Sábado 5 de Mayo de 2018
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Al fin aceptaron que la campaña de José Antonio Meade Kuribreña es un desastre y que no augura sino una derrota catastrófica tanto para el PRI como para el proyecto político de Enrique Peña Nieto. Les urgía dar un giro de timón para tratar de remontar la distancia enorme que lo separa de Andrés Manuel López Obrador, quien se mantiene en la punta a pesar de la guerra sin cuartel que han desatado en su contra. El relevo en la presidencia nacional del PRI se hace cuando corría fuerte el rumor de que podía darse alguna negociación en lo oscuro para sacrificar a Meade y encumbrar a Anaya como el candidato único de las fuerzas políticas y los poderes económicos de derecha que dominan al país. Sorprende que no hayan relevado también de su cargo como coordinador de campaña a Aurelio Nuño Mayer, quien en su paso por la SEP se propuso aniquilar, sin lograrlo, la resistencia que el magisterio rebelde le opuso desde su origen a la imposición, por la vía policíaca, de la reforma educativa.

René Juárez Cisneros tomó protesta del cargo de presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional.
René Juárez Cisneros tomó protesta del cargo de presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional.
(Foto: Cuartoscuro)



De lo que no se han percatado es de la verdadera causa que mantiene a Meade en el sótano de las preferencias electorales. Ni siquiera es él mismo como personaje al que le han dado un papel para representar lo que sencillamente no le sale como una convicción auténtica. El problema que enfrentan el PRI y el presidente Enrique Peña Nieto es de fondo y les atañe directamente a ellos. El retorno del PRI al poder en 2012, después de perderlo por primera vez en 2000, agudizó hasta el extremo la crisis sistémica que venía enfrentando el Estado mexicano desde hace décadas y que se ha traducido en violencia sin control, eliminación de los derechos fundamentales de los trabajadores y de la sociedad en general, la entrega sin rubores de nuestros bienes nacionales a intereses particulares, el incremento de la pobreza y la miseria, la precariedad del empleo y el salario insuficiente, la inseguridad ciudadana, la quiebra generalizada de las finanzas públicas, la separación abismal entre gobierno y población. La sociedad mexicana se ha convertido en una víctima recurrente que no ha dejado de sufrir los efectos de esta crisis. Todos ven en el gobierno al responsable directo, por comisión u omisión, de la barbarie que nos ha caído encima y que se ha apoderado de prácticamente todos los espacios públicos y privados. De manera que la gente ve a Meade como el representante directo de los responsables de esta tragedia nacional. En estas circunstancias no habrá estrategia que valga, salvo un golpe de mano de último momento, lo cual sería temerario y de consecuencias impredecibles, para catapultar a Meade y colocarlo realmente en la competencia.

La situación del candidato de EPN se ha vuelto tan endeble que Anaya la ha aprovechado para fortalecer su propia posición y tratar de sumar a su candidatura el reducido capital electoral que le queda a Meade. Fue por ello que se habló de una negociación secreta para que algo así ocurriera. De pronto, sin embargo, todos los probables involucrados lo negaron rotundamente, incluyendo a algunos empresarios que habrían presionado al presidente Peña Nieto para que se lograra el acuerdo. Anaya ha incorporado ahora a su estrategia electoral, bajo la asesoría intelectual de Jorge G. Castañeda, el viejo recurso del voto útil que funcionó para terminar de coronar el triunfo de Vicente Fox en 2000. Castañeda olvida que las circunstancias son totalmente distintas. En la contienda presidencial de 2000 había en la sociedad el interés de sacar al PRI de Los Pinos a fin de que se lograra la anhelada alternancia. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano contendía por tercera vez y era obvio que no tenía posibilidades reales de ganar. De manera que el llamado al voto útil para que un porcentaje considerable de simpatizantes de Cárdenas transfiriera su voto a favor de Fox, es decir, de la alternancia, se convirtió en el impulso que Fox necesitaba para llegar a la Silla Presidencial. Con el tiempo, sin embargo, se demostró que el llamado voto útil es en realidad un voto pragmático. Quienes lo ejercen lo hacen porque creen que hay que alinearse con el potencial triunfador, independientemente de todo lo demás. Ahora sabemos en qué se convirtió el gobierno de Fox y para qué le sirvió al país la alternancia por el lado de la derecha. El mismo Castañeda renunció a su cargo de Secretario Relaciones Exteriores a mitad del sexenio foxista. En la circunstancia actual, el llamado al voto útil, si tuviera alguna viabilidad, sería entre los seguidores de Meade y no entre los seguidores de AMLO, que, a diferencia de Cuauhtémoc Cárdenas en 2000, es ahora el que se mantiene en la punta, con una distancia grande con respecto a Anaya y abismal con respecto a Meade.

Lo que se muestra cada vez más claro es que existe un realineamiento de facto de las derechas que compiten en la disputa por el poder, en su caso por el botín presidencial. Tanto Anaya como Meade han coincidido en mantener una actitud de ataques virulentos, sistemáticos, que rayan en la paranoia política, en contra de quien hasta el momento se mantiene en las preferencias mayoritarias de la población. Han tratado de resucitar el viejo fantasma del miedo y del peligro para México, como si las circunstancias de ahora fueran las mismas que en las elecciones pasadas. El problema es que no han entendido que la gente vive ya en una atmósfera de miedo constante y que el verdadero peligro para nuestro país han sido ellos. Cuando acusan a Andrés Manuel López Obrador de asumir posturas mesiánicas, populistas, y de llevar a México al atolladero en que se encuentra Venezuela si llega a la Presidencia de la República, ignoran olímpicamente que la situación de violencia, de ingobernabilidad, de crisis económica, de represión hacia los movimientos independientes, de pobreza e inseguridad es nuestra realidad de todos los días. Es por ello que sus mensajes de odio no han permeado la conciencia de la sociedad. La gente ya no se deja manipular tan fácilmente y tiene claro quiénes son los responsables de su viacrucis actual.

Habría que esperar, en todo caso, que el llamado voto útil se diera en una dirección distinta a la que Anaya y su equipo esperan. Hay que recordar que fueron las cúpulas de los partidos quienes presionaron desde el principio para formar la coalición Por México al Frente en una mezcla por demás extraña de ideologías y posiciones políticas que durante un tiempo fueron irreconciliablemente antagónicas. Esto provocó en su momento que miles de perredistas, tanto de la base como de la estructura organizativa, decidieran abandonar este partido y pasarse a las filas de Morena. Es bastante probable que muchos de los que se quedaron por razones muy propias a la hora de acudir a las urnas decidan votar por López Obrador. Digamos que es una tendencia subterránea que habrá de mostrarse el mero día de los comicios.

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