Alma Gloria Chávez
Un hombre de principios
Jueves 18 de Octubre de 2018
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Durante mi infancia en tierras del lago, poco conocí de la vida personal del general Lázaro Cárdenas del Río, máxime al haber recibido instrucción primaria, secundaria y técnica en un colegio religioso de Pátzcuaro, en donde sí llegaba a escuchar jaculatorias cuando alguien osaba pronunciar su nombre. Sin embargo, tuve maestros como don Antonio Salas León o Salvador Solchaga, y también una religiosa llegada de El Salvador, que hablaban de manera directa y sin tapujos del denominado Tata entre los pobladores rurales, y sobre todo del proyecto educativo y cultural impulsado bajo su mandato.

Posteriormente, en los años 60, su personalidad era motivo de charlas, anécdotas y discusiones: en el hogar de don Enrique Luft y Teresita Dávalos, adonde acudían no sólo personajes importantes del Instituto Nacional de Antropología e Historia o del Instituto Nacional Indigenista (creados durante su gobierno), sino también intelectuales, artistas plásticos, poetas, escritores y viajeros llegados de distintos puntos del país y de otras latitudes.

TAVO
TAVO
(Foto: TAVO)

Mi inolvidable madrina: María del Carmen de la Viña de Baena, madrileña expulsada de España junto a su marido don Carlos, en la época del franquismo, guardaba sincera gratitud al general que abrió las puertas de México a los refugiados y huérfanos de guerra, además de sustentar un gobierno de convencido nacionalismo y decidida entrega a las causas más nobles de su pueblo.
Para entender su propuesta nacionalista, nos decían maestros/as de secundaria (ésos que propiciaban el conocimiento e interés por la Patria), había que intentar acercarse a esa actitud de entrega incondicional a las causas patriotas que nunca abandonó el nativo de Jiquilpan, Michoacán, quien se incorporó muy joven a las filas del movimiento revolucionario, en las que ascendió por los rangos militares y que muy joven también llegó a gobernar nuestro estado.

Posteriormente, cuando su campaña electoral para la Presidencia de la República, Cárdenas mostró interés por conocer el territorio que compone la nación (y que recién intentaba salir del caos de una guerra), por su gente, y por resolver sus problemas. Dicen que recorrió casi 28 mil kilómetros de territorio nacional en ferrocarril, automóvil, aeroplano, barco y a caballo, “recogiendo y sembrando inquietudes”… En el acto de toma de posesión, hizo pública una sencillez que lo volvería famoso, pues se presentó en traje de calle y luego, en vez de hacer fiestas y ofrecer banquetes, se fue con su familia a descansar y prepararse para el trabajo, en su finca de Cuernavaca. A él se debe la costumbre simbólica de, al menos una vez durante el mandato presidencial, “dar el grito” en la ciudad de Dolores Hidalgo, cuna de la gesta independentista. Y también fue él quien decidió cambiar la residencia presidencial del Castillo de Chapultepec a una más modesta en un espacio amplio y rodeado de vegetación que denominó Los Pinos (llamada así en recuerdo al lugar donde conoció a doña Amalia, su mujer tacambarense).

En sus “Apuntes” del año 1967, don Lázaro Cárdenas escribió: “Hoy que cumplo setenta y dos años, dedico estas líneas a Amalia, en quien he tenido siempre un gran estímulo. Inteligente, comprensiva y cariñosa ha sabido compartir sus responsabilidades. Afín a mis ideas políticas y sociales, durante mi gestión en la Primera Magistratura del país, su actitud fue discreta y de gran sensibilidad. En nuestro hogar acogió veinte niños (hombres y mujeres) que recogí en mis giras de gobierno, huérfanos o de padre pobres, que convivieron con nuestro hijo Cuauhtémoc. Fue una madre para todos ellos. Hicieron sus estudios los primeros años en el interior de nuestra residencia de Los Pinos. Posteriormente, los protegió en sus estudios y necesidades y hoy varios de ellos ejercen la profesión que siguieron…”

Mi padre cuenta que mucha gente de estas tierras (sobre todo la considerada pudiente en aquella época) lo aborrecía por haber propiciado el reparto agrario; por la expropiación que hizo de bienes de la iglesia (casi abandonados o en manos de particulares) para convertirlos en escuelas, museos o bibliotecas; se le criticaba también por haber clausurado centros y clubes de juego y de apuestas, cuyos dueños eran políticos poderosos (y corruptos, obviamente) y por haber llevado adelante la expropiación del petróleo mexicano que estaba en poder de empresas extranjeras y que representó una dura prueba para el país en defensa de su soberanía.

“Amalia vive en mis más gratos recuerdos, entre ellos, los de aquellos memorables días del conflicto petrolero de 1938. Tuve de ella un gran estímulo; comprendió el problema que se me presentaba cuando le di a conocer la decisión del gobierno de llegar a la expropiación, y al decretarse vio cómo respondió el pueblo y trabajó intensamente… actos de verdadero patriotismo palpamos, con Amalia, en el corazón de la humilde familia mexicana. En este aniversario, el recuero que se haga en el país, por el acto expropiatorio, lo dedico a ella y a las mujeres que revelaron su patriotismo ante el conflicto con el extranjero”. Cita Lázaro Cárdenas en sus “Apuntes” de 1968.
Rodeado de auténticos intelectuales y reconocidos humanistas, el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río siempre estuvo al lado de trabajadores y campesinos en sus demandas laborales, salariales, de reparto de tierras, de ayuda para la producción y la organización, ponderando siempre la educación, durante su gobierno se abrieron por todo el país los internados para niños/as indígenas y para hijos de militares (“Hijos del Ejército”); normales rurales y escuelas especializadas para hijos/as de campesinos, como la Universidad de Chapingo.

Para Michoacán, el general ofreció esfuerzos denodados, cobijados en proyectos de educación y de cultura, sobre todo, porque seguramente intuía que la mejor empresa de un pueblo es la que conduce al amor y reconocimiento de la raíz y de la identidad. Llegaron ejércitos de educadores, artistas e intelectuales y por todo el estado se pintaron murales y se levantaron monumentos para visibilizar acontecimientos y personajes locales que la historia oficial se encargaba de mantener en penumbra.

En el libro que doña Amalia Solórzano escribió en el año 1994, descubrí la faceta más humana de este hombre de probidad. Como estadista y como persona, sin duda llegó a cometer errores y sufrió traiciones, amarguras e incomprensiones. Amaba la naturaleza y los árboles y respetaba el trabajo de la gente del campo. Respetaba también las tradiciones de los pueblos y además supo entender que la mujer no podía permanecer “atrás” de cada varón, sino al lado. Al leer las memorias de la señora Amalia, su admirable mujer que continuó una vida activa y comprometida con causas nobles de México hasta el final de sus días, pude finalmente comprender muchos de los descalificativos que rodearon en vida (y aún en muerte) al General Cárdenas. Descubrí los sentimientos que guiaron en vida al hombre austero, amoroso y comprometido con la Patria; sereno, juicioso y buen administrador; con hoja de servicio limpia en la política; disciplinado y entregado siempre a las mejores causas. Hombre de principios que hoy recordamos.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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