Rubí de María Gómez Campos
La Universidad Michoacana y la cuarta transformación
Lunes 10 de Septiembre de 2018
A- A A+

La profunda crisis de la Universidad Michoacana, además de financiera, parece dirigirse a la estructura académica y afectar el horizonte de las relaciones humanas que configuran cotidianamente sus procesos educativos y de vínculo con la sociedad. La Universidad no es un ente aislado, ajeno a los procesos sociales que constituyen el entorno económico, político y sociocultural de nuestro estado y del país. Inmersa en una crisis social y cultural más amplia, la UMSNH necesita urgentemente una atención específica que le permita resolver la grave problemática que la circunda.

A lo largo del proceso electoral reciente se proyectó una posible superación de los problemas educativos y sociales que idealmente incluye a nuestra Universidad. Ésta se encuentra, sin embargo, amenazada nuevamente por actores que la conciben como posible botín político y objeto de aviesos intereses.


A lo largo del proceso electoral reciente se proyectó una posible superación de los problemas educativos y sociales
A lo largo del proceso electoral reciente se proyectó una posible superación de los problemas educativos y sociales
(Foto: TAVO)

A pesar del radical cambio de paradigma político que Andrés Manuel López Obrador fue construyendo durante las últimas décadas y del abrumador impacto del último proceso electoral -con resultados que favorecieron ampliamente al Movimiento de Regeneración Nacional- el horizonte político de México y la reagrupación de fuerzas siguen resultando para muchas y muchos ciudadanos un panorama incierto.

Preocupadas por las designaciones que, a nivel federal y municipal, parecen ensuciar el ideal que motivó a la sociedad mexicana a votar por AMLO, cada vez más voces críticas se multiplican insistiendo en la necesidad de que los cuadros que nos representen -tanto en las cámaras legislativas como en el poder ejecutivo- se renueven. El argumento apunta al hecho de que treinta millones de mexicanos votaron por una alternativa de país distinta a la que ofreció la conocida clase política que durante décadas abusó del poder. Por ello cada vez surgen más voces, entre los mismos seguidores de AMLO y de MORENA, que incitan a la población a recordar los vicios olvidados de algunos personajes que se aprestan a continuar operando, desde nueva trinchera pero con los mismos criterios de corrupción y abuso que siempre los caracterizó.

La cuarta transformación, piensan algunos, debe superar la mera organización de una coalición de facto entre las mismas fuerzas políticas del pasado, para dar lugar a una verdadera nueva forma de gobernar con nuevos actores o, al menos, no con personajes vinculados a la antidemocracia y la corrupción.

En este contexto de críticas y duda acerca de la eficiencia y prontitud de la transformación anunciada se inscribe la contienda por la Rectoría de la Universidad Michoacana. Ya se escuchan amagos de viejos actores y aspirantes eternos a tan alta encomienda y se perciben claras intenciones de quienes se aprestan a remplazarlos, sin atreverse ninguno a cuestionar el ejercicio de un poder que necesita ser redefinido desde nuevos parámetros de actuación política, social, cultural y sobre todo moral, como sostiene el recientemente electo Presidente de la República. La valoración suprema de la educación -que el Presidente Electo de México concibe como parte fundamental en la trasformación de la vida nacional- obliga a respetar la vida universitaria y, sobre todo, a mejorar los procesos de elección de sus autoridades. Ya es tiempo de que las y los universitarios puedan redefinir el proyecto de su universidad, manteniendo en alto los valores que la sostienen, con criterios democráticos y de rechazo a la corrupción y a la degradación académica y moral con la que actores políticos diversos pretenden seguir contaminando las funciones académicas y administrativas de nuestra casa de estudios.

La designación o elección de la máxima autoridad universitaria debe situarse acorde con la urgente necesidad de revitalizar a las instituciones, mediante procesos de democratización que nos permitan resignificar la vida universitaria y renovar el impulso liberador contenido en las tareas educativas, de investigación y de formación académica. Pero, sobre todo, la Universidad Michoacana debe contar con una autoridad académica y moral incuestionable. No sería justo ni congruente que, en medio de la transformación general que está en proceso, la Universidad Michoacana se mantenga reproduciendo practicas viciadas, ancladas en añejos criterios de autoritarismo que caracterizan los peores mecanismos de control social.

Las relaciones existentes y necesarias con el próximo gobierno federal deben servir para dignificar y mejorar la vida universitaria, así como para extender los benéficos efectos sociales y culturales de la educación superior a toda la sociedad. No es a través de relaciones políticas y clientelares, proponiendo personajes que sin ser egresados de la misma ingresan a la Universidad de forma irregular o estimulando aspiraciones de quienes mantienen un pasado cuestionable de su paso por otras instituciones, como la Universidad Michoacana podrá superar su compleja problemática; mucho menos ser parte diáfana de la esperada cuarta transformación.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

La Universidad Michoacana y la cuarta transformación

Aborto y humanidad

La cuarta república y la educación superior.

Política contra lodo en Michoacán

Madre Matria

La lógica del arribismo

Las mujeres en el primer debate

Sexualidad y destino…

La vida plena sigue

Género, amor y educación

Paternidad y masculinidad

Solidaridad social y creatividad

Violencia de género y prostitución

Límites de la comunicación

¿De quién son las instituciones?

Diferencia sexual y progreso civilizatorio.

Un aporte académico ante la violencia

Violencia y masculinidad

El peor de los pecados

México está de luto...

La lucha por la verdad: Yo soy 132

Valores

Mortalidad materna

Las muertes chiquitas

El encanto de un burka

Sororidad (II)

Sororidad (I)

La esclavitud del siglo XXI

Silencio cómplice

Sensatez legislativa

Certificación de la obscenidad

Sexo y democracia

Acción, discurso y pensamiento

Políticas de género y gestión transversal

Más panist… perdón, “más papistas que el Papa”

El gusto por el no

Tragedia y voluntad

Derechos humanos y Estado democrático

El valor de la eficiencia… poética

El verdadero peligro para México

El sentido presente de la historia

La tragedia de ser michoacano en el siglo XXI

Mujerismo = Retroceso

Cultura del miedo y (des)confianza en las instituciones

Anular el voto o no anularlo... he ahí el dilema

En Michoacán, ni un voto al PAN

Nueve años de barbarie

Embrollo y experiencia

El mundo al revés

El mundo al revés

El virus de la ineficiencia

Contra la demanda de prostitución (II)

Contra la demanda y la legalización de la prostitución (I)

«Durmiendo con el enemigo»

Fábula de la esperanza en rebeldía

Mujeres sabias: entre la teoría y la práctica

Las mujeres y el arte

El trámite más inútil

El negocio insano de la religión

Mientras tengamos zapatos…

La (i)rracionalidad económica y el espíritu de Navidad

Amor y autonomía

Simone Weil y la pasión por la filosofía

Autorreflexión y formación filosófico-feminista

Violencia de género e institucional

La capital mundial de la belleza

El cuento interminable del eurocentrismo

Violación y política

La cultura de hacer cultura

¡Oh la la, París!

La dialéctica del amor

2 de octubre, no se olvida

¡Mi cuerpo es mío!

¿Qué fue lo que pasó?

La dominación del cuerpo de las mujeres

Un corazón que late…

Vulnerados y vulneradores

Contra la homofobia en Michoacán

Feminización del trabajo y explotación

Miss Universo… y algo más

Avatares de una feminista en el siglo XXI