Ramón Guzmán Ramos
Docencia y lucha social
Sábado 19 de Mayo de 2018
A- A A+

El profesor Casimiro Méndez Ortiz adopta un tono de orgullo en su voz cuando me dice que nació el 7 de noviembre de 1977, en el 60 aniversario de la toma del Palacio de Invierno –según el calendario gregoriano- que dio inicio a la Revolución Bolchevique. Bueno, sí, le digo, en el calendario juliano, que estaba vigente en la Rusia zarista, la fecha corresponde al 25 de octubre. En su caso, la fecha de nacimiento marcó de una manera indeleble su destino. Independientemente del curso posterior que tomó la Revolución Rusa, el impulso original que hizo posible ese movimiento y la visión que los bolcheviques se propusieron como horizonte histórico no han perdido vigencia. No es verdad que hayamos llegado al fin de la historia y que el capitalismo depredador sea la única opción que tiene la humanidad. La utopía igualitaria es hoy más necesaria que nunca. De ahí que él, desde que tiene memoria, haya decidido definir el rumbo de su vida por el lado de la izquierda, es decir, con la gente que sufre de distintas maneras los efectos nocivos de esta versión neoliberal del sistema económico que domina al mundo.

Al profesor Casimiro Méndez me lo encontraba con cierta frecuencia en las movilizaciones del magisterio y en algunos eventos culturales. No era raro ver que le ofrecieran el micrófono para que explicara los pormenores de la reforma educativa y el modo como ésta elimina los derechos laborales de los docentes y termina por convertirse en una amenaza para la educación pública. A veces compartíamos algún trecho en la marcha y hablábamos de la situación extrema en que se halla el país. Había que hacer algo. El movimiento sindical no es suficiente, sobre todo cuando no es capaz de ver y actuar más allá de sus límites conceptuales y sus intereses estrictamente gremiales. La vocación por la docencia le viene desde niño, cuando estudiaba la primara y su maestra le llegó a dar lecciones en alguna movilización. Llegaría a adquirir conciencia de que ser maestro tiene una proyección pedagógica y social más allá del aula. Y se dijo que eso era lo que él quería ser y hacer en la vida. Originario de Sicuicho, municipio de Los Reyes, estudió la Licenciatura en Educación en la Normal Indígena de Cherán. Hizo luego la Licenciatura en Historia en la Escuela Normal Superior de Michoacán. Después, la Maestría en Educación Básica en la Universidad Pedagógica Nacional. Y actualmente se encuentra estudiando un Doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad Santander. Es un mito la versión infame que ha difundido el gobierno federal en el sentido de que los maestros no se preparan por su cuenta y que no tienen un compromiso a fondo con la enseñanza.

Los niños tenían que salir de su localidad para ir a estudiar a otras partes.
Los niños tenían que salir de su localidad para ir a estudiar a otras partes.
(Foto: Cuartoscuro)



Padre de dos hijas: Blanca Estrella, de 13 años; y Abigaíl, de 9, Casimiro Méndez recuerda que él participó en un programa de vivienda que el Ayuntamiento de Uruapan promovió en la localidad conocida como El Milagro. Allí se hizo de un lote para construir su casa. Dice que en una ocasión caminaba por las inmediaciones con su esposa Norma Delia y vio a varios niños que iban con su mochila a la espalda. En la colonia no había escuela, ni jardines, ni espacios deportivos o de entretenimiento, mucho menos centros culturales. Todo era feo, recuerda, con polvo y sin un lugar donde regocijar la mirada. Le dijo a Norma Delia que le hubiera gustado que los niños lo saludaran, que lo vieran como lo veían sus propios alumnos de primaria en Capacuaro, donde daba clases. Es que no te conocen, le dijo ella, ¿pero por qué no los saludas tú? En la colonia hacía falta una escuela. Los niños tenían que salir de ahí para estudiar a otras partes. De manera que él se propuso crear allí una escuela para que esos niños a los que él quería, desde ya, no tuvieran que trasladarse a lugares distantes. Se dedicó a hacer los trámites que le pedían y el 19 de enero de 2015 dio inicio a las clases. El primer día ya contaba con 32 alumnos de diferentes grados a los que atendió con el mayor de los gustos. Convocó luego a otros maestros, sobre todo de Cherán, para que participaran en el proyecto y crearan también una escuela de educación inicial y una de preescolar. La SEE se tardó dos años en darles las claves oficiales. El problema mayor, dice, que por cierto aún no se resuelve formalmente, es el del nombre de la escuela.

El profesor Casimiro Méndez deseaba que la escuela tuviera el nombre de Leonel Calderón Villegas, pero desde el primer momento la SEE se negó rotundamente. La institución le proponía que le pusiera Centenario de la Constitución y entonces recibiría todo el apoyo para que se convirtiera en una escuela modelo. El mentor me comenta que la SEE deseaba lucirse en esta conmemoración con el esfuerzo de otros. Por otro lado, agrega, la Constitución que tenemos ahora no es la misma que surgió de la Revolución en 1917. La han mutilado y transformado tanto que ha quedado irreconocible. Leonel Calderón Villegas fue un abogado y maestro defensor de los derechos indígenas, un luchador social que vivía el drama de los pueblos desde adentro, a ras de suelo. Casimiro lo conoció en la lucha social. Aprendió mucho de ese abogado de los pobres que combinaba la lucha social con la docencia, aunque, a decir verdad, no hay una línea que las separe. La docencia debe basarse en una pedagogía del oprimido, como sostenía Paulo Freire. La ciencia y la cultura deben ser liberadoras o no son. Calderón Villegas participó también en la lucha magisterial. Estuvo en el área jurídica de la Sección XVIII. En ese cargo lo sorprendió la muerte el 1 de junio de 2008 en un accidente de carretera, cerca de Pátzcuaro, cuando viajaba en una combi a una comunidad cercana. Le pregunto por el nombre definitivo de la escuela. Me dice que la escuela se llama Leonel Calderón Villegas y que el sello, la papelería y todos los trámites se hacen con este nombre. A la SEE no le quedará sino reconocer un hecho que es ya irreversible.

Es uno de los fundadores de Morena en Uruapan, se podría decir que también a nivel estatal. La función del maestro, dice, no puede limitarse sólo al aula, a la escuela, aunque, por supuesto, debe partir de ahí y es allí donde ha de mostrar la mayor capacidad que pueda alcanzar. No se trata, argumenta, de seguir sólo a un hombre, cuyo liderazgo se ha forjado a golpes de piso durante varios años. Lo que pasa en el país afecta de una manera directa a los niños y a los jóvenes, a sus familias, a sus comunidades. El primer deber de todo maestro es lograr que el conocimiento construya en sus alumnos una conciencia crítica del mundo. Pero tampoco puede quedarse en ese nivel. La praxis pedagógica debe conducirlo necesariamente a una praxis social y política. El maestro debe proponerse cambiar las cosas del mundo que hacen del ser humano un ser desdichado. Por eso su labor trasciende las paredes del aula y de la escuela. Como ciudadano, ha de unirse a los esfuerzos que provienen de la sociedad para lograr un mundo mejor. Dice que lo convenció el plan alternativo de nación que ha propuesto AMLO.

Reconoce que sería apenas la plataforma para crear en el país condiciones dignas de vida para todos. No hace mucho le llegó la noticia por vía telefónica que ha quedado en el número 12 de la lista para senadores por la vía plurinominal. Dice que él no lo buscó, que aún lo está digiriendo. Le pregunto que cuál sería su prioridad en el Senado si llegara a quedar, si no corre el riesgo de llegar a formar parte de la clase política que se ha llenado de privilegios y que se hace rica al amparo del poder. Me dice que su prioridad sería acabar con la precariedad del trabajo, recuperar las condiciones dignas y todos los derechos laborales que se han perdido; que todos puedan vivir bien de su trabajo. De lo otro, me dice, es cuestión de principios; los políticos se corrompen y se separan de la sociedad porque carecen de principios. Los principios han de guiar cada paso en la vida de cada quien. En su caso, señala, los principios han sido los que le han dado la razón para vivir.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

¿Y de quién es el 68?

Las tortugas son lo que son

Intolerancia a la crítica

Pandora

La escuela al centro (de la violencia)

Entre modelos (educativos) te veas

El retorno de Elba Esther y las vicisitudes de la CNTE

Pacificación

La cultura en la etapa de transición

Hacia dónde

Docencia y lucha social

Las comunidades indígenas y el voto a fuerzas

El voto útil

La educación en Rosseau

El timing de Jorge G. Castañeda

La estrategia

Ética y política

La disputa por el SNTE

La perversión del lenguaje

Ya sabes quién

El fantasma de Nochixtlán

Movilización y represión

Trilogía herética

Pesimismo revolucionario

Cuestionamientos de fin de año

Independentistas

La naturaleza del poder

Marichuy

La revolución en su laberinto

La toma del cielo por asalto

Una dictadura disfrazada

En defensa propia

Normalistas

Por la candidatura presidencial

Una utopía menor

La hora de Comala

El segundo más violento

Conflicto en Bachilleres

Arantepacua en el corazón de Bachilleres

Opacidad

Ingenuidad

Bono de fin de año

Frente amplio electoral

El socialismo irreal

País en vilo

Del pasmo a la resistencia

CNTE: Un balance necesario

Ícaro y el arrebato del vuelo

Y retiemble en sus centros la Tierra

Gobernabilidad cuestionada

El hombre como un ser erróneo

Adolescentes embarazadas

Rechazados

La necia realidad

¿Cuántas veces última?

La vuelta a clases

El enfoque crítico en educación

El Diablo no anda en burro

La imaginación y la subversión de la realidad

Entre la incompetencia y la demagogia

Educación para la vida

Las trampas del diálogo

Diálogo

El profesor Filemón Solache Jiménez

La mujer es la esclava del mundo

Culpables, aunque demuestren lo contrario

Razón de Estado y Estado sin razón

La amenaza y la represión como oferta de diálogo

Albert Camus y el mito de Sísifo

Albert Camus y el mito de Sísifo

El oficio de escribir y la emergencia de la realidad

Los brazos de Sísifo

Ayotzinapa: Tiempo funeral

La cultura al último

Estado de excepción

Cherán y su rechazo al Mando Único

Sección XVIII: El congreso inconcluso

C e s a d o s

Reminiscencias

Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta

El amor en la boca del silencio

El amor en la boca del silencio

Francisco superstar

Partir de cero y quedarse allí

Comisionados sindicales

Cómo distraer a un país

Que paguen los que siempre pagan

El debate por la cultura

Democracia sin oposiciones

Normalistas de Michoacán: Las otras tortugas

Colectivos pedagógicos

Evaluación con policías y leyes a conveniencia

La violencia nuestra de todos los días

La suerte de Renata

La piedra de Sísifo

Contra la imposición

Ícaro y el arrebato del vuelo

La culpa la tiene el pueblo

El fin de las utopías

Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura

La era de Pandora

El otro debate

La estrategia del endurecimiento

Yo soy 132

Evaluar para sancionar

Célestin Freinet

En busca de Jorge Cuesta

Iniciación a la lectura

Cherán y su relación con los partidos

Deslinde

Encuentros

Una vida

Después de la oscuridad