Alma Gloria Chávez
Para quien educa
Lunes 16 de Mayo de 2016

Educar es crear inquietudes.

Don Simón Rodríguez.

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Para quienes resulte desconocido el nombre de Simón Rodríguez, puedo mencionar lo que la Enciclopedia Universal sintetiza: “Pedagogo venezolano, nacido en Caracas y muerto en Huaylas, Perú (1771-1854). Fue maestro de Simón Bolívar, en cuya formación influyó grandemente. De espíritu independiente, se vio obligado a migrar por desavenencias con las autoridades coloniales y su carácter errante le llevó a viajar de un lado a otro durante más de 40 años. Enseñó en escuelas de Inglaterra, Rusia, Alemania, Austria, Francia, Chile, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia, donde sostuvo en Chuquisaca una escuela práctica para artesanos”.

En 1989 tuve oportunidad de conocer ampliamente a este personaje gracias al seminario que sobre educadores de América se realizó en CREFAL. Posteriormente logré encontrar algunos otros aspectos de su personalidad que resultaban sorprendentes en alguien nacido en esa época y en una sociedad clasista. Él creía y defendió hasta el final de sus días que la educación no es solamente un proceso para el aprendizaje de roles sociales, sino también la formación de motivaciones. Creía en la educación que revalora el concepto de trabajo como creación y no como alienación. Su proyecto, genuinamente andragógico, está basado no en la adaptación y prosecución de objetivos de conducta, sino en la confrontación del Hombre, con mayúscula, a una situación social percibida con “conciencia crítica”. Todo un visionario –diría el mismo Freire.

En aquel año 1989, dos educadores, representantes del Ministerio de Educación de Venezuela, nos presentaron así a don Simón Rodríguez: “Ante los educadores de adultos de Latinoamérica presentamos a este visionario de la educación para el hombre adulto. Estamos acostumbrados a conocer sobre la educación de adultos y entre adultos… Simón Rodríguez pensó en la educación para el futuro adulto: durante toda su vida tuvo frente a sí al niño que educaba para cuando fuese adulto. Quisiéramos (ahora que conoceremos su obra) que cada uno de los participantes en este seminario se sorprenda como lo hacemos todos los que descubrimos en Simón Rodríguez las ideas más modernas de una verdadera educación liberadora”.

La educación no es solamente un proceso para el aprendizaje de roles sociales, sino también la formación de motivaciones.
La educación no es solamente un proceso para el aprendizaje de roles sociales, sino también la formación de motivaciones.
(Foto: Cambio de Michoacán)

Desde el año 1972 y gracias a la preocupación de varios profesores del Centro Regional de Educación de Adultos de Venezuela, la propuesta educativa de Simón Rodríguez fue estudiada y analizada, descubriendo con asombro la similitud de su pensamiento con la orientación no directiva de la conducta de Carl Rogers y la metodología propuesta por Paulo Freire en la pedagogía del oprimido. Y ha sido hasta fechas muy recientes que el pensamiento de don Simón ha trascendido las fronteras de nuestro continente, revelándose como uno de los pensadores más creativos e innovadores del siglo XIX.

En los estudios sobre la economía de la educación se indica que en las épocas de graves crisis las personas aprenden mucho más a valorar la educación, y que el sistema educativo se ve presionado por una nueva e inusitada situación acelerada del aprendizaje… Simón Rodríguez va a demostrar que los problemas de su época no son efecto de la “falta de educación”, sino de la ausencia de reivindicación de la práctica educativa: “Es la educación sumisa que se opone a la educación liberadora, es el cristianismo mojigato frente al cristianismo vivido con autenticidad, es la falsa conciencia frente al espíritu crítico lo que impide transformar la sociedad injusta”.

El proyecto de Simón Rodríguez se estrelló entonces contra un sistema educativo en el cual está ausente la idea del trabajo productivo y se cansa de denunciar: “El desinterés del niño por la enseñanza, la mediocridad de lo que se enseña y la contradicción de un proceso educativo aislado del mundo de las experiencias externas reales…”. Don Simón se sitúa entonces en el centro de un conflicto de intereses que aún no hemos superado: la contradicción de instruir al niño o niña con sentido de “inmediatez” o educarles con una proyección integral; de “enseñanza” dentro de un sistema de alineación y sumisión o capacitar para hacer del trabajo una actividad liberadora. Situación tan recurrente hoy en día y en todos los niveles educativos.

Don Simón Rodríguez tomaba en cuenta, como ningún otro educador de su época, la dimensión latinoamericana de las ciencias de la educación. Y en esta época ha resultado fundamental su obra para los educadores de adultos. Una frase, de las tantas que reflejan su pensamiento, nos da cuenta de su valía: “En América Latina, o inventamos o erramos”.

En esta América del siglo XXI, en la América de las contradicciones sociales, de la guerrilla, de la subversión, de la delincuencia organizada, del militarismo y del justicialismo de la doctrina de seguridad, del zapatismo y del neoliberalismo económico, la obra de don Simón Rodríguez adquiere una nueva significación latinoamericanista porque sucede que también se descubre en don Simón la existencia de un pensamiento genuinamente nuestro, profundamente enraizado en ese “ser” latinoamericano que es capaz de innovar y de crear a partir de nuestra propia realidad histórica.

Educar es un arte, no cabe duda, y no solamente maestros y maestras lo hacen. Existen muchísimos educadores que trabajan cotidianamente recuperando el sentido más amplio de la palabra educación, reconociendo que ésta no se limita al espacio físico donde se obtienen certificados, diplomas o títulos, sino que es en cada individuo donde debe quedar impresa la letra con todo el espíritu que la anima. Vaya nuestro reconocimiento para quienes educan sembrando inquietudes… y libertad.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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