Rafael Mendoza Castillo
Hidalgo, la memoria y la Universidad Michoacana
Lunes 17 de Septiembre de 2018
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Si don Miguel Hidalgo viviera, no estaría de acuerdo con la situación que hoy vive la Universidad Michoacana. Estoy seguro que estaría luchando por su transformación de raíz, en todos sus órdenes. Lo que somos en lo individual y lo colectivo tiene que ver con la memoria, en tanto que somos construidos por el recuerdo, pero también por el olvido. Como no aceptamos la narración de los dioses, nos colocamos en los tiempos de la historia. Nos arriesgamos a pensar por nosotros mismos y hacer nuestra propia historia, marcarle sentidos y significados.

Pero en ese proceso de devenir hemos encontrado las perversiones, los males absolutos, guerras, hambre, miseria, sufrimientos, explotación, porque el hacer histórico no es lineal, sino contradictorio, complejo, y existe la posibilidad de su propia alienación, es decir, se le puede escapar a su propio creador. El capitalismo salvaje o neoliberalismo y su clase social de los amos del dinero, la mafia de los poderosos y los oligarcas, se han apropiado de la historia, y la orientan a sus intereses privados. Con este sentido de la historia no coincidía Hidalgo.

Si don Miguel Hidalgo viviera, no estaría de acuerdo con la situación que hoy vive la Universidad Michoacana.
Si don Miguel Hidalgo viviera, no estaría de acuerdo con la situación que hoy vive la Universidad Michoacana.
(Foto: Especial)

Miguel Hidalgo sintetiza la dignidad de la persona, la moral, la responsabilidad del individuo, lo ético y los valores cívicos, el ciudadano, es decir, la acción pública, lo político. Esos componentes lo colocan en el campo de la historia como un héroe. Fue más allá de lo familiar, de lo individual, para encontrarse con el otro, con los otros, sus semejantes, quienes sufrían el dolor de la esclavitud, la dominación interna y externa, es decir, tomó la decisión de dar la batalla en la acción pública, necesaria ésta para conquistar la libertad individual, colectiva y la justicia social en la nación.

Hidalgo nos enseñó, con su acción política, que si no nos apropiamos de la praxis histórica, seguiremos colonizados por poderes externos reales, ayer el imperio español, hoy el imperio norteamericano en lo externo y en lo interno, la oligarquía, la mafia de priístas, panistas, perredistas colaboracionistas o modositos, y los poderes fácticos. El dinosaurio sigue vivo.

Aunque la mayoría de mexicanos conocemos los ideales, valores y principios por los que Hidalgo entregó su propia vida como compromiso en bien de los pobres y condenados de su tiempo, los grupos, los individuos, las clases dominantes o explotadas, encuentran una utilidad de esa memoria histórica en el presente. Así, por ejemplo, el caso de la burocracia universitaria nicolaíta, utiliza el recuerdo de Hidalgo para justificar las acciones de su poder administrativo, académico, de difusión cultural o de investigación. Llegando a decir que Hidalgo estaría contento con el tipo de calidad educativa que hoy se practica en la Casa de Hidalgo. Este hecho de aprovechamiento de la memoria histórica me parece que comete dos errores.

Uno, que se está abusando de la memoria y, segundo, que se pretende anular la autocrítica y justificar con el recuerdo o lo seleccionado de la memoria, la ausencia de democracia participativa, la falta de rendición de cuentas, la no transparencia, la violación de la autonomía y, lo peor, el ritual hace opacos los procesos académicos, de investigación, de difusión y extensión cultural.

Lo que sucede es que estas actitudes convierten la memoria histórica de Hidalgo, en un medio para justificar la implementación de políticas educativas privatizadoras impuestas, desde fuera, por el poder de acumulación de capital, cuya pretensión básica es destruir los espacios públicos de la educación, a fin de convertir el conocimiento y la conciencia y a sus consumidores, en mercancías, en valores de cambio.

La memoria de Hidalgo no puede aceptar que una comisión de notables y autárquica (Comisión de Rectoría) continúe nombrando a los rectores, dejando de lado y excluyendo, la voluntad soberana de la comunidad universitaria. Esta memoria no puede reducirse a la calidad educativa o a las acreditaciones, dado que lo anterior se inscribe en el paradigma cultural neoliberal, el cual le apuesta a la competencia del libre mercado, al mismo tiempo busca la homogeneidad, la uniformidad para formar sujetos mínimos, aptos para atender la demanda de los mercaderes, los exilia a su vida privada y los subordina a las imágenes de la televisión comercial.

Si la memoria histórica de Hidalgo no se inscribe en la acción pública, que es al final de cuentas la praxis histórica, para sólo dejarla como medio y no como fundamento, seguiremos prisioneros de esa forma de interpretar o elegir contenidos de esa memoria, para que los ciudadanos se adapten a los intereses privados de quienes hoy dirigen las instituciones educativas, políticas y sociales.Deseo, que a partir del primero de diciembre del prsente, todo esto cambie.

Recordar a Hidalgo no es un fin en sí mismo, sino la oportunidad de transformar, de raíz, las estructuras, procesos y tendencias que se han cristalizado, osificado y detenido en la realidad universitaria y en el país.El ethos que funda la cción histórica de hidalgo incorpora la costumbre (en su sentido colectivo) y la existencia de los mexicanos de su tiempo. Comprendió que la existencia de los pueblos no puede jamás fundarse en la esclavitud y la pobreza. Si la existencia no se funda en la libertad y la duda, todo lo demás no tiene sentido para el hombre.

El valor de Hidalgo se inscribe en la tragedia socrática, que consiste en la vocación filosófica por la verdad, en el entierro de la mentira y la charlatanería, promovidas estas últimas, por los poderes establecidos. La duda y la verdad tienen mayor sentido que la propia individualidad del héroe. Por eso, ante el interrogador, Hidalgo contesta: “que él mismo se ha erigido en juez de la conveniencia de la independencia”. “Ya saben que no me arrepiento del movimiento de la independencia y libertad, ya lo saben, lo he dicho muchas veces: prefiero morir que arrepentirme”.

Los enemigos de Hidalgo solo han visto soberbia. Según una antigua tradición teológica soberbia es poner la propia libertad por fundamento primero y exclusivo de nuestro ser. Sus críticos expresan la angustia que les provoca el acto puro de la libertad. Sócrates decía que los hombres eligen el mal porque no tinen conocimiento del bien. Si los hombres conocen el bien actuarán en consecuencia. De esa manera, Hidalgo conocía el mal de la pobreza, la esclavitud, de la opresión. Por eso, Hidalgo eligió el valor de la libertad,la justicia,la verdad, que se le negaban al pueblo.

La persona de Hidalgo sintetiza la dimensión de la moralidad.esto es,la convicción. Él estaba convencido de que las cosas en la nación no estaban bien y que los hombres, las mujeres, los niños deberían tener un trato racional, de igualdad y no verlos como instrumentos al servicio de Dios o del poder.Hidalgo es un héroe porque su acción histórica constituyente se funda en los valores públicos, mismos que están más allá de sus intereses privados y de sus convicciones personales. Por eso, no es fácil ser un héroe.Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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