Alma Gloria Chávez
Laudato sí, mi signore.
Jueves 4 de Octubre de 2018
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Ya han pasado varias décadas desde que leí por primera vez -fascinada- El cántico de las criaturas o del Hermano sol de San Francisco de Asís. Escrito en el italiano incipiente del siglo XIII, en el dialecto local del Valle de Umbría, el cántico se ha llegado a considerar precursor de la revolución político-económica, cultural, espiritual y ecológica integral que hoy mueve a tantas consciencias en el mundo. “Es el canto de un pobre. En él, Francisco descubre el gozo de vivir y canta a la vida justamente cuando se ve despojado hasta el extremo de todas sus posesiones materiales y proyectos. Veinte años atrás había descubierto el Evangelio de Jesús: una vida libre, compasiva, sanadora, unas relaciones fraternas sin jerarquía ni sumisión” (escribe el Teólogo español José Arregui).

“Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento, por el aire, la nube y el cielo sereno, y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento…”

Hoy, ocho siglos después de haberse escrito, otro Francisco le reconoce como el cántico inspirador de una carta, que como Pontífice de la Iglesia Católica, él transforma en la Encíclica Papal “Laudato Si’ Sobre el Cuidado de la Casa Común”. Un texto revolucionario, que ha provocado, desde que viera la luz, cientos de reacciones cuya respuesta ha sido, en general, abrumadoramente positiva; porque se advierte, ante todo, la valentía de un primer Papa de nombre Francisco, nacido en el continente Latinoamericano… y sobre todo, formado en la Orden de la Compañía de Jesús.

Desde que tuve información de la Encíclica Papal Laudato Si’, hasta que el texto completo llegó a mis manos, muy pocos comentarios escuché al respecto; y todavía hoy me asombra que el contenido de este maravilloso documento no sea motivo de análisis y reflexión, por lo menos, entre la numerosa feligresía de la iglesia católica en el país o en regiones como la nuestra, que se encuentra en riesgo inminente ante el daño causado al medio ambiente.

El papa Francisco habla de la deforestación de los bosques, de la contaminación del aire y de la importancia de conservar los manglares.
El papa Francisco habla de la deforestación de los bosques, de la contaminación del aire y de la importancia de conservar los manglares.
(Foto: Cuartoscuro)

Que sepamos, no existe ningún texto de la Iglesia Católica con tantas páginas dedicadas a lo que la ciencia nos enseña y nos advierte. El Papa Francisco habla de la deforestación de los bosques, de la devastación que causa la minería, del monocultivo que destruye los suelos; de los plaguicidas que matan a los microorganismos encargados de alimentar y oxigenar la tierra; del calentamiento del mar, de la pesca con dinamita, de la destrucción de los arrecifes de coral; de la contaminación del aire, de la importancia de conservar los manglares, del derretimiento de los glaciares; del peligro que representa el metano escondido en el hielo polar.

El pontífice menciona también una larga lista de desastres ambientales que explica y argumenta desde la ciencia, sin relacionarlos nunca con voluntad, castigo, prueba o aviso de Dios. Además, al enumerarlos no pretende el sensacionalismo o siquiera provocar temor; su objetivo es “tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar”. Entonces, el Laudato Si’ se torna en un apasionado llamado a que cada persona, cada comunidad, cada sociedad; los países, los gobiernos y las empresas, asuman su responsabilidad para detener el desastre ambiental. Llama a la Responsabilidad.

La Carta Encíclica comienza así: “Laudato Si’, mi Signore – Alabado seas, mi Señor, cantaba San Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, nos gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.”

Para el pobre de Asís (Francisco) todo canta. Desde las galaxias en expansión, hasta las partículas atómicas que hoy apenas empezamos a descubrir. Todo canta, todo agradece, todo vibra. Su canto nos invita a sentirnos profundamente hermanados de todos los seres: sólo puede ser solidario quien se siente hermano/a; sólo puede ser hermano/a quien es humilde de sí.

“Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido o dañado, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje”. Porque en el lenguaje de las grandes religiones, la Naturaleza es obra de un Creador, que con creatividad nos ha regalado el mundo. Y reconocerlo así, sentirlo así, es una motivación para cuidarle.

Hoy que estamos atestiguando desastres de grandes magnitudes con tantas pérdidas de vidas humanas, resulta oportuno admitir que ha llegado el momento de actuar, como la Encíclica Papal
señala en su verdad más valiente: “el actual sistema económico alimenta la crisis climática y, a la vez, trabaja activamente para impedir que tomemos las medidas necesarias para evitarla”. La conciencia de esta oportunidad está creciendo y haciendo surgir un nuevo tipo de movimiento climático que tiene en cuenta esta situación.

Los costos planetarios asociados al cambio climático, lo sabemos, lo estamos experimentando, son muy altos y la velocidad a la que deben implementarse las medidas para, por lo menos mitigar ese cambio, obliga a la humanidad a pensar cuáles son las mejores estrategias para adaptarnos a esta nueva realidad. La relación de la humanidad con el resto del planeta debe cambiar y debe hacerlo de forma rápida, o el riesgo en que hemos puesto nuestra propia existencia y la de muchas otras especies alcanzará un punto de no retorno.

El actual movimiento climático se basa en la convicción de que es necesario un cambio de sistema para resolver las múltiples crisis que derivan de un capitalismo injusto y depredador. La Encíclica del Papa Francisco, termina con dos Oraciones. El fragmento de una de ellas, llama la atención por mencionar a quienes hoy sufren con mayor rigor las consecuencias de un sistema económico rapaz: “Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita. Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz… Alabado seas.”

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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