Estrellita M. Fuentes Nava
Cultura de revista
Viernes 24 de Agosto de 2018
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En mi casa lo que siempre hubo en abundancia fueron libros, periódicos y revistas: era lo más natural si tomamos en cuenta que se trataba de un hogar fundado por un papá periodista y una mamá abogada. En la biblioteca familiar me sumergí en sus libros desde que aprendí a leer: por mis ojos desfilaron desde las fotografías de los hermanos Casasola, una enciclopedia de principios del siglo pasado que consistía en tomos y tomos, pasando por las enciclopedias de arte, hasta los libritos de bolsillo de Duda, los cuales me engolosinaban con sus temas de ovnis, apariciones y la combustión humana, aunque en las noches no pudiera dormir por las pesadillas.

En cuanto a los periódicos, mi papá fue Jefe de Información de La Voz de Michoacán, así que este diario era un clásico imperdible todas las mañanas, junto con El Sol de Morelia, y después con Cambio de Michoacán (mi casa editorial de ahora). Siendo pequeña cuando visitaba a los abuelos maternos, Don Álvaro Nava estaba en su escritorio de caoba antiguo y enorme (que ahora tengo el privilegio de usar como justo ahora), en medio de sus libros acerca de la Revolución Mexicana (sus preferidos) y el periódico Excélsior. Él cada domingo me regalaba la sección de historietas donde se publicaban las series de Mafalda, El Príncipe Valiente, y varias más. Además mi papá me compraba los cómics de Periquita, Archie, los Super Amigos; mientras yo leía a escondidas a Capulina, Condorito y a Memín Pinguín cuando visitaba a mi primo Ezequiel en el D.F., ya que estaban vetados por mis padres. Y cuando mi mamá visitaba a la estilista, me recetaba, a escondidas también, los novelones ilustrados de Lágrimas y Risas.

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Cultura de revista
(Foto: Cuartoscuro)

Mi papá colecciona revistas antiguas, y de ahí elegí la de Paquita como una mis favoritas, la cual se editaba allá por el año de 1958. Para mí era fantástico leer en ella los anuncios publicitarios antiguos de Palmolive, Nivea, Pond’s, Nestlé y varios más.

Selecciones de Reader´s Digest era un clásico imperdible en casa: me encantaban sus historias de vida tipo Sopa de Pollo para el Alma, las frases célebres, y los chistes blancos al final de la revista. Las revistas de Contenido no faltaban con su sección de Querida Tía Alma y sus divertidas respuestas, así como la revista Siempre, con sus artículos políticos y los diseños de portada inolvidables.

Otro tesoro para mí era la colección de Cosmopolitan y Vanidades de mi mamá: ahí me enteré de los consejos para la mujer ejecutiva independiente; de cómo superar una ruptura amorosa y algunos atisbos acerca de la sexualidad femenina. Me sabía los chismes de la farándula, y soñaba con un día conocer la famosa discoteca Studio 54 en Nueva York a la que se daban cita los artistas del momento; un día ir a una exposición de Andy Warhol, y conocer Estambul y Estocolmo, ciudades que me parecían sólo por los nombres exuberantes y poco comunes. Todos estos sueños los logré a lo largo de mi vida, excepto lo de la disco que la cerraron en 1986. De hecho tengo guardados recortes de todas esas revistas, los cuales están ordenados y pegados en carpetas, que es en lo que de niña me entretenía (era como mi Pinterest de la época).

Todo eso conformó parte de mi cultura, ya que los libros tienen su lugar aparte en mi vida y de ellos tengo mi propia colección en libreros y cajas almacenadas en una bodega, y a la fecha sigo comprando varios de ellos con frecuencia.

Las revistas manejan artículos más profundos y reflexivos y están especializadas por una amplia gama de temas de acuerdo a los grupos de interés: las hay de moda, espectáculos, arte, política, economía, videojuegos, recetas de cocina, arquitectura… lo que se imaginen. Yo gasto una buena renta cada mes en ellas, y creo que lo seguiré haciendo toda la vida.

De acuerdo a un estudio realizado en el 2012 por PwC en México el 75 por ciento de los lectores de revistas tienen entre 20 y 45 años de edad y el 59 por ciento de ellos somos mujeres. En lo que refiere a ventas, estimaciones del departamento de investigación de Merca2.0, indican que para el cierre del año 2013 el volumen de ventas para revistas impresas había descendido 14.4 por ciento con respecto al 2012 cuando se vendieron 147 mil 790 millones de ejemplares, lo que significó la comercialización de 126 mil 501 millones de publicaciones en el 2013. La baja en las ventas de revistas impresas, al parecer, está asociada con la creciente tendencia de los lectores por consumir información a través de medios on-line por encima de canales impresos.

Por otra parte, datos de Global Web Index afirman que los mexicanos destinan en promedio 0.61 horas a leer publicaciones impresas, cifra que es superada por el tiempo invertido a los medios online a través de una computadora de escritorio (4.69 horas) o un dispositivo móvil (1.88 horas). Sobre las preferencias, en el Estudio de Entretenimiento 2017, conducido por el Departamento de Investigación de Merca2.0, las revistas especializadas son las que más atraen a los lectores, esto debido a que se enfocan a un cierto tema, disciplina, sector en particular (videojuegos, cine, moda, automóviles, deportes). En tanto, el estudio, que contó con una muestra de 341 personas encuestadas, revela que las publicaciones de ocio y entretenimiento son las segundas más leídas.

También en el estudio se destaca que las revistas informativas o de divulgación científica son las de menor alcance. La razón es que en el primer caso, las personas tienen acceso a noticiarios en medios de comunicación electrónicos y a las redes sociales, que se han convertido en una de las principales fuentes. En el segundo, es debido a que son poco conocidas en el público en general, es decir, van dirigidas a una comunicad muy específica.

Para mí, la clave de una buena revista está asociada con el hecho de que esté bien cuidada en cuanto al diseño, el contenido, la calidad del papel y del color, y no está saturada de publicidad. Los artículos deben estar impecablemente escritos, refieren a temas de actualidad, y aportan datos y reflexiones novedosas que no encuentras comúnmente en los periódicos, ni en las redes sociales.

Ojalá que las revistas no desaparezcan por las tablets, ni el Amazon Kindle, ya que la experiencia de leer una revista en un momento de relax y de ocio con música de fondo y un buen café, no tiene precio…

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