Viernes 31 de Agosto de 2018
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Hace días se conmemoró el día del abuelo y de paso, o en consecuencia, festejaron a las personas de la tercera edad o adultos mayores. Muchos de ellos ni cuenta se dieron porque dicho cortejo fue más en redes sociales que en el calor del hogar. Si todos viviéramos tal y como tantos mensajes se ponen en Facebook, en general, este mundo sería otro y la calidad de vida de cada persona también sería muy distinta a la que en realidad se vive, se disfruta o se atormenta. Existieron muchas felicitaciones, memes, pensamientos, imágenes y un cúmulo de recuerdos para los abuelitos vivientes y bendiciones para aquellos, que por razón natural se han adelantado al destino ineludible que significa la muerte. Existieron pocas críticas, pocas reflexiones, fue todo México el país de las maravillas.

Un abuelo paseando con sus nietos un domingo soleado
Un abuelo paseando con sus nietos un domingo soleado
(Foto: Cuartoscuro)

Las estadísticas son importantes porque nos hablan de que un 32 por ciento de adultos mayores en el país no tienen ni siquiera para alimentarse, un 28 por ciento está en el abandono y un diez por ciento lo dejan en asilos u hospitales para jamás volver a visitarlos, o cuando son visitados simplemente ya no recuerdan a quien ahí los arrojó a quienes ahí los abandonaron, porque la demencia senil o el tétrico Alzheimer simplemente borrarán su recuerdos, recuerdos que intentan recuperar pero ahora les es imposible traerlos a su memoria, como imposible es para los jóvenes voltear a velos o entablar una plática casual, por la simple razón de que repiten decenas de veces las mismas conversaciones, tal como lo hacen los amigos o los compañeros que repiten infinidad de veces las tonterías o las bromas que en alguna ocasión hicieron, pero a ellos, a quienes no son nuestra sangre, nuestra familia, si les reímos la gracias, si les toleramos todo, incluso hasta un escupitajo de lado, cuando el abuelo, en múltiples ocasiones es ridiculizado.

Los jóvenes cuando el abuelo, la abuela o el tío mayor, está dormido tratan de no despertarlo, caminan despacio para que no se mueva y algo trastoque su sueño, pero por lo regular no se hace por amor o para cuidarlo, se hace para que no tenga la oportunidad de molestar o de mandar a “X” lado a traer tal o cual cosa, es decir para que no dé más lata; en cambio a los amigos dormidos, trasnochados, les gritan, les ponen música a todo lo que da, los levantan para que siga tomando, echando relajo o para tener a alguien de quien reírse, porque con los primos, los amigos, los hermanos se puede compartir y disfrutar, pero que no estén los abuelos, aunque ellos anhelan cruzar una palabra o seguir comentando mil veces la misma pena, la misma anécdota o hasta el mismo chiste, tal y como ya lo habíamos puntualizado.

¿Cuántos casos de despojo conoce cada uno de quienes leen esta columna? ¿Cuántos viejitos han sido abandonados a su suerte? Y no seremos moralistas en relación a que únicamente los familiares somos o hemos sido así, el Estado, el gobierno, los ha abandonado, o ¿será muy digno que aquellos quienes tuvieron la oportunidad de jubilarse o pensionarse, que ya requieren descanso y compartir con sus compañeros o familiares, salgan a determinada hora para irse a trabajar a grandes centros comerciales como empacadores y ahora a atender un Starbucks exclusivamente trabajado por personas de la tercera edad? Y todavía se agradece a las compañías trasnacionales cuando debemos recriminarles, así como al propio gobierno, que gracias a los salarios de hambre, a las pensiones paupérrimas, los adultos mayores que deben descansar, pasear o distraerse, busquen afanosamente pasar sus últimos días esperando una moneda, un billete o una palmada de ciertos desconocidos. Lo peor es que nos enternecen, nos da gusto verlos, cuando debería darnos vergüenza como sociedad. Y hablamos de quienes han tenido oportunidad de laborar, hay millones de ellos en pobreza extrema.

Una cosa muy diferente es trabajar u ocuparse porque no deseas estar en tu casa, porque te gusta sentirte productivo, porque aún deseas ser útil a pesar de los años que cargas, y otra muy diferente hacerlo por necesidad, porque el salario no te alcanza, porque la pensión es insuficiente, porque los hijos le dan vida de reina a la esposa olvidándose de quien o quienes los formaron (en el caso de los hombres) siendo las “ganonas” aquellas que los encontraron como hombres hechos y derechos, que sólo saborearon las mieles, cuando los padres sufrieron el proceso de toda su transformación, cuando se sacrificaron, cuando se endeudaron, cuando se preocuparon por atenderlos, pero hoy que están viejos se olvidan de todo eso, hoy que están viejos, no se les tiene tolerancia ni el amor que, cuando nosotros éramos pequeños o adolescentes, siempre regalaron.

Gran porcentaje de viejitos han sido abandonados en asilos, en casas del adulto mayor o en los hospitales, que es de lo más común, los llevan ante una enfermedad o con el pretexto de que requieren atención y convivir con sus iguales, pero existe un alto porcentaje de casos donde inhumanamente nunca van a visitarlos o de plano jamás vuelven a buscarlos.
Aún con tantas desaires, con tantos indolencias ellos siempre están a la orden para perdonar, para disculpar nuestra actitud o decidía, los podemos dejar un mes, un año o hasta algún lustro y siempre nos recibirán con agrado, porque su corazón está fortalecido con el elixir del amor, del sacrificio; no obstante sería bueno reflexionar y modificar actitudes, porque la vida tarde o temprano nos puede jugar una mala pasada, puede pagarnos con la misma moneda.

Es verdad que existen abuelos retraídos, enojones y con cierto cúmulo de enfermedades pero nada impide que se les regale atención, cuidados, cariño y paciencia; sería fabuloso que en su ocaso de la vida haya un luz, no una luz al final del camino como se describe a la muerte, sino una luz de esperanza, de fraternidad, de agradecimiento y de afecto. Ellos lo merecen, todos lo merecemos.

Apropósito del día de los abuelitos y de las múltiples felicitaciones que surgieron en el Facebook y en el Wuassap, vimos un mensaje, se supone ante el reclamo de los padres que se molestan porque muchos abuelitos son blandos con los nietos, mismo que pensamos puede conmover al ser más duro de corazón; es de un personaje anónimo o desconocido para Vivilladas, reza así: “No es que yo sea una abuela consentidora y alcahueta como dices tú… lo que pasa es que las abuelas (o abuelos) no somos eternos, nuestro tiempo se nos acorta con cada día que pasa, por eso le quiero dar a mis nietos dosis extra de amor y cariño, para cuando se me termine el tiempo y me tenga que marchar… me recuerden con cariño”. Disfrutemos a nuestro abuelos, a nuestros viejitos, y démosles vida digna, en tanto estén con nosotros. Hoy por ti, mañana por mí.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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