Estrellita M. Fuentes Nava
¿Gobernadores a reelección?
Jueves 14 de Junio de 2018
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En días recientes el gobernador de Michoacán Silvano Aureoles Conejo expresó de manera sorpresiva, en el marco del banderazo de los Convoyes de la Salud para todo el estado, que pretendía ampliar el número de médicos que atienden a la población en las instituciones de salud pública, y que para ello estaba considerando en reelegirse. Esta declaración nos tomó por sorpresa a muchos, e inició el debate por parte de la opinión pública: que si estaba hablando en serio o no; que si nuestro marco legal actual lo permite en la actualidad, que cuál es el trasfondo de su dicho, entre otras preguntas.

La realidad es que a partir de la Reforma Política del 2013, con la modificación del artículo 59 de la Constitución Mexicana, sólo se permite la reelección en el caso de alcaldías, diputaciones locales y federales y senadurías, lo cual, a estirones y jalones, estamos estrenando en este 2018. Hasta el momento no se contempla la figura de los gobernadores, y en el caso hipotético de una reforma, tendría que ser ratificada por la mayoría de los congresos locales, y de aquí a que eso suceda no alcanzaría a beneficiar a los mandatarios estatales actuales por mucha prisa que se dieran.

Silvano Aureoles Conejo
Silvano Aureoles Conejo
(Foto: Especial)

En México somos herederos de amargas experiencias de quienes se estacionaron en el poder: desde los episodios de ser avasallados por los gobiernos españoles, pasando por una figura odiada y amada como Porfirio Díaz, hasta la muy criticada permanencia de un solo partido (el PRI) por 70 años. Por ello hablar de una reelección en este país no es peccata minuta.

Dice el dicho que “entre broma y broma, la verdad se asoma”, y el pronunciamiento del gobernador Aureoles nos permite jugar con diversas lecturas. Por un lado, de manera consciente o no, nos deja entrever lo que podría acariciar en su fuero interior, que es la permanencia en el poder. Por el otro lado, no podríamos soslayar que a más de un gobernador le resultaría más que atrayente la posibilidad de que así como a los alcaldes y diputados se les permitió continuar en funciones por otro periodo adicional, a ellos también les aplicara la misma regla, e incluso detonar una iniciativa de gran calado que así lo permita (se me antoja desde el seno de la Conago). Y es que hay muchas cosas que están en juego: de por sí el poder es adictivo y hasta afrodisiaco; la continuidad de un proyecto podría permear en resultados a largo plazo, para bien o para mal, y los ingresos que se genera por cobrar un salario de esa magnitud y otros incentivos de tipo económico no son nada desechables.

La realidad es que los gobernadores ya tienen en sí mismos supra poderes que les permiten ejercer cacicazgos en sus estados, colocar o deponer a sus sucesores, y hasta palomear las listas de los candidatos de sus territorios, así que un mecanismo de reelección sería un tanto como sólo legitimar y hacer público el poder que ellos ya poseen. Por otra parte, este mecanismo de la reelección puede ser un arma de dos filos, ya que si de por sí hay estados donde el crimen y la inseguridad están al asecho de la ciudadanía donde sus gobernantes se hacen de la vista gorda, o están los casos donde ellos están en el ojo del huracán por los escandalosos desfalcos de los que hemos sido testigos, como sucedió con los gobernadores de Veracruz y Coahuila por citar algunos ejemplos. No podríamos imaginarlos si les concediésemos un poder total y absoluto, y peor aún, sin la posibilidad de una revocación de mandato.

Así que mejor que los gobernadores se queden como están, trabajando por y para su gente, y que su único enfoque sea el sacar adelante las múltiples agendas de desarrollo que están muy endebles y vacuas en muchas entidades del país.

Trabajar orientados a resultados y honrar el compromiso asumido ante el ciudadano –elector es la mejor carta de presentación para que la sociedad legitime a los gobernadores, y que ésta vea con buenos ojos su continuidad en el juego del sistema político mexicano por varios años más. A todas luces necesitamos y merecemos gobernantes capaces y comprometidos con sus estados, que puedan mirarnos a los ojos y decirnos: -La tarea está hecha…-.

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