Rafael Calderón
Homenaje al poeta Virgilio
Lunes 16 de Julio de 2018
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Como ya observamos en una entrega anterior, que versa sobre el homenaje de México a Virgilio, en el segundo milenio de su nacimiento, ahora quiero destacar parte del ensayo de Francisco de P. Herrasti, por uno de sus apartados, directamente, el que llama Las letras en la revolución que para aquellos días posteriores al idioma del latín, sentencia: “Roma era un campo de batalla helenística”. Pero, antes, “Virgilio; su mundo, su obra, y sus ideas, con notas críticas sobre los principales lugares disputados del texto de La eneida”, es el que nos lleva a reflexionar, por temas como la concordia social, la libertad y la presencia del poeta; explorado con ojo crítico la religión romana; una muy buena ojeada a las proezas de la republica romana, dentro de ésta, las victorias de Roma, hasta llegar a Aníbal y le sigue el oriente y ese tema tan viejo pero de resonancia para estos días, el tema de la “corrupción”, así como los latifundios, la misma revolución, o el terror y el poder del Senado; pasando de inmediato a figuras sobresalientes de aquel en torno de la vida romana: Cicerón y César, Pompeyo y César, o César como figura consumada, “llamó a sus fuerzas de las Galias, con lo que dio un paso escandalosísimo para el Senado”; Antonio y Octaviano, la presencia de éste en el año 29 antes de Cristo, “cuando ya el poeta del imperio cantaba pastorales con el caramillo de los pastores de Mantua, de Tarento y Sicilia, Octaviano celebró su triunfo”.

Inmediatamente viene lo bueno, lo que más interesa: la lengua y las letras latinas. Decir que se resalta el latín y la influencia de las letras helénicas; las letras latinas en la república, la revolución; el imperio en sí es una presencia, dentro de ésta, el propio de Virgilio sobradamente podemos decir que Herrasti realiza un trabajo previo a la figura directa del poeta, registra una ambientación histórica, de precisión, para el nacimiento, esplendor y ocaso –si se quiere– alrededor de una figura que destacará siempre, en todo momento, por el registro de su propia obra poética.

Lo que sigue es Virgilio y su obra. Aquí enumera investigaciones, opiniones y sentencias para todo lector interesado, pero guiado por Herrasti, para introducirse en las obras fundamentales: hay que recordar nuevamente que inicia como es natural con Las bucólicas, le sigue Las geórgicas y el estudio mayor, que mejor conoce y reviste importancia: La eneida. Porque de Virgilio se conservan éstas y son el legado de su obra poética. Si en tiempos modernos, Concha Urquiza, poeta de Morelia, nos había seducido con la traducción de la Égloga IV, ahora podemos decir que la lectura comparada es en el mejor de los casos, con una y otra realidad, el orden poético encausa, se puede realizar en todo caso con la distancia, separación del tiempo; serán conclusiones propias de una lectura unitaria y a la vez extraordinaria.

Para el primer caso, se trata de una obra que Virgilio publicó en su primera juventud. Su lectura despliega una infinita búsqueda de lo que dice, el cómo lo expresa, las referencias inmediatas al autor. Es una revisión que lleva acabo sin sobresaltos para dada una de las bucólicas que ahí lo determinan. Ante todo si el mundo de su expresión poética es una conciencia de plenitud, más que otras, el autor ejerce una revisión que se vuelve clave para la Égloga IV. Posiblemente, la mejor, conscientemente determina su Ars poética; alcanza una plenitud tal igual o mayor a su condición de autor de La eneida y hace desde entonces notar su genio, madurez con el lenguaje y termina desde entonces nombrando el efecto que registra el lenguaje. Pero prorrumpe la lectura de Herrasti, tan clara como elástica, deja maravillado por la economía del lenguaje, empuja hacia su reconocimiento. Lo mejor es que se puede complementar esta lectura con la traducción al castellano que se incluye al final de la obra realizada por Tirso Sáenz y reconocer esa lengua del prodigio, ya señalado por Herrasti, pero que sin embargo, debemos buscar y afirmar por medio en la lectura.

Como síntesis Herrasti, concluye de forma originalísima: “Pero la cuarta (égloga), es ya muy diversamente un canto sabio y entonado, dedicado a un cónsul; y consiguientemente, bajo su escena y materia campestre interpreta y trata de esperanzas políticas más subidas de Roma, la pronta vuelta de la Edad de Oro con el advenimiento al poder de una profetizada estirpe de dioses”. El frente común es la lectura que se logra registrar por traducciones magistrales.

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