Alma Gloria Chávez
Construir la democracia
Jueves 14 de Junio de 2018
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“Vivir en democracia supone que el sujeto fundamental de toda la mecánica, es el ciudadano.”
José Woldenberg.

No hablo “de oídas”, sino de la propia experiencia. Hoy cada vez más ciudadanos/as se sienten impotentes al pensar que ya no existen salidas o soluciones ante los problemas de inseguridad, de pérdida del valor adquisitivo, de la violencia en todos los ámbitos y, sobre todo, ante el abuso de poder por parte de las autoridades. También existe la falta de credibilidad en la elección o imposición de representantes que dejan en promesas la defensa y regulación de tierras, la creación de fuentes de empleo, la dotación buena y suficiente de servicios como el agua, el sistema de drenajes, el alumbrado y la seguridad pública, entre otros.

Isaac José Woldenberg político y académico mexicano
Isaac José Woldenberg político y académico mexicano
(Foto: Cuartoscuro)


Los problemas sociales, económicos, ambientales y políticos llegan a resultar agobiantes a una mayoría de individuos, que simplemente piensan que al dejar de mencionarlos dejarán de existir, como si su actitud resultara un acto de magia. Y también una buena cantidad de personas piensa que le toca al gobierno resolver todo, sin tomar en cuenta que vivimos en un país que ha logrado adquirir libertad y democracia mediante la lucha de varias generaciones que desearon sepultar una fórmula autoritaria del quehacer político, para abrir paso a un sistema que ofreciera cauce a la diversidad que surca al país.

Me llego a sorprender con frecuencia, al encontrar entre muchos profesionistas el olvido o desconocimiento que tienen de los instrumentos con que actualmente contamos, como ciudadanos, para ejercer nuestros derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales… y todavía llega a más mi sorpresa cuando me doy cuenta de que gente sencilla, sin tanta preparación académica, se encuentran participando activamente y sin ningún interés, en la resolución de todo tipo de problemas en la familia, en la escuela, en la calle y en su colonia. Esto significa que se han educado en la colaboración y ejercen su derecho a voz y voto en la vida diaria.

En estos tiempos en que se dejan escuchar, por todos los medios posibles, frases y eslogans que hablan de los candidatos de los diversos partidos políticos, con todo lo que declaran, ofrecen y prometen, me resulta interesante ejercitar lo siguiente: tomo mi libreta, escucho, observo y anoto. ¿Cómo piensan resolver los problemas de mi comunidad, del Estado y del país? ¿Quiénes son sus seguidores? ¿Qué acostumbran prometer? ¿De dónde surgen? ¿Por qué sus partidos los están proponiendo como candidatos? ¿Cuál es la trayectoria del partido que los propone? ¿Y su trayectoria personal, familiar; dónde nacieron, qué estudiaron, qué otros cargos han ocupado y cómo se desempeñaron en ellos? ¿Qué palabras son las que repiten con más insistencia? Y bueno, no vendría mal saber de sus aficiones personales y familiares, lecturas y autores predilectos, así como del tipo de música que escucha.

Pero bien, intento hablar de cómo podemos construir democracia y aunque no he salido del tema, me obligo a recapitular: “La democracia es un conjunto de reglas que intentan traducir en términos reales algunos valores importantes como la paz, la pluralidad, la libertad, la igualdad… sin estas reglas, no han existido más que tiranías, dictaduras, autocracias, totalitarismos, que resultan, por lo menos, mucho peores que la peor de las democracias…” menciona Luis Salazar Carreón, en una entrevista que le hicieron Sergio Ortiz Leroux y Jesús Carlos Morales para la revista ‘Andamios’, enero-abril de 2016. Y esto me recuerda que nuestra democracia es bastante joven: cuenta apenas veinte años. Y esto sucedió porque luego de las luchas sociales del siglo XX que dejaron tanta muerte y dolor, en el terreno de lo político se lograron dos instrumentos invaluables; un sistema de partidos (al inicio más o menos equilibrado) y un sistema electoral imparcial y equitativo.

José Woldenberg, en su libro “Cartas a una Joven desencantada con la Democracia” (Ed. Sextopiso, 2017) menciona: “Una vez que esto sucedió, o en paralelo a ese proceso, empezaron a aparecer todos los signos de un régimen democrático: partidos equilibrados, elecciones competidas, fenómenos de alternancia, congresos sin mayoría absoluta, equilibrio de poderes, centralidad del legislativo, protagonismo político de la Suprema Corte, ampliación de las libertades, fortalecimiento de los medios masivos de comunicación, escrutinio social en relación a las instituciones públicas y síguele tú. No arribamos por supuesto al paraíso. En primer lugar, porque la democracia es apenas un régimen de gobierno. Y en segundo porque debes saber que el paraíso no existe. Pero si se compara la forma en que México procesaba su vida política (digamos) hace cuarenta años y hoy, los cambios no pueden ser ignorados. Vale la pena revisar nuestra propia historia…”

La democracia entonces, tiene un lenguaje propio y hay que conocerlo. Algunos conceptos básicos que nos ayudan a reflexionar sobre nuestras relaciones en grupo, en familia, en sociedad, pueden ser los siguientes: libertad, ética, respeto, honestidad, congruencia, solidaridad, igualdad, esperanza, dignidad, participación, información, organización, pluralidad, justicia. Y ¿Dónde podemos trabajar por la democracia? Desde la familia… en nuestra colonia, en nuestro trabajo, en la comunidad… y en el país.

Debemos tener en cuenta que somos nosotros/as como ciudadanos, quienes tenemos todo el derecho a cambiar o modificar nuestro gobierno, así como exigir que corrija el rumbo cuando lo está desviando y gobierna sólo para un pequeño grupo de afines; tenemos derecho de opinar sobre la forma en que se gobierna y lo que se hace con nuestros impuestos y cualquier obra que se realice; exigir que cualquier instancia de gobierno se conduzca con responsabilidad, equidad y honradez.

Tenemos derecho de expresar ante nuestros representantes (de cualquier extracción partidista) las propuestas que consideremos pertinentes y también podemos exigir transparencia y cuentas claras en su administración… entendiendo que quienes están en esos cargos de representación no se deben sólo al partido que los postuló, ni al grupo que los apoyó, ni pueden crear compromisos con nadie en particular. Todos/as y cada uno/a adquieren la misma responsabilidad y compromiso, porque están percibiendo ingresos que vienen de nuestros impuestos.

Tenemos oportunidad, en estos tiempos electorales y de cambios, de llevar a la práctica nuestra ciudadanía, recordando que ella nos da el poder para actuar y defender los derechos de todos/as. Construyamos democracia.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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