Estrellita M. Fuentes Nava
De la misoginia en el ejercicio periodístico
Viernes 27 de Julio de 2018
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Aunque desde pequeña se me ha facilitado la escritura y en mi juventud gané concursos en el género de cuento, en realidad apenas tengo un par de años practicando este ejercicio de escribir una columna semana por semana. También recién me estoy estrenando en la televisión (apenas comencé formalmente en octubre del 2017). Por ello mi esfuerzo apenas inicia y sé que me falta un camino largo por recorrer, aunque creo que los genes de mi padre en algo me ayudarán: desde la infancia solía acompañarlo a las oficinas del periódico, y me fascinaba tener una máquina de escribir para mi sola en la sala de redacción y escribir historias.

Salvador Fuentes Salinas, mi papá, siempre me inculcó el pensamiento crítico y el análisis. Cada vez que me querían ganar las emociones propias de mi ser femenino, me hacía el alto y me ponía a pensar antes de hablar. Hasta la fecha cada que me quiere ganar la palabra hablada de manera impulsiva, me pide pausa, y continuamos la charla. Así que pensar se convirtió en mi deporte favorito (de hecho soy muy mala para otras disciplinas, y por ello casi siempre sacaba bajas notas en educación física en el colegio). El problema es que a veces me pienso mucho las cosas, y mastico y mastico ideas, hasta que por fin las digiero.

De la misoginia en el ejercicio periodístico
De la misoginia en el ejercicio periodístico
(Foto: TAVO)

De mi padre también por su ejercicio periodístico he aprendido mucho, pero primordialmente a combatir los dogmas y los fanatismos que tanto daño hacen a la sociedad porque ofuscan la razón, no permiten la reflexión, y pueden desencadenar en historias terribles especialmente cuando las masas se desbocan. Ante ello el deber de informar, de hacer crítica, de buscar la verdad se convierten en máximas tareas para un periodista, y más hoy en día que estamos inmersos en un entorno de inmediatez, sensacionalismos, fake news, y más.

Para nadie es secreto que tengo dos empleos: en noticieros como conductora de noticias y en una oficina gubernamental local, en horarios totalmente independientes, y en los dos cumplo a cabalidad. Trabajo trece horas al día; me levanto a las 5:00 am y duermo un promedio de cinco horas diarias. Además escribo artículos, soy hija de familia, y quienes me conocen saben cómo soy, cómo me muevo y cómo pienso.

El antepasado miércoles en una emisión del programa que conduzco en una televisora por cable, se manejó la nota alusiva a un sindicato local, y cada uno de los analistas expuso su punto de vista el cual en términos llanos no les favorecía, pero todo argumentado de manera autónoma y bajo una lógica independiente. Después por el curso natural de la plática desembocamos en los vicios de los sindicatos en México, y obvio que no gustó. Hablamos de su falta de transparencia, de la consanguinidad de su membresía, del acoso que padecen las mujeres agremiadas, y aunque ejemplificamos con diversos casos de los muchos que ocurren en este país, hubo quien se puso el saco, y a partir de ello se desató una guerra en redes de insultos, agresiones, vejaciones, memes, etc., etc., poniéndome como el centro de su encono por parte del sindicato en cuestión, quienes interpretaron a su modo y descontextualizaron lo que dijimos junto con los analistas.

La experiencia fue intensa en tan solo un par de días: por un lado por tener que pasar por lo desagradable que es leer cientos de memes y mensajes soeces en las redes sociales en torno a mi persona, cargados de sexismo, misoginia, rencor, y desinformación, y por el otro lado temer por mi integridad. Sin embargo esta experiencia tan dura y tan amarga, al final del día se convirtió en mi bendición, porque pude constatar el respaldo y el apoyo de verdaderos amigos quienes reivindicaron mi imagen y se solidarizaron públicamente conmigo, así como redes de mujeres y periodistas. Gracias en especial a Humanas Sin Violencia, A.C., a la Comisionada Elvia Higuera Pérez, y a los funcionarios del gobierno estatal que de manera inmediata se pronunciaron y me ayudaron. También gracias por todas las muestras de solidaridad y compañía, y también a quienes sí entendieron y dimensionaron de manera equilibrada nuestro análisis durante dicha emisión. Gracias también a mi televisora y a mis compañeros por darme fuerza.

Es altamente reprobable que las mujeres seamos objeto de obscenidades, vulgaridades, y acoso en redes sociales. Ser figura pública tiene su costo, lo sé, pero otra cosa es que se llame y se incite a la violencia contra alguien, como en este caso me sucedió a mí. Durante la emisión televisiva no hice un señalamiento específicamente contra alguien, y si lo hubiera hecho, lo haría con justificada razón.

Hago votos para que muy pronto en México se erradiquen estas prácticas vejatorias; que la libre expresión sea una realidad total y absoluta en todo el territorio y que la integridad de las mujeres y de los periodistas sea garantizada a plenitud. También me gustaría que la reflexión y la crítica sean un ejercicio permanente en nuestro país, para que así cada vez haya menos personas irreflexivas, intolerantes y alienadas, ya que eso no abona a construir democracia, ni a vivir en sociedad.

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