no hacerlo con el mismo procedimiento (el voto directo en urnas) el nuevo gobierno tendría que ofrecer razones muy precisas que diferenciaran cada una de estas problemáticas. Por ejemplo, porqué sí para la disyuntiva aeroportuaria y porqué no para la conversión del ejército y la marina en guardia civil. Si en el primero podrá aducirse la importancia económica para el segundo deberá considerarse el tema de la seguridad del Estado mexicano, ambas razones de gran importancia. Porqué sí para el Tren Maya y porqué no para la reforma educativa. El Tren Maya tendrá, se ha dicho, una gran relevancia para el desarrollo de una de las regiones más pobres del país, y la cuestión educativa -quien lo refutará-, tiene una trascendencia cardinal para el futuro de la nación.

Es imprescindible que el nuevo gobierno reglamente, categorice, priorice, o como mejor se pueda decir, los asuntos que deben ser dignos de una consulta directa y cuáles no. Deberá haber congruencia en su política general de consulta. O se pide opinión en todos aquellos asuntos, que debidamente categorizados, deban ser consultados, o no se hace para evitar obvias interpretaciones de manipulación de la opinión cívica conforme a las conveniencias políticas de quienes son gobierno.
Deberá tener riguroso cuidado en la calidad de la opinión consultada. No podrá omitir la natural exigencia pública de que al final lo que ella busca es un resultado eficaz en la política que se ha decidido. La forma aceptable de la consulta puede quedar hecha añicos si la acción que de ella se desprenda genera resultados adversos. Es decir, el nuevo gobierno caería en un grave error si menosprecia el tema de la eficacia, aunque la consulta le haya dado un alto margen de aprobación en lo que se haga. Políticamente de muy poco le serviría que la consulta le diera el sí al aeropuerto de Santa Lucía y sus accesorios -por ejemplo-, y como resultados realistas eso le generara la pérdida de la confianza de los mercados internacionales, la depreciación del peso, y peor aún, un funcionamiento deficiente y conflictivo de esa opción para la aeronavegación internacional.

Y esto se aplica para toda la agenda que el nuevo gobierno le ha ofrecido a los mexicanos. Si los resultados no son los esperados el prestigio alcanzado en las urnas irá muy pronto al piso. Deberá entonces el nuevo gobierno pulsar con bastante ecuanimidad si lo que busca es sólo la forma, el fervor y popularidad del "consultismo" ahora, o la eficacia bien calibrada para tomar decisiones ejecutivas que garanticen resultados satisfactorios para resolver los problemas en el corto y largo plazos.

La responsabilidad ejecutiva no se puede eludir cuando los ciudadanos te han dado justamente esa investidura dentro de un marco legal bastante preciso. No asumirlo es tanto como claudicar al ejercicio del mandato otorgado. En todo caso, si así fuera, bastaría una plataforma en internet que diaria o semanalmente estuviera convocando a consultas públicas para atender los variados problemas nacionales, antes que elegir a un presidente. Y tendría que modificarse la constitución para elegir en lugar de un Ejecutivo solamente a un operador técnico de tales decisiones, y las responsabilidades, como debe de ser, tendrían que hacerse recaer en los consultados, no en el ejecutivo.

Pero lo anterior no es viable. Generaría una alta percepción de incertidumbre y un achicamiento de la eficacia gubernamental, y eso nadie lo queremos. Por eso, el sistema representativo trata de identificar correctamente en quién debe recaer esa representatividad con la responsabilidad, incluso jurídica, que le es implícita. Entonces, el nuevo gobierno debe asumir la responsabilidad de las decisiones en función de la calidad de los saberes que le aporta su equipo cercano o ampliado, y debe empeñarse en el estudio minucioso de las propuestas que tenga a la vista de su razón para asegurar la eficacia, y eso es un cálculo político muy legítimo y bien visto. Vaya, el simplismo siempre será una salida con altos costos para el prestigio de quien gobierna. El que se haga de una manera u otra, para el caso de nuestro país, es de vital importancia toda vez que de ello depende el futuro de todos nosotros, no sólo de quien asumirá el gobierno. Cosa buena harían -quienes han llegado al gobierno-, que privilegien las políticas de alta eficacia en función de los escenarios complejos dando resultados, antes que el simplismo soportado en maniqueísmos fantásticos los hunda. Eso les permitirá ser y hacer un buen gobierno, y de eso está anhelante la sociedad. Suele decirse que la política tiene magia, cierto, pero esa magia descansa en los buenos resultados.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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