Alma Gloria Chávez
A ejercer ciudadanía con responsabilidad
Jueves 5 de Julio de 2018

“Es el tiempo en que la sociedad se mueve desde abajo… y como parte de esta responsabilidad basemos nuestras decisiones en las esperanzas y las razones.” Ikram Antaki.

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Estas elecciones en México nos han mostrado cuán lejos estamos de alcanzar una verdadera democracia. “Nunca vista, la violencia política en el país” declararon organismos internacionales, como el Centro de Información de la Organización de las Naciones Unidas para México, Cuba y República Dominicana, cuyo Director, Giancarlo Summa consideró que nuestro país se encuentra ante una crisis política y social que se conjuga con un panorama de violencia permanente contra amplios sectores de la población, situación que se ha agudizado a raíz de la coyuntura política.

Luego de los próximos resultados oficiales para los comicios, nuestra pregunta, la pregunta que debemos hacernos quienes apostamos al derecho de vivir en paz, con Justicia y Dignidad, es: ¿Cómo lograr la paz en un país como el nuestro? Cada vez más crece el número de ciudadanos convencidos de afirmar y repetir que la violencia engendra más violencia. ¿Cómo olvidarlo? Si en México, cada día crece el número de familiares de asesinados y desaparecidos que no encuentran respuesta de las instituciones encargadas de investigar y sancionar estos hechos.

Todos los asesinatos cometidos en contra de militantes o candidatos de diferentes partidos, durante este proceso electoral, dejaron ver con claridad cómo la resistencia al cambio de esos sectores que defienden los intereses creados en décadas, se traduce en actos reprobables e intimidatorios que hacen cada vez más difícil el camino que nos lleve a recuperar el sentido original de la Patria, negado por más de quinientos años de infamia e ignominia.

Cuando entendemos racionalmente la hora en que vivimos y racionalmente buscamos la mejor manera de contribuir a dar buen cauce a los desafíos que cualquier lugar enfrenta, sabemos que como ciudadanos tenemos una tarea que exige lucidez. Esto es, ver con claridad el presente que hay y el futuro que se anuncia. Seguramente hoy muchos ciudadanos que apuestan al cambio, se han dado cuenta de cuántos personajes que estuvieron al frente de puestos públicos abandonaron sus funciones, cambiaron de partido y dejaron pendientes muchos compromisos adquiridos. No existe mejor escuela que la experiencia: el comportamiento de ningún individuo cambia de la noche a la mañana. Son sus actos los que hablan de él.

Yo recuerdo que hace algunos lustros, durante las sesiones de un grupo independiente de observadores electorales, escuché cómo alguien nos invitaba, luego de conocer los resultados de las votaciones, a no dejarnos llevar, o alentar a otros ciudadanos a caer en falsos triunfalismos, ni tampoco a inclinarnos ante los triunfadores supuestos o reales del momento. “El trabajo ciudadano empieza inmediatamente después de las votaciones: buscando en quienes resultaron electos, un trabajo verdadero y honesto (no sólo en el discurso), porque cuando se obtiene la representación, es para ejercerla sin concesiones, ni distingos.”

Hoy nos encontramos ante la posibilidad de ejercer ciudadanía con toda la responsabilidad que el momento requiere. Y no está por demás recordar que actualmente y gracias a que cada vez más personas se interesan en participar en la resolución de problemas que las instituciones encargadas de hacerlo han hecho a un lado, individuos y comunidades exigen a sus gobernantes informes puntuales de sus acciones conforme a derecho… y así mismo exigen su derecho a conocer de dónde provienen los recursos para cualquier proyecto que se realice en su comunidad, municipio o Estado.

A ejercer ciudadanía con responsabilidad
A ejercer ciudadanía con responsabilidad
(Foto: Especial)

“Ser ciudadano/a significa tener el derecho a intervenir e influir en las decisiones gubernamentales, sin permitir la influencia de ningún partido, además de contribuir en la forma de gobierno que queremos en nuestro país, estado, municipio o población. Y la ciudadanía no se agota en las elecciones, sino continúa en el seguimiento, vigilancia y control del ejercicio de las personas que elegimos o no, pero que tienen obligación de gobernar para todos/as”.

Expresar nuestras ideas a través de cualquier medio, ya sea oral o escrito, y dando nuestro punto de vista sobre lo que directa o indirectamente nos está afectando, no debe ocasionar el que seamos molestados o agredidos, porque sabemos que tenemos derecho también al disenso: a pensar diferente y sostener posiciones contrarias a lo que opine la mayoría… obviamente, sin causar daños a terceros.

Actualmente somos muchos los ciudadanos/as que consideramos un deber decir lo que está mal, pero también lo que podemos (y debemos) hacer para corregir, realizando un trabajo de coadyuvancia con las instituciones. Aspiramos a aportar la opinión de nuestra modesta pero honrada contribución de soluciones positivas… pero sin actuar con insensatez y presunción; porque reconocemos que nadie tiene la receta infalible para cada uno de los males que aquejan a nuestra sociedad. Porque no es ni puede ser la obra de un hombre o mujer, ni de un grupo de personas, sino de múltiples esfuerzos y voces, colaboraciones y aportes; de gran número de inteligencias, de variadas técnicas y especialidades, lo que nos lleve a construir el espacio justo que anhelamos habitar.

Es tiempo de recordar que en nuestro país, hombres y mujeres de una generosidad y una cultura excepcionales, acuñaron, hace muchas décadas ya, unas leyes de las más avanzadas en el Continente. Impostergable resulta hoy recuperar su esencia para educar y pulir, para incorporarnos a todos y todas en la igualdad jurídica: “Que nadie vaya por detrás o por delante. Que todos/as vayamos lado a lado”.

Hoy nuestro trabajo es pensar en nuestro país (tradición y proyecto) mirando al pasado y construyendo para el futuro… evitando a toda costa, desde lo local, seguir entregando, vendiendo o concesionando recursos naturales y patrimoniales. Cerrando las puertas de la violencia porque nos sabemos sensatos. Reflexionando y dialogando con seriedad temas tan delicados como la conveniencia o no de involucrar a las fuerzas armadas en temas de seguridad y teniendo en mente que la ventaja de una posición moral histórica no justifica la destrucción de una nación. Ya bastante nos duelen nuestros muertos.

Muchos ciudadanos/as sabemos que hoy se impone la cultura de la dignidad ante la cultura de la soberbia y nuevos horizontes se abren ante quienes con autenticidad y esperanza hemos encontrado, en la filosofía de nuestra cultura, de nuestra historia, las bases sólidas sobre las cuales construir.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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