Julio Santoyo Guerrero
Matando la lluvia a cañonazos
Lunes 13 de Agosto de 2018
A- A A+

-Si no los mandan silenciar tenemos que entrar y tirarlos-. La irritación de hombres y mujeres que participaron firmando la solicitud al gobierno de Michoacán para que se prohíban los cañones antigranizo se expresaba en cada momento de las siete horas en que estuvieron abiertos los módulos en Villa Madero y Acuitzio del Canje. Más de cinco mil personas participaron en este ejercicio de expresión cívica que exige a sus gobernantes aplicar la ley y garantizar el derecho humano a un ambiente saludable, como lo establece el Artículo 4 de nuestra Constitución.

-No podemos tolerar más, nos quitan el agua con ollas gigantescas que acaparan todos los escurrimientos, perforan pozos por todos lados, y no conformes con ello, con los cañones ahuyentan las nubosidades que pueden traernos agua. Nuestros cultivos se están muriendo-. No hubo un sólo momento en que las personas dejaran de arribar a los módulos para escribir su nombre, la comunidad de procedencia y su firma. Llegaron de Carácuaro, Huiramba, Morelia, Tacámbaro, y desde luego un torrente de Madero y de Acuitzio.

-Los que tienen cañones nos dicen que somos ignorantes que tienen estudios que demuestran que los cañones lo único que hacen es desbaratar los granizos para que la lluvia caiga suavemente-. El saber popular, el acumulado por cientos de años, transmitido de generación en generación, que sintetiza la observación sobre el comportamiento del clima local y que sirve a la gente del campo para tomar decisiones sobre sus cultivos, el cuidado de animales, las cosechas, el corte de árboles, les indica, sin lugar a equivocarse, que los cañones han modificado por completo la periodicidad y la intensidad de las lluvias. Con todo y la canícula, la cual siempre han considerado en sus cálculos, las lluvias se han modificado.

Matando la lluvia a cañonazos
Matando la lluvia a cañonazos
(Foto: TAVO)

-En el 2012 también hubo un gran movimiento, con mucha participación, exigiendo que los cañones no siguieran haciendo daño, pero el gobierno no quiso escuchar y las cosas siguieron igual-. Los participantes tienen claridad en que esto deja muy mal parados a los diferentes niveles de gobierno que a seis años de aquellas protestas no hayan trabajado a este respecto. No se aprobaron entonces normas legislativas para evitar que tecnologías que afectan al medio ambiente se siguieran instalando. Al no hacerlo la proliferación de cañones, según se sabe, llegaría a los mil doscientos en todo el estado. Sin embargo, su operación estaría al margen de la ley. De entrada no cuentan con estudios de impacto ambiental para justificar su procedencia y al parecer ninguno estaría registrado y autorizado por las autoridades federales o estatales competentes. Es decir, operan en la clandestinidad, en la marginalidad legal ateniéndose sus dueños al poder económico que detentan.

La anarquía que sigue privando en diferentes sectores productivos con respecto al tipo de tecnologías utilizadas es la puerta de ingreso para todo tipo de irregularidades que suelen convertirse en problemas sociales. Por ejemplo, la franca inutilidad o complicidad descarada de Conagua para permitir la construcción de decenas de miles de ollas para acaparar agua y la autorización o permisividad para la perforación indiscriminada de pozos está creando en todo el estado las condiciones para detonar cientos de conflictos sociales. Lo mismo ocurre con los cañones antigranizo y con el imparable cambio de uso de suelo que destruye grandes cantidades de hectáreas de nuestros bosques. Atrás de este caos -y la gente del campo lo sabe y lo expresa-, hay un problema bien claro: corrupción.

Si las leyes ambientales tanto federal como estatal prevén este tipo de problema no debiera haber dudas en la actuación para prohibir dichas tecnologías, aún más pueden recurrir al principio jurídico precautorio que suscribió México en la Declaración de Río, derivado de La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, y que señala que "frente a una eventual obra o actividad con posibles impactos negativos en el medio ambiente, permite que la decisión que no da lugar a su realización, se base exclusivamente en indicios del posible daño sin necesidad de requerir la certeza científica absoluta".

-Tenemos que irnos a todas las instancias para que los cañones nos dejen en paz, pase el tiempo que pase y lo que pase-. Y es que este no es un problema que pueda dejarse pasar, la tensión se agudizará año con año por los estragos económicos que está generando en la agricultura y ganadería tradicionales, en los ecosistemas y en la salud de las personas. La legislatura estatal debe tomar en sus manos este problema y legislar para su prohibición como ya lo hizo Colima y las cámaras federales deben hacer lo mismo dentro de su amplísima y decisiva competencia. No bastan los exhortos, es preciso que le den a las instituciones correspondientes los instrumentos legales para silenciar estos cañones para siempre.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

Ver para creer.

La condición de la quimera.

Relanzar la Fiscalía Ambiental

El paraíso por decreto

Tiempos de reconsideración.

Deuda histórica

Culiacán, el síndrome

¿También las universidades?

La democracia del volado

Hablar y hacer

Sin futuro

Exhorto desde la capitulación

Hubo una vez un ritual del informe

A la escuela, punto y aparte

La arrogancia de la libertad

Uruapan y los límites de la imaginación

El presidente y la expansión ilegal del aguacate

Los extravíos tienen permiso

El gabinete florero

El aguacate de narco bajo la lupa

El árbol y los intocables

La celebración de la fe

Sospecha de quien diga que es sencillo

Algo anda mal

Morir por el oro verde

Frente a frente... y en soledad

Temporada de cañones

De la ira ambiental a las soluciones

Demonios del ecocidio: ambición, estupidez e impunidad

Sea por el medio ambiente

Es peor, es la costumbre

Propaganda mañanera

Agroquímicos, discreto daño colateral.

La diplomacia del silencio indigno

Silencio sobre la condición crítica de bosques y aguas

Tanta popularidad... cuestionados resultados

Bajo el propio riesgo (Para vivir en Madero)

Huexca, más allá de la polaridad

La izquierda y sus desvaríos

Rectificación no es derrota

La caída de los buenos

Los consensos de la fe y la herejía de Tlahuelilpan

El problema es el modelo energético futuro.

Al diablo con el medio ambiente

¿El perdón de la tierra o el respeto al estado de derecho?

La 4a Tambientalismo incoherente

La adaptación

De la abdicación a la imprudencia

No avivemos la hoguera

¡No puede ser de otra manera!

Simplismo y eficacia

El gobierno de Fuente Ovejuna.

El sindicato de Elba Esther.

Protagonistas de piedra

Carta al gobernador Silvano Aureoles

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?