Ramón Guzmán Ramos
Entre modelos (educativos) te veas
Sábado 25 de Agosto de 2018
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La incertidumbre y la tensión prevalecen. Enrique Peña Nieto sostiene que la reforma educativa se aplicará en los términos que la ley establece hasta el último día de su gobierno. No ha tenido empacho en afirmar que de las reformas estructurales que impulsó en el inicio de su gobierno a través del llamado Pacto por México ésta ha sido la mejor. Imponer la evaluación como una herramienta de persecución y castigo contra los maestros ha sido, sin embargo, la marca de esta reforma neoliberal. Quedan en la memoria esas escenas infames en las que miles de policías se apostaban en las sedes de aplicación del examen para evitar la presencia y la protesta de los docentes inconformes. Nochixtlán fue la culminación trágica de esa política de represión abierta e indiscriminada que adoptó el gobierno de Peña Nieto para sofocar la resistencia magisterial. Aurelio Nuño Mayer, quien era titular de la Secretaría de Educación Pública, coordinaba directamente a las fuerzas policíacas para que la evaluación entrara a sangre y fuego. El linchamiento público que se hizo contra los maestros en movimiento no tiene parangón en la historia de México.

Andrés Manuel López Obrador lo reiteró frente a Peña Nieto en la conferencia conjunta que dieron el lunes 20 de agosto pasado con sus respectivos gabinetes para anunciar el inicio formal de la transición ordenada. La reforma educativa se cancela. Se realizarán foros a partir del próximo lunes 27 de agosto hasta el 29 de octubre. La convocatoria, que queda abierta a la sociedad, tiene como principal destinatario al magisterio. Sólo con la participación de los maestros será posible diseñar y poner en práctica el modelo educativo que realmente necesitan los niños y los jóvenes en función de la realidad que prevalece en el país y los retos que presenta el mundo actual. No se trata de educar para la inserción a la esfera laboral con los criterios que imponen las grandes corporaciones empresariales, sino de formar a nuestras nuevas generaciones en el desarrollo de una conciencia
crítica y humanista, ética y cultural, además del dominio teórico y práctico de la ciencia y la tecnología que deben adquirir gradual y sistemáticamente. De los foros saldrá la propuesta que se
llevará al Congreso para echar abajo la reforma peñanietista y hacer realidad la nueva.

Pareciera que, visto de esta manera, el camino para resarcir el daño que la actual reforma le ha hecho a la educación se encontrara despejado. Pero no es así. La SEP ha vuelto a lanzar el látigo contra los maestros en servicio. Del 3 al 25 de noviembre del presente año se aplicará la evaluación al desempeño para condicionar la permanencia, es decir, para que la SEP decida a quiénes les renueva su contrato por otro tiempo definido y a quiénes despide. Esto, como se advierte, a unos días de que este gobierno cumpla su periodo constitucional y sea sustituido por el gobierno de quien se ha comprometido a echar abajo la tal reforma. ¿No parece un contrasentido? Viéndolo bien, tiene su lógica. El gobierno en funciones, ante la derrota catastrófica que sufrió el candidato oficial, no se quiere ir sin tomar algún desquite, aunque sea un último coletazo, contra uno de los sectores de la sociedad más rebeldes e intransigentes.

Además de mantener esta espada de Damocles pendiendo sobre la cabeza del magisterio nacional, el gobierno de Peña Nieto ha impuesto en este ciclo escolar la aplicación de lo que ha llamado el nuevo modelo educativo, basado en algunos ejes controversiales como los aprendizajes clave, la autonomía curricular y de gestión de la escuela, la eliminación de las Tecnologías en secundaria y sus sustitución por clubes de diversa índole, la reducción de contenidos programáticos a su mínima expresión.

Volvemos a la época tradicional en que el currículo se convierte en la herramienta de control laboral y de conciencia que el gobierno ejerce sobre los docentes. Queda eliminada la libertad de cátedra, incluso la libertad de lo que llamaríamos criterio didáctico en los mentores. El maestro se convierte en transmisor de conocimientos y de información, en aplicador acrítico de programas y planes de estudio que le son totalmente ajenos, tanto a él como a la comunidad educativa que atiende.

Los presidentes saliente y electo, Erique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador
Los presidentes saliente y electo, Erique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador
(Foto: Cuartoscuro)

La retórica oficial sostiene que la escuela ha de estar en el centro de todas las preocupaciones y acciones pedagógicas, pero en los hechos, lo que hace el Estado es desprenderse de la responsabilidad que tiene para con ella.

La llamada autonomía de gestión significa que la escuela debe resolver por su cuenta las necesidades que se le presenten por lo que respecta a la infraestructura y mantenimiento. Lo más grave es que este modelo abre espacios en la escuela para la intervención empresarial.

Los efectos nocivos de la reforma debieron detenerse en esta última etapa del gobierno de Peña Nieto. Me refiero, por supuesto, a todo lo que está relacionado con la Ley del Servicio Profesional Docente y su columna vertebral, que es la evaluación punitiva.

Por lo que respecta al nuevo modelo educativo, lo más probable es que también sea cuestionado en los foros y sustituido por una nueva propuesta, ¿para qué generar entonces más confusión entre los maestros y los alumnos con un modelo cuyos resultados no será posible constatar?, que no nos digan que es por la ley, que hay que aplicar la ley hasta el último minuto del mandato. La verdad es que ha sido una ley que se elaboró y aplicó para eliminar derechos históricos de los maestros y acabar con su sindicato. Habrá que distinguir aquí, por supuesto, lo que es una dirigencia corrompida y lo que son las bases. Ha sido una de esas leyes que se imponen para crear una nueva modalidad de esclavos. Es por eso que el nuevo gobierno ha decidido hacer caso de los reclamos legítimos del magisterio y resarcirles su derecho, devolverle a la educación su dimensión humana y crítica.

Los que se avecinan serán días de nuevas tensiones. El gobierno saliente reaviva un conflicto con los maestros de México que no tiene razón de ser. De los foros tendría que salir una resolución en el sentido de que, de inmediato, una vez que tome posesión de su cargo, López Obrador detenga los efectos nocivos de la reforma en tanto procede su abrogación, de manera que no alcancen a los maestros más allá del 1º de diciembre.

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