Ismael Acosta García
Carlos Slim, al ring del oprobio político
Sábado 21 de Abril de 2018
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La campaña del Meade no levanta y los grandes capos de la mafia del poder se ven obligados acudir a todas las malas artes y actores políticos para detener el avance de El Peje en la carrera presidencial. Todas las estrategias ensayadas hasta el momento no sólo no han funcionado, sino que, para sus males, se han revertido notoriamente, según datos que arrojan las encuestadoras más serias en el día a día de la carrera presidencial.

La campaña del Meade no levanta y los grandes capos de la mafia del poder se ven obligados acudir a todas las malas artes y actores políticos para detener el avance de El Peje en la carrera presidencial.
La campaña del Meade no levanta y los grandes capos de la mafia del poder se ven obligados acudir a todas las malas artes y actores políticos para detener el avance de El Peje en la carrera presidencial.
(Foto: TAVO)


El tiempo se acorta y los titiriteros meadeños se han visto obligados a apostar todo su resto en acciones cada día más espectaculares y temerarias como las sucedidas en esta semana que concluye. Todo inició el 12 abril con el llamado desesperado del Meade al dirigirse a un contingente de antorchistas en Ixtapaluca; les arengó para que, en su reconocida condición de banda delincuencial, “frenaran” definitivamente al candidato que hoy encabeza la preferencia del electorado mexicano. Esto no tendría mayor importancia si el llamado se hubiese dirigido a un grupo de la sociedad civil “civilizado”, pues todos sabemos la forma violenta y fuera de la ley con que se conduce esta tristemente célebre organización priista paramilitar. La respuesta inmediata de Aquiles Córdova Morán, comandante de las huestes antorchistas, fue por demás agresiva y amenazante, como se observa en los videos difundidos por las redes sociales, dejando en claro que esta organización apoyará “con todo y como sea” la candidatura de Meade. A este legendario enemigo social sólo le faltó recitar el discurso del clásico michoacano de su calaña que ofreció: “Hasta matar a un cabrón” para lograr su objetivo. De ese nivel son estas linduras.

La segunda acción fue la temeraria denuncia que hizo Meade acusando a López Obrador de “estar detrás de los hechos” suscitados en su visita a Oaxaca, en donde los maestros vilipendiados, agredidos y lesionados –dos de sus compañeros asesinados– por Aurelio Nuño al tratar de imponer a sangre y fuego literalmente la pretendida evaluación educativa, llevaron a cabo una manifestación de repudio al candidato priista y a su coordinador de campaña sobre quien pesa la probable responsabilidad de asesinato intelectual de esos y otros muchos maestros mexicanos.

La tercera acción fue traer al ring del oprobio político al magnate Carlos Slim para tratar de hacer la defensa del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), en un acto verdaderamente sorpresivo dada la distancia que el beneficiario número uno de Salinas venía adoptando en materia de política electoral. Con esta acción, el miembro del top ten de los riquillos de Forbes dio evidencia clara de sus verdaderos orígenes priistas que a través de los años le han llevado a ser, en algún momento el hombre más rico del mundo. Sí, en una nación donde se dan las más desgarradoras desigualdades y miserias de buena parte de su población.

Pero, y ¿cuál es el origen político de Carlos Slim? Veamos: el comienzo de su emporio se sitúa en los 80, la década perdida para los mexicanos pero no para él, que se enriqueció comprando empresas en quiebra (http://www.nytimes.com/es/2016/08/09). Hacia 1984, Slim se unió a grandes millonarios mexicanos en la compañía Libre Empresa SA, que tenía como objetivo explícito consolidar una estrategia para hacer viable el proyecto del PRI en el poder y adquirir todas las empresas operadas por el Estado para “auxiliarlo en sus responsabilidades”.

Pero la movida clave de Slim fue en el marco del gobierno priista de Salinas de Gortari, que propició más que ningún otro la reestructuración (desindustrialización, desnacionalización, etcétera) de México en virtud de las privatizaciones. En ese entonces, el empresario mexicano incursionó en el mercado de las telecomunicaciones, impulsado por la privatización en Teléfonos de México a precios muy bajos, creando Telmex y multiplicando por cuatro su riqueza. A partir de allí surge Telcel, la empresa de telefonía móvil más grande de América Latina, y la compañía se diversifica: brinda servicios bancarios, de Internet, vende seguros y equipos para la industria petrolera, adquiere la cadena de Hoteles Calinda (1991), Condumex y la mayoría de General Tire y Grupo Aluminio (1993), Sears Roebuck (1997) y Pastelería Francesa El Globo (1999). También incursionó de lleno en el negocio de la “libre expresión” al comprar acciones de The New York Times donde, para principios de 2016, se convierte en el mayor accionista. Estas y muchas otras incursiones empresariales son del dominio público y no nos detendremos en señalarlas para dar paso al tema principal, que es evidenciar el perfil partidista de Slim.

El magnate adquiere gran visibilidad en el círculo cerrado del poder político en México a partir de sus opiniones con respecto a Donald Trump, ante una clara “inoperancia” mostrada por el gobierno de Peña Nieto. Una de las primeras noticias sobre su postura es de finales de junio de 2015. En ese entonces, Slim desistió de trabajar en un proyecto con Trump debido a declaraciones “fuera de lugar” del millonario estadounidense, que “hacían referencia a los inmigrantes mexicanos como delincuentes”. Fue en enero de 2017 cuando se concretó la aparición triunfal del magnate como “voz política” autorizada ante las decisiones tibias de Peña Nieto en relación con la construcción del muro en la frontera. De este modo estalló la política mexicana y, en este estallido, hacía falta “una voz confiable, seria y creíble” como la de Slim. Así que él convocó a su propia conferencia de prensa, en la que llamó a la “unidad nacional”, asegurando que “la mejor manera de hacer frente a la situación es generar oportunidades para los mexicanos en México desarrollando la economía interna”. De esa manera se erigió en la voz tácitamente autorizada del gobierno mexicano.

No es por demás recordar que en febrero de 1993, en la casa de don Antonio Ortiz Mena, fue la cena con un selecto grupo de empresarios a los que se les pidió apoyo para la campaña del PRI, hecho que inauguró lo que hoy se conoce como “pase de charola”. A partir de ahí se ha señalado que Carlos Slim Helú siempre ha apoyado con recursos económicos a candidatos priistas y panistas por igual.

Conviene destacar un “detalle” sobre su pasado. Su hermano, Julián Slim Helú (fallecido en 2011), integró la Dirección Federal de Seguridad en plena “guerra sucia” y estuvo implicado al menos en una escena de persecución y tortura en noviembre de 1974, la de un sobrino del ex presidente López Mateos. En una serie de entrevistas en 2011, cuando Slim fue inquirido sobre esta cuestión, prefirió no hablar de eso, diciendo que “a nadie de la familia le gustaba que estuviera en el gobierno” (http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/21).

Hoy parece que el magnate ha cambiado de opinión respecto de esa distancia, y de la noche a la mañana se ha convertido en el golpeador de lujo de la camorra meadista “Todos unidos contra López Obrador”. Lo seguro es que esta historia, y otras de ese tipo, están bien cimentadas en ese camino que parece abrirse paso hacia la escena política de la guerra sucia en los próximos días.

La relación perversa entre Slim-PRI, más un contrato por 85 mil millones de pesos para la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, son la razón de la incursión al ring del oprobio político del magnate salinista. Es cuanto.

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