Alma Gloria Chávez
Turismo y cuidado del entorno
Jueves 26 de Julio de 2018

“Venecia y Ámsterdam se encuentran en severa crisis ambiental por causa de un turismo mal planificado”.

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Denominado en tiempos muy recientes “industria”, el turismo resulta quizás uno de los fenómenos mundiales de mayor trascendencia en los últimos 50 años y para algunos sitios en especial, su incremento llega a alcanzar proporciones masivas, poniendo en riesgo el entorno natural y patrimonial del lugar. Y por los ejemplos europeos de que se tiene conocimiento (por ejemplo las dos ciudades al inicio mencionadas), las derramas económicas dejadas por los visitantes, no alcanzan para recuperar el daño ocasionado, que en cambio sí afecta a terceros: la propia población.

En el año 1995, siendo Director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Federico Mayor, propuso que todos los países firmantes de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural adoptada por la Conferencia General de la UNESCO, en noviembre de 1972, implementaran medidas urgentes en cuanto al patrimonio, creando conciencia y sensibilidad entre todas las personas que poseen, promueven o recorren lugares denominados “turísticos”, en el sentido de que “al no protegerlos debidamente, pueden terminar por dañar, modificar o hacer desaparecer irremediablemente ese bien patrimonial”.

En sus declaraciones de entonces, Federico Mayor afirmaba: “Los sitios del Patrimonio Mundial siempre se han situado entre los puntos de mayor atracción para el viajero. Las obras maestras del hombre y de la naturaleza generan en nosotros un sentimiento de admiración que constituye, en sí mismo, una suprema forma de transportación. Sin embargo “el turismo desenfrenado y el desarrollo turístico pobremente planificado, pueden resultar en daños físicos y sociales irreparables, y no sólo a los sitios, sino también a las comunidades circundantes”.
Estas advertencias caben perfectamente en el contexto de nuestra entidad, por el hecho de poseer Michoacán una ciudad cuyo Centro Histórico ha sido incluido en el listado de Patrimonio de la Humanidad; varios Pueblos Mágicos y Áreas Naturales que aún sin tener declaratoria oficial, se encuentran considerados “santuarios” para distintas especies de la fauna y de la flora del planeta.

El veloz desarrollo de la tecnología del transporte, un mejor estándar de vida, las prolongadas vacaciones pagadas y mayor tiempo libre, han contribuido a que las personas actualmente viajen con mayor frecuencia y a lugares más distantes. Muchas se abocan al constante descubrimiento de nuevos lugares de interés, sobre todo las que habitan las grandes ciudades, que optan por el turismo a sitios de gran belleza natural, así como a pequeñas poblaciones, acuñando el término, para esta actividad, de “ecoturismo”, “turismo de aventura” o “etnoturismo”. En tanto, el turismo cultural se encuentra relacionado con la visita a lugares que poseen patrimonio diverso, material e inmaterial.

Turismo y cuidado del entorno
Turismo y cuidado del entorno
(Foto: Especial)

El turismo suele estar vinculado al desarrollo, puesto que proporciona empleo y generalmente representa una importante vía de ingreso de divisas. En este aspecto, lo recomendable es que se tomen en cuenta proyectos que ofrezcan sustentabilidad y mejoras para la población y no sólo para empresas de servicios, muchas veces ajenas al lugar, que hacen uso de su infraestructura y que actúan como “aspiradoras”, llevándose las mejores ganancias.

Quienes viajan, además de admirar las maravillas naturales de los lugares visitados y aprender más sobre otros estados, países, entornos, culturas y estilos de vida, tienen la oportunidad de contribuir a promover la comprensión entre las diversas formas de vida en un mismo país, así como en distintos países a nivel mundial, contribuyendo a la práctica de la solidaridad. Porque generalmente aprendemos mucho más sobre nosotros/as mismos/as aprendiendo de los/as demás.

Sin embargo, el turismo puede traer efectos adversos cuando no se planifican o prevén situaciones tan elementales como calcular qué tanto puede dañar determinada cantidad de visitantes a un sitio; cuánto puede alterar al medio ambiente la apertura de carreteras para llegar a otro lugar; cuánto puede ser el daño a la arquitectura con el tránsito de vehículos pesados, o a las mismas piedras, con la cantidad de emisiones de monóxido de carbono. Y en el caso de las descargas de drenajes que son arrojadas a los cuerpos de agua, el resultado se vuelve catastrófico.

Precisamente, en lo local, nos encontramos con la situación de crisis que vive nuestro lago de Pátzcuaro: sin duda que el exceso de lanchas propulsadas por gasolina, la cantidad de desechos que propios y extraños hemos arrojado al cuerpo de agua durante décadas, aunado a la tremenda deforestación, al cambio de uso del suelo, al crecimiento poblacional y asentamientos irregulares, han deteriorado en demasía una cuenca caracterizada por su riqueza natural única. Y esto se ha convertido en una amenaza latente para la calidad de vida de quienes habitamos el lugar, además de que a mayor deterioro y contaminación, se agotará una fuente importante de empleo al quedarnos sin turismo. Pero lo más grave: perderemos patrimonio cultural y natural.
Sin lugar a dudas, ha llegado el tiempo de actuar de manera decidida, inteligente, consensuada y organizada. Nuestro deber es conocer y buscar toda la información acerca de cada proyecto urbano y turístico, haciendo llegar nuestra voz hacia esos espacios de toma de decisiones. “La población local debe involucrarse en la concepción y ejecución de cualquier proyecto inherente a su comunidad, buscando que estos recursos patrimoniales que dan sustento al turismo sean objeto de políticas de conservación de largo plazo”, estipulan las Actas de la Mesa sobre Cultura, Turismo y Desarrollo de la UNESCO. Cada ciudadano/a puede y debe hacerlo, garantizando así la permanencia de un Patrimonio (material e inmaterial) que tenemos en custodia para futuras generaciones.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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