Ismael Acosta García
Roberto Pantoja Arzola, coordinador de programas federales para Michoacán.
Sábado 21 de Julio de 2018
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Nos parece hasta temeraria, por decir lo menos, la conducta asumida por Silvano Aureoles en la reunión de la Conferencia nacional de gobernadores (CONAGO) celebrada en la Ciudad de México la semana pasada, que en su enmarañado discurso tocó el tema de los Coordinadores de programas federales propuestos por el virtual Presidente electo de México Andrés Manuel López Obrador, porque es un gobernante que ha perdido toda credibilidad en su propio partido, en su Frente guango (Muñoz Ledo dixit) y en la ciudadanía michoacana. Bueno sería que el señor Aureoles hubiese esgrimido una sólida fundamentación legal y doctrinaria sobre su oposición a la propuesta del virtual presidente pero, en su incontinencia verbal nacida seguramente de un sentimiento de desesperación, solo sirvió para evidenciar la soledad que hoy vive en el contexto político de la nación.

Roberto Pantoja Arzola, coordinador de programas federales para Michoacán.
Roberto Pantoja Arzola, coordinador de programas federales para Michoacán.
(Foto: Archivo)

Ni el mismo “Bronco”, (no estuvo presente en dicha reunión), acostumbrado a sus dislates escénicos, le hizo el juego, expresando que él “se entendería con López Obrador una vez que sea investido como presidente”. Vamos, pues, el gobernante michoacano quedó ubicado en una clara orfandad política, situación de la que literalmente da cuenta la foto oficial tomada luego de la salutación de todos los gobernadores. Allá, al fondo, a la derecha.

De los pocos amanuenses que aún conserva, dado el rígido control que sobre ellos ejerce la oficina de comunicación social del gobierno estatal, no faltó quienes opinaron que Aureoles “marcó agenda” para tocar un punto del que nadie opinó. Y tampoco faltaron quienes, en el ridículo de su conducta insana, semejaron esa decisión pre-presidencial con la grave experiencia vivida en nuestra entidad en la figura del tristemente célebre virrey Alfredo Castillo, de la cual el mismo Aureoles no ha podido desembarazarse para ignominia del estado. Por cierto, se trata de “opinadores profesionales” que nunca y en ningún momento criticaron la conducta oprobiosa de Castillo ni siquiera en su designación, y que hoy se rasgan las vestiduras puritanamente.

Sólo en mentes esquizofrénicas puede concebirse que la anunciada postulación de Roberto Pantoja Arzola, como Coordinador de los programas federales en Michoacán en el próximo sexenio, pueda ser equiparable a la más negra noche vivida en nuestra entidad en los últimos cincuenta años luego de la designación del virrey Castillo. Y si a alguien se le han olvidado los antecedentes, doy mínima cuenta de ellos:
Alfredo Castillo Cervantes es un personaje que ha dejado constancia de las más grotescas conductas de la procuración de justicia en el Estado de México. Fue el responsable de la investigación sobre la desaparición y muerte de la niña Paulette Gebara Farah, y ocupó la titularidad de la Procuraduría mexiquense a la renuncia de Alberto Bazbaz Sacal, provocada por el escándalo que generó la investigación y el dictamen del caso Paulette.

Castillo Cervantes fue el primer funcionario en llegar al departamento de la familia Gebara Farah, el 22 de marzo de 2010, horas después de que los padres de Paulette la reportaran como desaparecida. Nueve días después de la desaparición de la menor, y aún cuando decenas de agentes, reporteros y familiares habían estado en la habitación donde después “apareció” el cuerpo de Paulette, el investigador en comento emitió el inverosímil y tétrico dictamen de que la muerte de la niña se había dado por asfixia al estar cubierta por el colchón de su cama en la parte posterior. Esta versión fantasiosa es la evidencia clara de la mente criminal de quien fuera Comisionado para la seguridad y el desarrollo integral de Michoacán.

No cabe duda que la conducta y actuar de Alfredo Castillo ha sido siniestra, temeraria y perversa. Siniestra porque, su hacer o dejar de hacer en Michoacán, siempre llevó la intención de causar daño a las personas que no fueron de su empatía. Tales son los casos de José Manuel Mireles Valverde, a quien tuvo preso injustamente tres años y que hoy precisamente nos anuncian que ha sido exonerado de todo delito; e Hipólito Mora Chávez, a quien mandó a la cárcel bajo la denuncia de una supuesta autoría intelectual del homicidio de dos personas que pertenecían al grupo de Luis Antonio Torres “El Americano”.

La conducta temeraria de Castillo lo fue porque, sabiendo de la intención de “El Americano” de atacar en el momento oportuno a Hipólito y sus fuerzas, con desprecio ignoró las peticiones de apoyo de éste para fortalecer el cuidado de la comunidad de La Ruana ante los ataques y amenazas de Luis Antonio, con los trágicos resultados que hoy conocemos y la dramática muerte del hijo de Hipólito Mora y seis de sus compañeros.

En este momento, Alfredo Castillo, como Director general de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE) y de acuerdo con lo reportado por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), enfrenta severos problemas de comprobación de gastos y manejos indebidos por más 494 millones de pesos correspondientes al ejercicio 2016. (Datos al 11 de marzo de 2018).

Ante esas conductas perversas, es éticamente obligado no permanecer callados, y así lo hemos hecho en su momento. Este señor vino a Michoacán a poner de rodillas a las instituciones del estado. Fue verdaderamente triste observar la conducta de una legislatura sumisa y domesticada ante los arrebatos del virrey. La diputación priista defendió supinamente a Castillo pero, lo increíble, fue lo anodino de una oposición panista y perredista que no levantó la voz en defensa del pueblo que decían representar. Caso de excepción fue el de la diputada Selene Vázquez Alatorre, que con su conducta dio lecciones de dignidad y honradez política en esa etapa negra de la historia de Michoacán.

Y, a todo esto y las consecuencias que aún vivimos, ¿qué ha dicho o qué ha hecho el gobernador Aureoles? Ya estuvo bueno de falacias, de agresiones, de discursos demagógicos y frivolidades. Michoacán no lo merece. Estamos invadidos de elementos y sicarios de un nuevo cártel “institucional” bajo las órdenes del procurador Paulette a través de dependencias y servidores públicos estatales perfectamente identificados a su servicio.

Que no mientan los comunicadores “maiceados”; que no tergiversen la realidad. No hay punto de comparación entre un Virrey Castillo y un Roberto Pantoja Arzola, futuro Coordinador de programas federales para Michoacán, figura que obedece a una política de austeridad y adelgazamiento de las estructuras de gobierno y, sobre todo, de aniquilamiento a la corrupción y el manejo tendencioso de los recursos federales que han ejercido los gobernadores de todas las entidades y todos los partidos a lo largo y ancho de nuestro país. Hoy, como en aquel momento, el problema no es de legalidad ni de legitimidad de la figura administrativa, sino del sujeto designado para ella. Entre ambos, sus historias de vida hablan. El coordinador para Michoacán, maestro en derecho Roberto Pantoja Arzola, es un hombre honrado a carta cabal, responsable en sus encargos públicos y trabajador sin condiciones. Al tiempo.
Es cuánto.

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