Rafael Calderón
Morelia: 190 años en la poesía
Lunes 1 de Octubre de 2018
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Por su parte, Concha Urquiza a partir de los once años publicó sus primeros poemas en la Revista de Yucatán y en Revista de Revistas y el primero que la incluye en una antología es Jesús Romero Flores en la antología La poesía de Michoacán (1923). Más tarde se fue a vivir a Nueva York y ese periodo de su vida es relativamente oscura ya que muy poco de lo que escribe se conoce. Durante la juventud pasó de la militancia en el partido comunista a la adopción de diversas teorías estéticas y políticas. En 1937 entró en una crisis que la llevó a romper con su pasado, ingresando en un convento de monjas docentes de donde se retiró pocos meses después para dedicarse a la enseñanza de lógica e historia de las doctrinas filosóficas en la Universidad de San Luis de Potosí. Pese a sus amistades con poetas y escritores de su tiempo, nunca perteneció a grupos literarios, interesándose más bien por exteriorizar sus emociones íntimas y descuidando la recopilación de su obra a la que sólo en los últimos años se le ha concedido la importancia que merece. La recopilación de Gabriel Méndez Plancarte Bajo el signo del ábside en 1946 es la edición cumbre de su obra; en 2013 jitanjáfora Morelia Editorial se dio a conocer Nostalgia de lo presente –todos sus poemas: 1921-1945 que organiza y presenta Rafael Calderón. Falleció, ahogada, en Baja California, México, el 20 de junio de 1945.

Podríamos decir que su voz es única como sucede acertadamente en su poema Retorno a Morelia.
Podríamos decir que su voz es única como sucede acertadamente en su poema Retorno a Morelia.
(Foto: Especial)

Podríamos decir que su voz es única como sucede acertadamente en su poema Retorno a Morelia: “Cierto, tú has sido fiel; la misma calma,/ las mismas alboradas deleitosas;/ torres aladas y canteras rosas,/ un remanso de paz para mi alma.// Guardas aún aquel rubor intenso/ que ponía en la plaza verdeante/ la bugambilia en flor, y aquel instante/ de tus campanas en el aire tenso.// Tu Calle Real que va de monte a monte,/ la clásica portada de breviario/ de Las Monjas, el rojo campanario/ donde se cifra todo el horizonte.// Tus suburbios, prendidos en jardines,/ y tus fuentes de musgo y luna llena;/ y el viejo Bosque, donde vive y pena/ un recóndito aroma de jazmines.// La señorial Calzada cuyas piedras/ añoran largamente tantas cosas.../ como esa cordillera de Las Rosas/ que pide al cielo su balcón de yedras.// Igual y fiel te miro, tierra mía;/ infiel he sido yo, que ya no tengo/ cuando a tu casa rumorosa vengo,/ abierta el alma a ti, como solía.// Si tu armoniosa paz no dice nada/ a mi cansado amor, ego te absolvo:/ culpa es de ausente ardor trocado en polvo,/ y juventud en sobras olvidada”.

Mientras tanto, Manuel Ponce, quien nació en Tanhuato, Michoacán, el 15 de febrero de 1913 y falleció en la Ciudad de México, el 5 de febrero de 1994. Se le conoció como un sacerdote católico apasionado por la poesía y que, además de escribir numerosos textos líricos, daba clases. Posiblemente influyó muchísimo en su dedicación a este arte el haber conocido a Francisco Alday, quien se convirtió en su maestro. Sus obras fueron publicadas en diversas revistas como El Centavo, fundada por Salvador Molina, y la dirigida por Porfirio Martínez Peñaloza y Alfonso Rubio y Rubio, Viñetas de Literatura Michoacana, de gran importancia para promover la poesía michoacana del siglo XX. Estuvo relacionado con los medios periodísticos del momento, trabajando durante un tiempo como director del Diario Letras en Morelia, dedicado exclusivamente a la literatura; además fue fundador y director de la revista Trento. Algunos de sus títulos más conocidos son Quadragenario y segunda pasión, El jardín increíble y Elegías y teofanías. Por sus poemas ocupa un lugar excepcional en varias antologías que lo incluyen para dar muestra de su elevado nivel de poeta y cuya obra extraordinaria está llamada a ser de lo más original, trasciende a los autores de su generación, aquí, como ejemplo, el soneto La Catedral de Morelia: “Música de la piedra más baldía/ espiga su creciente partitura,/ y música del cielo la más pura/ en la piedra sus módulos enfría.// Sismo de tierra, sube a melodía;/ aura de cimas, cola la llanura;/ y se respira tal arquitectura/ como resuena tanta maestría.// Todas las liras en el aire tenso/ repercuten al son apasionado;/ el clamor de los hombres en ascenso// penitencial, redunda en su costado;/ y permaneces, contrapunto inmenso, oh Jesucristo! bien ejecutado”.

Otra coordenada muy diferente la sigue José Mendoza Lara quien es originario de Ciudad Camargo, Chihuahua. Toda su obra la ha realizado en Morelia, como parte de su reconocida condición de poeta, editor y tipógrafo (Continuará).

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