Julio Santoyo Guerrero
Encuestas: falibles o simple manipulación
Lunes 21 de Mayo de 2018
A- A A+

La natural angustia que genera el proceso electoral alienta el deseo de adelantarnos al resultado final. Quién no quisiera saber si el ganador de la contienda presidencial es uno u otro y así concluir de tajo con la incertidumbre. Ahora que si la tecnología de la estadística te permite legalmente disponer de una metodología "reconocida" para saberlo, vaya que alivio, podrían decir muchos.

El problema -un gran problema-, es que las encuestas están muy lejos de ser infalibles. No sólo han fallado en las últimas elecciones mexicanas, lo han hecho históricamente en diversas elecciones estadounidenses y europeas. En la elección del 2012 -nos obstinamos en ahuyentar la memoria-, la mayoría de las casas encuestadoras dieron verdaderos palos de ciego con sus pronósticos. En las intermedias del 2016 los encuestadores estuvieron aun más alejados, en donde se preveía el inminente triunfo de un candidato a la gubernatura ocurrió la victoria del "claro perdedor", en donde se hablaba de diferencias de hasta 8 puntos las urnas les dieron un vuelco invirtiendo los papeles.

No obstante que el marco legal en materia de regulación de las casas encuestadoras parece ser muy claro, ya que deben cumplir con ciertos elementos metodológicos para que sus estudios puedan ser publicados y sirvan de información "veraz" para que los ciudadanos tomemos decisiones, y sobre todo para que los partidos políticos puedan afinar sus estrategias, lo cierto es que ese objeto de estudio llamado opinión pública, es caótico e inaprensible, así se trate de sólo una fotografía del momento, o francamente los estudios son manipulados para la propaganda de algún interesado.

Considerando la historia previa nada nos asegura que las fotografías del momento que nos presentan hoy las casas encuestadoras sobre las preferencias electorales sean "nítidas" y tengan el don de la veracidad, quién nos garantiza que la fotografía no está al revés o que el horizonte desde el cual se tomó no es engañoso y hay otra realidad subyacente que no se enfocó.
Creo que debería decirse una verdad que seguramente incomoda. Las encuestas son una construcción técnica que no ha alcanzado el nivel de exactitud para representar con objetividad el fenómeno político de las preferencias en una campaña electoral. Por esta razón tendría que indicarse con una etiqueta que su esencia no es científica y que su lectura y consumo deben tomarse con prudente distancia y razonable escepticismo. Los consumidores de encuestas deberíamos de ser advertidos, como los consumidores de cigarros, que su consumo conlleva graves riesgos en materia de credulidad y malformación de la propia opinión.

El que estén reguladas por la institución electoral genera entre los ciudadanos un sentimiento de creencia y objetividad que supone riesgos políticos si los resultados no son finalmente los predichos por las empresas autorizadas. En mi opinión las encuestadoras deberían quedar en libertad y desde esa posición ganarse la credibilidad social depurando sus metodologías y asegurando su prestigio, si es que les interesa, sin que amparen su evidente falibilidad en el certificado que el INE les otorga. De nada ha servido que el INE les extienda el reconocimiento legal por apegarse a las normas establecidas pues eso no ha determinado que la objetividad sea la regularidad. Generan más confusión amparándose en que están autorizadas por el INE. Sus proyecciones deberían ser consideradas sólo como opiniones, y bajo esa condición cuestionadas públicamente, sin ningún halo de legalidad.

En los hechos las encuestas son hoy por hoy parte fundamental de la estrategia electoral de los partidos y sus candidatos; mentira que se manejen con la distancia ética que se requiere, como referentes serios para construir una opinión veraz. Son un producto muy codiciado para el mercado de la información, y no les importa a los empresarios de los medios, ni la abundante historia fallida de sus estudios, ni los elevados márgenes de error que terminan siendo evidenciados por la experiencia de las urnas, lo que les importa es que la encuesta sea "noticia" y por ello venda y venda mucho.

El panorama que estamos presenciando con el manoseo de las encuestas es deplorable y nada aporta a la cultura cívica y electoral que México necesita. Unas y otras manejan porcentajes de preferencias que comparadas arrojan diferencias de hasta quince puntos. ¿Qué no se trata de la misma realidad? ¿Qué no comparten características homogéneas en su metodología, según el INE?

Las encuestas han llegado a ser más un instrumento para la manipulación que medio para acercarse objetiva y críticamente al fenómeno político en proceso. Así que pensar que las encuestas puedan ser un medio serio para adelantarnos a conocer el futuro político, es una candidez que puede convertirse en un verdadero dolor de cabeza. Creo que por ética las encuestadoras deberían de reconocer junto con el INE que sus tecnologías son falibles e inexactas muy por arriba casi siempre del 3.5 por ciento del margen de error, y que no deberían ser tomadas tan en serio por los electores como un baluarte de la ciencia social y la "objetividad".

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

De la abdicación a la imprudencia

No avivemos la hoguera

¡No puede ser de otra manera!

Simplismo y eficacia

El gobierno de Fuente Ovejuna.

El sindicato de Elba Esther.

Protagonistas de piedra

Carta al gobernador Silvano Aureoles

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición

Atraco a los bosques

La trampa

Bagatelas en lugar del oro

Que arda la corrupción, no los bosques

Ceguera antilaboral

No había entrado a un lugar parecido

La sorpresa

El que da y quita

El arte de inducir olvido y confusión

Crónica de 3 desacatos o el reto a las instituciones ambientales

Sierra de Madero: deforestó, robó, se burló de juez federal y está libre

¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?

No es la envidia, es la fragilidad

¿Qué esperaban?

Julio Santoyo Guerrero

Mireles, la venganza de un sistema omiso

¿Quién quemó Roma?, ¿acaso Kate del Castillo?

Por una jodida placa

Reconsideración

Pagar y castigar

El tino de Arnaldo

Silvano y Nuño

El traje del gobernador

Voluntarismo y gobernabilidad

Los vulnerables municipios

El bono de confianza

Silvano y el recurso de la política

Días de mea máxima culpa

El paso decisivo

Libres y cortesanos

Informe oficial de la realidad

Silvano y el minotauro de papel

No debe pasar

Sembradores de lumbre

Los hombres del presidente

Ojalá sólo fuera el organigrama del gobierno

\"Inteligencia, honestidad y huevos, si no va a valer madres\"

De resultados y de oficio político debe ser

El respiro del 7 de junio

La era del nuevo comienzo

¡Votamos por la democracia!