Estrellita M. Fuentes Nava
Mar de información
Viernes 18 de Mayo de 2018
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Vivimos en un mar de datos, números, citas, estadísticas, información, video-series, películas, sonidos, programas, debates, campañas, declaraciones, analistas, portales web, imágenes, noticias, espectaculares, anuncios… son miles y miles de estímulos a los que estamos expuestos, y cada uno de ellos compite por llamar nuestra atención.

Y ahora, como nunca, podemos también a la vez producir nuestros propios contenidos y competir en ese mar de streaming: subimos en Facebook nuestros estados de ánimo, los lugares que visitamos, lo que comemos, hay quienes son videobloggers y dan consejos de todo cuanto se les apetece. Sin embargo, ¿cuánto de todo ello alcanzamos a digerir, internalizar y a partir de ello volver a crear nuevas ideas, nuevas vías, nuevas maneras? Peor aún, la lógica económica nos ha comido el tiempo, y si no es porque corremos entre el empleo y las obligaciones diarias, o nuestra cabeza está fija en la idea de cómo sortear el día a día, se reduce aún más la posibilidad de pensar o abstraer lo que el mundo de la información nos ofrece.

Con todo ello vivimos sólo con lo elemental de las ideas, lo primero que tenemos a la mano, lo que nos es más fácil digerir o conseguir, lo que escuchamos en nuestro círculo cercano o por causalidad en la calle, lo que medio alcanzamos a leer en los titulares de los diarios, pero no nos alcanza para profundizar, reflexionar, comparar, analizar, sintetizar. Ni siquiera el silencio para estar con uno mismo lo tenemos; eso es un lujo ya. Y en medio de esa atomización de pensamientos y el raquitismo mental, tenemos que elegir el nuevo sistema que nos plantea el futuro del país. ¡Vaya tarea!

 Hoy la información vale poco y nos es ajena; de ella es poco lo que nos apropiamos y asimilamos y además no nos pertenece, por lo que se vuelve utilitaria y desechable.
Hoy la información vale poco y nos es ajena; de ella es poco lo que nos apropiamos y asimilamos y además no nos pertenece, por lo que se vuelve utilitaria y desechable.
(Foto: Cuartoscuro)


En torno a las elecciones próximas medio tenemos claro lo que no queremos, que es más de lo mismo: la misma pobreza, la misma miseria, la misma corrupción y los mismos actores robando cuanto pueden, con sus mismas políticas ineficaces y endebles. Pero lo que no sabemos aún es la vía, queremos un cambio y hay quienes nos lo ofrecen, pero no tenemos el tiempo, y peor aún, la calidad de datos suficientes para poder tomar una decisión sabia. Y mientras estamos tratando de sostenernos de pie en medio de las oleadas de información, quizás haya quienes se adelanten en decidir por nosotros.

La vida moderna nos ha robado el tiempo y las ideas, y eso es una ironía, porque hoy que tenemos la posibilidad de acceder a cuanto dato necesitemos en el momento, comunicarnos a la distancia de manera inmediata, o simplificar los procesos gracias a las herramientas digitales y robóticas, cada vez vivimos más saturados de cosas por hacer y cortos de realidad y de calidad.
Me imagino a los pensadores desde la época antigua hasta la Edad Media nos revolucionaron con sus ideas y heredaron tesoros a través de sus libros o enciclopedias, ensayos, cartas, diarios o fórmulas. Dedicaban día y noche a estudiar, a experimentar, escribir, viajar, soñar, crear y a enseñar. Hoy es tarea casi imposible. También hubo un tiempo de las tertulias o de los círculos intelectuales donde se gestaron grandes epopeyas que quedaron plasmadas en el hilo de nuestra historia, hoy se han visto reducidas a reunimos en blogs para discutir trivialidades, o a un café de rapidito, porque ya casi nadie tiene contacto por la distancia o por el trabajo.

La información además se ha devaluado. La tradición oral de nuestros antiguos que se transmitía de generación en generación llevaba consigo una carga emocional que era motivo de orgullo, de sentido de pertenencia, y nos aleccionaba sobre los ciclos de la vida y la naturaleza para saber qué hacer y qué no hacer cuando las encrucijadas se presentaban. Hoy la información vale poco y nos es ajena; de ella es poco lo que nos apropiamos y asimilamos y además no nos pertenece, por lo que se vuelve utilitaria y desechable.

Sería interesante plantearnos por ejemplo una nueva revolución como esa: la de las ideas y la conquista del tiempo. Eso nos convertiría en ciudadanos verdaderamente libres y conscientes, y no fácilmente manipulables. Recuperaríamos la conciencia de nosotros mismos, nuestra posición en el mundo, y a partir de ello la capacidad de acción. No podemos seguir viviendo absortos en un imaginario que no nos pertenece. Construir nuevos significados que nos sean comunes y nos den sentido, esa es la tarea…

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