Alma Gloria Chávez
Fecha para adultos mayores
Jueves 30 de Agosto de 2018
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Cada vez que pienso en ella, le tomo más gusto a la frase que Isabel Allende pone en boca de una abuela en su novela La Ciudad de las Bestias, que por cierto escribió especialmente para uno de sus nietos: “La experiencia era aquello que aprendiste justo después de necesitarla”. Ciertamente, resulta un agudo comentario que a muchas personas mayores nos obligará a sonreír con un dejo de tristeza.

Hace justo cuatro años llegaron a mis manos una serie de folletos editados por el gobierno del entonces Distrito Federal y dedicados a promover los servicios que instituciones de salud ofrecen a los bien ponderados “adultos mayores”, sirviendo además de guía para que toda persona mayor de 60 años tome en cuenta los cambios que nuestro organismo va experimentando al paso de los años y en caso de encontrar alguna señal de alarma, se pueda acudir oportunamente a pedir opinión de personal especializado.

TAVO
TAVO
(Foto: TAVO)

En uno de ellos encontré lo siguiente: “Si usted ha observado que frecuentemente se le olvidan las actividades que tiene que realizar o datos precisos de actividades pasadas, es momento de contestar las siguientes preguntas: ¿Qué fecha es hoy? ¿En qué año estamos? ¿En qué mes estamos? ¿Qué día del mes es hoy? ¿Qué día de la semana? ¿Qué hora es, aproximadamente? ¿En qué lugar estamos? ¿En qué país? ¿En qué Estado? ¿En qué ciudad o población? ¿En qué colonia? Si a muchas preguntas no pudo (o titubeó) responder, sería conveniente que acudiera a una valoración de su estado de salud”.

Los anteriores cuestionamientos, a pesar de su sencillez, pueden ayudar a detectar lo que posteriormente llega a convertirse en un riesgo para la salud mental. Y bueno, con la información proporcionada por los demás cuadernillos, tuve oportunidad de “poner la barba a remojar”, porque a pesar de todo lo que personalmente pueda hablar y opinar acerca de la salud, con frecuencia “olvido” llevar a la práctica sencillos “preceptos” que resultan casi sagrados para cuidar, de una manera eficiente, de nosotras/os mismas/os… máxime cuando tenemos cerca a personas más mayores o que (por una u otra razón) no se valen por sí mismas.

Volviendo a la frase que cito al inicio de esta ‘entrega’, hoy me resulta más que significativa, porque me he dado cuenta de que cada día resulta una experiencia única e irrepetible y lo que en alguna ocasión resultó conveniente, no lo será en otro tiempo y en otras circunstancias. Hace cuatro años, por ejemplo, me encontraba disgustada por no disponer del tiempo necesario para salir de viaje y tuve una crisis de salud. Ahora, no es que me haya resignado a no viajar, pero aquella experiencia me está enseñando a tener paciencia y disponer de tiempo interior, como quien cultiva un jardín y espera, sin prisa, el paso de las estaciones.

Actualmente valoro más la recomendación hecha por Lolita, la conductora de un taller pro-salud realizado en una comunidad de La Cañada hace más de 15 años: “El mejor regalo que nos podemos dar, es la atención y el cuidado hacia nosotras/os mismas/os”. Y en este sentido, hemos sido las mujeres quienes hemos dotado de un mayor significado a la frase: “Saber es poder”, porque entre nosotras ‘el poder’ lo entendemos como verbo a conjugar y una tarea compartida: con lo que sabemos y aprendemos juntas, podemos transformar no sólo nuestro estado físico y emocional, sino que también podemos hacer mucho para mejorar las condiciones de vida básicas y necesarias para que nuestra salud y la de nuestras familias y comunidades sea buena.

Saber es poder aprender cada día, poder estar dispuestas, poder cambiar, poder estar en desacuerdo, poder explorar y poder disfrutar; saber es poder ser libres e independientes y también poder amar todo lo que se hace y apoyar el bienestar de todos los que nos rodean.

Esta es una época en que las mujeres, que estamos viviendo la tercera etapa de la vida, nos encontramos escribiendo una página trascendental: la historia jamás había registrado la existencia de una generación de mujeres que hubiera alcanzado la edad madura, como nosotras. Y estamos saludando con entusiasmo la presencia cada vez mayor de hombres excepcionales que están dejando atrás viejos patrones de agresividad y control hacia los demás y están creciendo en el terreno psicológico y espiritual gracias a una combinación de sufrimiento y crecimiento a partir de la experiencia.

Hoy es el momento propicio para compartir entre nosotros (adultos mayores) y con las generaciones más jóvenes, todas esas experiencias que han logrado una mayor información acerca de la manera en que podemos cuidar de nosotras/os mismas/os, y por supuesto que la mayoría de adultos por lo menos intuimos qué tipo de hábitos pueden -o no- servirnos para el resto de nuestras vidas. Por ejemplo, podemos prescindir de consumir tantas grasas, azúcares y harinas; medir la ingesta de alcohol, el tabaco, tranquilizantes y medicamentos, y aumentar en nuestra dieta las frutas, semillas, legumbres y verduras (preferentemente de temporada). Y ¿qué tal adquirir el buen hábito de caminar? Todo lo que sea posible, para mantener en buen estado nuestra integridad: mente, cuerpo y alma.

Está probado que muchos de los rasgos del envejecimiento, incluso de los considerados alguna vez como “biológicamente inevitables”, pueden prevenirse y ser incluso reversibles con algunos cambios de hábitos, entre los que se encuentran también los actitudinales (cambio de actitud). La vejez no es algo que nos obligue a sentirnos derrotados/as. Pero nuestro objetivo no debe ser simplemente vivir más tiempo, sino lograr la más alta calidad de vida posible mientras vivamos.

Jean Shinoda Bolen, doctora en medicina, analista junguiana, profesora de psiquiatría clínica en la Universidad de California y escritora, en su libro Las brujas no se quejan, cita: “Si eres una mujer que ha disfrutado de la vida y a quien su consabida carga personal de sufrimiento humano no ha conseguido amargarte, con toda probabilidad te convertirás en una anciana sabia y experimentada; lo cual significa que serás capaz de saborear lo bueno que te ofrezca la vida. Es algo así como saber valorar la chispa diaria. Las ancianas y las brujas son expertas en reconocer y agradecer los buenos momentos que nos ofrece la vida”. Esto cabe también para muchos varones que logran avanzar por la vejez con sabiduría y gratitud.

Sin hacer menos a los profesionales de la salud que orientan y acompañan momentos importantes de nuestra edad adulta, ¿quién mejor que nosotras/os para conocernos, querernos y cuidarnos? Y no está por demás recordar a los jóvenes que ellos/as también envejecerán… y pueden lograrlo con dignidad, empezando a asumirlo, desde ya!

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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