Rubí de María Gómez Campos
Política contra lodo en Michoacán
Jueves 14 de Junio de 2018
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La violencia política contra las mujeres pasa por todas las formas de violencia que las mujeres sufren cotidianamente, pero a la que se suman nuevas formas de vulnerar sus derechos. Este es el caso de candidatas asesinadas, videos que atacan la imagen y degradan la dignidad humana, no sólo de las candidatas, sino de todas las mujeres, ofensas directas y rumores acerca de la vida privada y aspecto personal de las que están exentos candidatos varones. Pero lo más indigno del uso de la violencia en el espacio político, que es el ámbito de la discusión y la deliberación pública, es la que se extiende hacia las mujeres cercanas a los candidatos.

La defensa de la dignidad de las mujeres en algunos casos no se realiza honestamente. Que esta defensa se esgrima en la fase final del proceso electoral, interpretando desde una perspectiva personal el daño, aún en contradicción con la supuesta víctima y dirigida contra el candidato puntero en las encuestas, muestra que no se trata más que de usar dicha postura para rebajar el nivel del discurso y con ello degradar la misma dimensión de la política.

Política contra lodo en Michoacán
Política contra lodo en Michoacán
(Foto: Cuartoscuro)

La distinción de lo privado y lo público sólo ofrece problemas a las mentalidades patriarcales. Que en una democracia sea necesario exigir a los agentes políticos claridad y transparencia en su actuación pública deriva del hecho de que puedan ocultar en el cobijo de su espacio privado vicios que, de hacerse públicos, barruntan el fracaso de sus aspiraciones de poder. De la misma manera resulta inaceptable que los gobernantes aprovechen su posición política para obtener ventajas personales (como inversiones o negocios realizados a través de información privilegiada por la posición de poder del que disponen). Pero ello no autoriza a nadie a interpretar o invalidar la experiencia privada de alguien más.

La distinción de lo privado y lo público es un derecho humano fundamental. Tanto que no está escrito en ningún lado (como no lo está tampoco la libertad de pensar). Poder separar la vida privada y personal de nuestro actuar público es más que un derecho, una necesidad fundamental para el mantenimiento de la vida social. Igual es necesario que lo que corresponde a la dimensión pública no sea invadido con la distracción (no tan inocua y muchas veces deliberada) de lo privado. Cuando la propaganda y los temas frívolos usurpan el lugar de lo que debería ser un nivel de discusión pública sobre las necesidades de la vida en comunidad está ocurriendo una reducción de la democracia, en cuanto niega el lugar de la política como espacio colectivo de toma de decisiones.

Asimismo, cuando se invade el ámbito de la vida privada mediante su publicidad, no sólo se le resta valor a la democracia sino que nos pone (a todos) en posición de juzgar algo que no nos consta, ni puede constarnos puesto que su rasgo esencial es que no fue público; es decir, no ocurrió delante de los demás. Finalmente con la disolución de la separación de las esferas privado/público perdemos todos; tanto las personas directamente involucradas como el resto de la sociedad, que ve obstaculizado su derecho a conocer plenamente lo que nos involucra a todos. Temas como la corrupción, la falta de transparencia institucional y hasta la violencia doméstica nos importan, deben ser puestos a debate pero oportunamente, no sólo cuando sirven para oscurecer los temas relevantes, y adecuadamente en cada espacio. La verdadera defensa de la integridad de las mujeres no debe responder a ningún calendario electoral.

Si la mejor estrategia política con la que cuentas es degradar o descalificar a tu enemigo, es seguro que no tienes nada positivo que aportarle al mundo (es lo que significa no tener propuestas). Peor aún si la manera en que lo haces es mediante recursos tan bajos como la mentira o la difamación; lo que no alcanza a significar más que la limitación de argumentos y una carencia de información fidedigna para poner en juego. Pero aún es más grave que tengas que recurrir a la posibilidad de interferir en la vida privada de tu oponente, porque eso representa la apropiación ilegítima de un derecho tan básico que está más cerca del corazón que del estado: el derecho a la intimidad.

A nadie nos gustaría ver vulnerado este derecho. Quienes intentan que su intervención en política se autonomice de las reglas morales básicas de la convivencia social es porque sus recursos, además de nulos, están puestos al servicio de las peores causas públicas. Un comportamiento tal no amerita el otorgamiento de un lugar en la res pública, ya no digamos a través de votos, sino ni de cualquier otra forma de reconocimiento que pudiera legitimarlo en cuanto a su actuación. El espectro de la misoginia sigue rondando el proceso electoral, pero la dignidad humana sigue en alto representada por la honestidad de mujeres y hombres como Blanca Piña y Cristobal Arias, quienes como candidatos al Senado nos garantizan elevar con su prestigio obtenido a través de los años el nivel de la política en Michoacán.

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