Marco Antonio Aguilar Cortés
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Honor estar con Obrador: grito de sumisión legislativa
Martes 4 de Septiembre de 2018
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José María Anzorena, primer intendente nombrado por Hidalgo, firmó en su casa en Valladolid, hoy Morelia, el 19 de octubre de 1810 por instrucciones de Don Miguel, el primer decreto que abolió la esclavitud en América.

El presidente electo Andrés Manuel López Obrador
El presidente electo Andrés Manuel López Obrador
(Foto: Cuartoscuro)

En ese inmueble (que ahora es el recinto oficial del Congreso de Michoacán) el 28 de agosto del año que transcurre presentó Beatriz Pagés la segunda edición del libro "Los dos Adolfos" de la autoría de Humberto Romero Pérez, hábil político cercano a dos presidentes de México.

El público abarrotó el salón de ceremonias. Al entrar al edificio Beatriz, la calle estaba tomada por cientos de maestros que protestaban con sonido a todo volumen. Se anunció la participación de la señora Pagés; ella comenzó a hablar, y en su avance conceptual se hizo el silencio en la calle y en el recinto.

Atentos, todos, escuchamos a Beatriz, quien con toda claridad y firmeza explicaba que el Presidente Adolfo Ruiz Cortines, a pregunta de Humberto sobre cómo le había ido en su entrevista con el Presidente Eisenhower al inaugurar la Presa Internacional Falcón, afirmó, con serenidad y patriotismo: "Al Presidente de Estados Unidos hay que hablarle de pie. Nunca de rodillas, porque no alcanza a escuchar".

Y prosiguió Beatriz, "esa frase, automáticamente nos obliga a preguntar: ¿y cómo le hablan hoy los presidentes de México a los mandatarios norteamericanos?, ¿lo hacen de pie…?, ¿qué le respondería hoy un Ruiz Cortines a un Donald Trump?"

Incisivas interrogantes que me llevan a considerar la actitud sumisa y vasalla del actual gobierno mexicano ante Trump, en muy diversos momentos, siendo el más reciente el aceptar que Donald aplicara el divide y vencerás, separando a México de Canadá, para con mayor comodidad, práctica, someterlos a sus dictados con tratados bilaterales de comercio, y así suplir el tratado trilateral, aunque formalmente siga con el ese apodo.

Los mexicanos, pobres o ricos, debemos ser siempre dignos, agudizando nuestra inteligencia, siendo trabajadores productivos en las buenas y en las malas, sin permitir abusos ni engaños de poderosos extranjeros, ni de los omnipotentes vernáculos.

Lástima que nuestros representantes populares no porten la dignidad mexicana, ya que al protestar el cumplimiento de la Constitución, lanzaron, como viles porristas, un repetido grito vergonzoso de sumisión legislativa: "Es un honor estar con Obrador".

Confesaron su falta de vocación para representar al pueblo, unos, y a las entidades federativas otros, exhibiéndose públicamente como lacayos del presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

Así no le sirven ni a su amo, menos al país. Alguien tiene que llamarles la atención, para que no enseñen el cobre, y para que no sigan siendo más de lo mismo.
¿Cómo hacerlos dignos?, ¿cómo hacerlos honrados?, ¿cómo hacerlos capaces? Honor es servir a los mexicanos.
Todos debemos servir a México, y no a un hombre.