Alma Gloria Chávez
Soy el museo de Pátzcuaro
Jueves 17 de Mayo de 2018

“Los museos colectan historias y transmiten la memoria de las comunidades en las que vivimos, dando a sus visitantes la oportunidad de descubrir y redescubrir un pasado individual y colectivo”.

Alejandro Sabido, museólogo del INAH.

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“Soy Casa de musas y una ventana abierta al pasado, al presente y a todo el porvenir que se pueda construir, partiendo de una identidad, una raíz y una mejor comprensión de las relaciones que se establecen entre los seres humanos y la Naturaleza.

Me encuentro situado en la parte Oriente de la ciudad que antiguamente fue llamada Petatzécuaro y formo parte del conjunto arquitectónico colonial en donde estuvo un importante centro ceremonial precolombino, parte de cuyos vestigios se pueden apreciar en un espacio dentro de mis instalaciones y apenas ‘descubierto’ por casualidad a principios de los años 70 del siglo XX.

Si quieres ahondar en la historia de Pátzcuaro, debes saber que en este sitio, originalmente, se fundó el antiguo Colegio de San Nicolás Obispo, aproximadamente en 1540, sirviendo además como sede para los afanes evangelizadores, repobladores y educativos del abogado integrante de la Segunda Audiencia llegada a estas tierras dominadas entonces por los purépecha: Vasco de Quiroga, a quien por suficientes méritos fue nombrado obispo por el rey de España.

Mi historia a través de los siglos ha sido apasionante y digna de ser conocida (como la de todo patrimonio cultural): mis primeros 300 años de vida marcaron mi carácter y estilo arquitectónico; adaptado para las labores docentes aquí desarrolladas. La Orden de la Compañía de Jesús me ocupó, luego de la muerte de Tata Vasco, continuando sus actividades educativas hasta su expulsión, a finales del siglo XVIII. A los jesuitas se debe, sin duda, la decoración pictórica que aún se distingue en algunos de mis muros, y que al parecer fue muy bella y elaborada, apreciándose en ella el rojo obtenido de la ‘grana cochinilla’, nuestra aportación al mundo de las artes.

Durante el siglo XIX y hasta principios del siglo XX, los diversos usos a que fui sometido, modificaron de alguna manera mi arquitectura, dando como resultado la forma que hoy conservo, siendo hasta el año de 1938 y gracias a personalidades de este lugar que solicitaron al entonces presidente de la República, general Lázaro Cárdenas del Río, la expropiación de mis instalaciones, cristalizando así el deseo de convertirme en museo, pasando posteriormente a integrar la Red Nacional de Museos Regionales del Instituto Nacional de Antropología e Historia desde su creación.

Desde mi fundación como museo, he sido destinado para albergar una muestra amplia y variada de la producción artesanal que la cultura purépecha y otras poblaciones mestizas han heredado y continúan reproduciendo a través de generaciones. Y más recientemente, desde el año 2010, mi guión museográfico ha sido adaptado, ponderando la presencia de las artes y los oficios del pueblo purépecha; visibilizando a las personas que crean y dotan de identidad a cada producto, fiesta y ceremonia, así como los saberes y habilidades milenarios, que se transmiten teniendo como guía una visión del mundo propia e intransferible.

El recorrido por mis doce espacios, divididos por temas y técnicas antiguas y algunas bastante elaboradas (como la pasta de caña de maíz o el maque), permite acercarnos a la vida e historia de hombres y mujeres de la Región Lacustre, de la Ciénega, de la Meseta y de la Cañada. Mis salas, patios y corredores, además del espacio donde se aprecian vestigios de la plataforma prehispánica, seguramente complementarán lo que se conoce de Pátzcuaro: ‘El lugar de los cuatro Cúes’, ‘por donde se asciende al inframundo’, o ‘donde los hombres se comunican con los dioses’. Acepciones todas, que se refieren a este sitio como la Ciudad Sagrada o de Culto a las Deidades.

Resulta interesante también saber de la convivencia tan estrecha que he tenido con uno de los manantiales que alimentan, no sólo a los pobladores del sitio, sino al mismo lago. Se le conoce como El manantial del milagro, siendo su nacimiento un lugar estratégico que señala el sitio fundacional del Pátzcuaro prehispánico y el Pátzcuaro colonial.

Mi ubicación, entonces, resulta privilegiada: me encuentro en la esquina que forman las calles de Enseñanza y Alcantarilla en el centro de Pátzcuaro, desde donde contemplo la parte norte de nuestra señorial plaza principal. El horario de atención al público, por trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, es de martes a domingos, de 09:00 a 17:00 horas. La admisión para visitarme es de 55 pesos, siendo los domingos entrada gratuita para el público nacional y extranjero residente en el país. El resto de los días, la entrada es gratuita para niños/as menores de trece años; personas mayores de 60, pensionados y jubilados con credencial vigente; personas con discapacidad, maestros y estudiantes con credencial vigente de instituciones educativas adscritas al Sistema Nacional de Educación.

Durante el año tenemos actividades educativas dirigidas a estudiantes y grupos interesados: talleres en diversas temporadas o programados previa cita; exposiciones temporales, montajes e instalaciones, recorridos guiados, visitas a escuelas y centros educativos y un tablero informativo que da cuenta de efemérides y personajes locales y de la región, así como de sitios y monumentos de interés. Pueden obtener más información y programar visitas al teléfono 342-10-29.

Recuerden: un museo siempre es un canal para el conocimiento de uno mismo y del medio que nos rodea. Cuando me visiten, siempre serán bienvenidos y bien atendidos por el personal que me custodia y juntos, aprenderemos a conocernos más.

El próximo 18 de mayo estaré celebrando, junto a hermanos de todo el mundo, el Día Internacional de los Museos, fecha propuesta por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, desde el año 1977, con el propósito de reconocer la contribución de estos recintos en el desarrollo de la sociedad, al preservar, reunir, conservar, estudiar, interpretar, exhibir y divulgar, evidencia material e inmaterial, cultural y natural, artística y científica, histórica y tecnológica, de la evolución del hombre y de la naturaleza: en diálogo y armonía.”

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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