Rubí de María Gómez Campos
La cuarta república y la educación superior.
Viernes 20 de Julio de 2018
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Cincuenta años han pasado desde el evento más dramático de fines del siglo XX. La masacre de 1968 inauguró un sistemático proceso de cuestionamiento a un régimen ya entonces en declive, como muestra el propio hecho de que el gobierno tuviera que recurrir a la violencia ostensible para controlar la crítica fundada en el conocimiento. El régimen autoritario de un partido hegemónico (PRI) que se valió de todos los recursos habidos y mal habidos para mantenerse en el poder más de 70 años -los últimos veinte en alianza de alternancia con el PAN- ha terminado. El ascenso al poder por parte de una figura honesta como la de Andrés Manuel López Obrador, cuyo valor político encarna una praxis congruente, representa una oportunidad para el país y para el mundo, finalmente para cada persona que habita en él.

La cuarta república y la educación superior.
La cuarta república y la educación superior.
(Foto: TAVO)

Definitivamente fuimos precisamente el pueblo, los votantes, quienes nos decidimos a dar este viraje. Por ende, seguimos siendo responsables del giro que puedan tomar nuestras honestas decisiones. Individual y colectivamente debemos ser capaces de estar a la altura de una nueva forma de construir ciudadanía. El primer paso ahora es superar la idea de la imposibilidad de la política, a la que nos habíamos casi acostumbrado. Nuestra tarea hoy, una vez liberados del autoritarismo decadente, es crear las condiciones para llegar a hacer política realmente. La incertidumbre de “lo que va a pasar” sólo puede surgir de la duda sobre nuestra propia y personal capacidad de agencia. La igualdad es condición de la política y la política es el reino de la libertad, sin la cual el ser humano no es propiamente humano.

Para la filósofa política Hannah Arendt la política es superflua para los seres vivos, no obstante imprescindible para vivir como humanos. Podríamos vivir, sobrevivir sin política, más no seríamos propiamente humanos porque hacer política es contar con un espacio de libertad para la discusión entre iguales. La política no se puede hacer sin igualdad: es condición de la política, no su meta. La libertad en cambio es para nuestra filósofa un proceso. Por ello prefiere hablar de liberación como tarea permanente de la política. Es en este sentido que ha llegado el momento de poner en juego la creatividad y todas las facultades que individual y colectivamente hemos desarrollado para crecer como personas y como cultura. La resistencia frente al poder que cada quién y con los otros haya mantenido hoy puede florecer; convertir en valores sociales nuestros sueños.
Cada persona es participante singular del cosmos, ante la humanidad diversa que la posmodernidad ha dibujado y de la que México forma parte esencial. La cuarta transformación no consiste sólo en un cambio de gobierno, sino en un pleno y vigoroso cambio de régimen. Se trata claramente del paso de un régimen autoritario a un régimen democrático. Un régimen inédito que es para muchos, momento de redefinición de valores y de los principios que nos orientan como sociedad en el concierto mundial, y en un contexto de culturas diversas. Es también un momento de inspiración y aliento a los anhelos del continente latinoamericano tan sufriente. La posibilidad de unidad de una mirada latinoamericana, ante la tiranía neoliberal.

Estamos pues ante un momento en el que el horizonte es amplio. Tanto en los actos como en el discurso el rumbo es construir espacios de libertad. Decidir no sólo de qué queremos liberarnos, sino hacia dónde queremos liberarnos. La costumbre de vivir en un país en el que no cuente nuestro deseo y nuestra esperanza, debe ser erradicada junto con el régimen autoritario que con nuestro ejercicio de ciudadanía derrocamos. Muchos creemos también que es necesario que la universidad se inserte en esta nueva forma de organización nacional de base democrática. La base del desarrollo social y cultural es la educación, como sabemos. Y la transformación que el próximo Presidente de la República propone incluye un interés auténtico porque la educación pública esté acorde a las necesidades de una sociedad crítica, ávida de aportar con su esfuerzo en la construcción de un país que intenta colocarse en el nivel de grandeza histórica que le corresponde.

La construcción de la Cuarta República merece la participación de todas las personas. Asimismo la Universidad Michoacana merece y necesita ser parte importante, incluso guía, de la Cuarta Transformación Nacional que el próximo Presidente nos propone. La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, cuna de las más grandes y mejores transformaciones sociales durante su historia, no puede seguir quedando fuera de ésta radical y novedosa forma de ejercer la política. México mismo no hubiera podido sobrevivir a un sexenio más de indignidad humana, sin que la voz de los desprotegidos sea escuchada. Sólo juntos, por la justicia social y desde un sentido compartido de dignidad humana, lograremos al fin cambiar la historia…

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