Rafael Calderón
Homenaje al poeta Virgilio
Lunes 30 de Julio de 2018
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Para descifrar parte del secreto de la segunda obra de Virgilio, sencillamente titulada Las Geórgicas, no se ocupa llegar a conclusiones eruditas ni retomar encuentro con lectores de estos días, sino recordar que son pocos los lectores del poeta hoy día fuera de los espacios académicos. Con esta advertencia, ilumina lo que escribe Francisco de P. Herrasti al concluir con irrebatible belleza de lenguaje, que Las Geórgicas las escribió, como dice Suetonio en los años de 37 a 29 antes de Cristo. Esto es, desde los años de las guerras contra Sexto Pompeyo, al tiempo siguiente del combate de Actium y a la muerte de Marco Antonio y de Cleopatra; la época en que Octaviano ya era el dueño del mundo romano, dos años antes de recibir el Imperio Consular y Proconsular y, así, allanar el camino diciéndonos: “Cuando ya el poeta ha llegado a la corte de César por mediación de Mecenas, entonces se inaugura con el poema más poético de las edades: un estupendo mosaico de dicción, en el que el sonido polifónico del vocablo, maridado con el maravilloso flujo de la materia, y el lujo verdaderamente imperial de los episodios, han encantado a los hombres por siglos y siglos”.

Para beber ese río de aguas cristalinas y que refleja reflexiones atinadas, nuevamente hay que recordar: “Las Geórgicas son ya dedicadas al propio Cayo Cilnio Mecenas, y escritas por voluntad de este señorial patrono de la poesía”. Es la segunda obra de Virgilio y reconocida como su obra mayor y la más perfecta de todo cuanto escribió. Al calor de su lectura, la fuerza del lenguaje es que saltan interrogantes: ¿Cómo leerla hoy día? ¿Es una obra clásica? ¿Un flujo de identidad y evolución del arte poética que nunca deja de ser seducción? Es verdad que resulta compleja su lectura para estos días pensando en el caudal de imágenes, el río de su esencia, lo que dice y cómo se expresa ante los ojos de un lector curioso del siglo XXI. La relativa libertad con la que escribe en su tiempo Virgilio es una novedad permanente o la modernidad que también es ejercicio de la libertad creativa.

Por eso, creo, el atinado juicio que aporta Herrasti implica ir un poco más allá de ésta idea expresada y reconocer que Agustín Millares Carlo, otro gran lector del poeta, permite determinar con unas palabras sencillas un camino de búsqueda y acceder a la iluminación de esta obra: “Vienen a ser como la epopeya del campesino, consideradas por algunos, desde el punto de vista del arte de la composición, como la obra más perfecta de Virgilio”. Es una manera que permite romper de tajo con su anterior obra, Las Bucólicas, que son el verdadero comienzo de la musa para el poeta. Por lo mismo, en la segunda, al frente va una evocación a los dioses y su mayor presencia preponderante es “la ley de trabajo creador y fecundo” como arriesga y decir que es la “fuente de felicidad y de provecho” y llega al ejemplo diestro y determinante, el de las abejas que pone al frente de una de estas obras, para ofrecer “a los ojos del lector un ejemplo notable de esfuerzo metódico y organizado”.

Para llegar a conclusiones definitivas: “Por otra parte Virgilio supo dar –sentencia Millares Carlo– a Las Geórgicas un carácter esencialmente romano, colaborando así con la política de Augusto, consistente en fomentar, después de tantas guerras devastadoras, el gusto de sus súbditos por la agricultura”, tema esencial y determinante en esta obra. “¡Oh, clarísimas lumbreras del mundo, que regís el mundo con que las estaciones se van deslizando del cielo! ¡Oh, Baco, y oh, alma Ceres, si por merced muestra la tierra trocó la bellota caónica por la fecunda espiga, y mezcló las aguas del Alquelóo al jugo de las uvas recién descubiertas!”.

Sin embargo, se ocupa de cuando en cuando esa influencia erudita, y reconocer que en estos versos está presente el sol y la luna; que a Baco, lo designa con el nombre de Líber –deidad latina– identificada con aquel, cuyo culto de origen griego se extendió rápidamente por Italia; el caso de Ceres: antigua divinidad itálica, cuando las creencias helénicas tomaron en Italia carta de naturaleza, se le confundió con Deméter, la diosa protectora de la agricultura. Alquelóo es el río situado entre Etolia y Acarnania, lo cita, porque se vanagloriaban de haber sido los primeros cultivadores de la vida en Grecia.

Virgilio es el poeta que exige disciplina, trabajo intelectual y terminar por apreciar un legado: se desliza comprensiblemente unidad por su casi obra.

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