Viernes 13 de Abril de 2018

A Emilia y Gilberto.

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Otro 13 de abril, como hoy, pero de 1695, murió en París, Francia, el célebre cuentista y fabulista francés Jean de La Fontaine, de quien sin duda, aun y sin saber su autoría, la gran mayoría conocemos, como mínimo, las populares fabulas “La Cigarra y la Hormiga”, “El Cuervo y el Zorro”, entre otras.

Las fabulas son maravillosas, de manera breve y didáctica nos dan un sabio consejo –moraleja–, y desde Esopo hasta nuestros días han servido para educar de manera divertida a nuestra infancia, aunque debo decir que las más de las veces sólo los adultos, y no todos, logramos comprender las moralejas, pero de que los infantes se divierten con la interacción de animales y seres inanimados es un hecho.

El punto es que las fabulas nos son muy útiles a los adultos en pleno siglo XXI para enfrentar nuestra cotidianeidad. Sírvanos de ejemplo algunas fabulas que comparto, como tributo a La Fontaine, en su aniversario luctuoso, a continuación:

Las fabulas nos son muy útiles a los adultos en pleno siglo XXI para enfrentar nuestra cotidianeidad.
Las fabulas nos son muy útiles a los adultos en pleno siglo XXI para enfrentar nuestra cotidianeidad.
(Foto: Especial)



“La Cigarra y la Hormiga



“La Cigarra, después de cantar todo el verano, se halló sin vituallas cuando comenzó a soplar el cierzo: ¡ni una ración fiambre de mosca o de gusanillo!
“Hambrienta, fue a lloriquear en la vecindad, a casa de la Hormiga, pidiéndole que le prestase algo de grano para mantenerse hasta la cosecha. ‘Os lo pagaré con las setenas’, le decía, ‘antes de que venga el mes de agosto’.

“La Hormiga no es prestamista: ese es su menor defecto. ‘¿Que hacías en el buen tiempo?’, preguntó a la pedigüeña. ‘No quisiera enojaros, contestole; pero la verdad es que pasaba cantando día y noche’. ‘¡Bien me parece! Pues, mira: así como entonces cantabas, baila ahora’”.

“El Cuervo y el Zorro



“Estaba un señor Cuervo posado en un árbol y tenía en el pico un queso. Atraído por el tufillo, el señor Zorro le habló en estos o parecidos términos: ‘¡Buenos días, caballero Cuervo! ¡Gallardo y hermoso sois en verdad! Si el canto corresponde a la pluma, os digo que entre los huéspedes de este bosque sois vos el Ave Fénix’.

“Al oír esto, el Cuervo no cabía en la piel de gozo, y para hacer alarde de su magnífica voz, abrió el pico, dejando caer la presa. Agarrola el Zorro y le dijo: ‘Aprended, señor mío, que el adulador vive siempre a costas del que le atiende; la lección es provechosa; bien vale un queso’.

“El Cuervo, avergonzado y mohíno, juró, aunque algo tarde, que no caería más en el garlito”.

“Las alforjas



“Dijo un día Júpiter: ‘Comparezcan a los pies de mi trono los seres todos que pueblan el mundo. Si en su naturaleza encuentran alguna falta, díganlo sin empacho: yo pondré remedio. Venid, señor Mono, hablad primero; razón tenéis para este privilegio. Ved los demás animales, comparad sus perfecciones con las vuestras: ¿estáis contento? -¿Por qué no? ¿No tengo cuatro pies, lo mismo que lo demás? No puedo quejarme de mi estampa; no soy como el Oso, que parece medio esbozado nada más’. Llegaba, en esto, el Oso, y creyeron todos que iban a oír largas lamentaciones. Nada de eso; se alabó mucho de su buena figura y se extendió en comentarios sobre el Elefante, diciendo que no sería malo alargarle la cola y recortarle las orejas, y que tenía un corpachón informe y feo.

“El Elefante, a su vez, a pesar de la fama que goza de sesudo, dijo cosas parecidas: opinó que la señora Ballena era demasiado corpulenta. La Hormiga, por lo contrario, tachó al pulgón de diminuto.

“Júpiter, al ver cómo se criticaban unos a otros, los despidió a todos, satisfecho de ellos. Pero entre los más desjuiciados, se dio a conocer nuestra humana especie. Linces para atisbar los flacos de nuestros semejantes, topos para los nuestros, nos lo dispensamos todo, y a los demás nada. El Hacedor Supremo nos dio a todos los hombres, tanto los de antaño como los de ogaño, un par de alforjas: la de atrás para los defectos propios, la de adelante para los ajenos”.

Moralejas: Seamos mesurados en la bonanza, preveamos siempre la posibilidad de tiempos duros, hagamos del ocio la excepción y no la regla. Huyamos de quienes nos adulan, y ante su presencia inevitable: oídos sordos. Centrémonos en nuestras fortalezas y debilidades, para potencializar unas y difuminar otras; que si nos ocupamos del otro, sea para dar ayuda y confort, no para la crítica y la destrucción.

En fin, la invitación a la lectura en general es el más grande consejo –no pedido– que puedo hacerles. En la literatura y en la historia siempre encontraremos herramientas para labrarnos un mejor presente, y por ende un mejor futuro.

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