Viernes 13 de Abril de 2018
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En el entorno social existen carreras que pueden ser consideradas como ingratas, porque, por un lado, si te va bien, si se hace un buen trabajo, todos agradecen y hablan maravillas del profesionista, pero, si por el contrario, las cosas no salen, se complican en exceso o hay una mala interpretación, puedes perder el registro para seguir ejerciendo de por vida, misma que ya te la han destruido porque te apartan de una carrera digna que tu vocación y espíritu de servicio eligieron.

Un caso ocurrido en noviembre de 2017 sale de nuevo a la luz pública por una sentencia judicial incriminando al doctor Luis Alberto Pérez Méndez, médico ortopedista pediatra de 30 años, quien participó en una operación de cierta fractura que requería intervención quirúrgica para ser corregida. Por desgracia el pequeño asistido era alérgico a un medicamento no reportado como tal, avivando una reacción que indujo un cuadro complicado al instante de la cirugía provocando la muerte, la muerte inesperada de un niño que aparentemente estaba sano; dicho episodio trajo consigo una estela de infortunios para Luis, hasta parar en la cárcel acusado de ¡asesinato doloso!

Con angustia escribió: “Si es que Dios existe, yo sé que es el único que sabe que yo intenté con toda mi alma que mi paciente se fuera bien. ¿Quién iba a pensar que presentaría la reacción alérgica más severa de todas a un medicamento que jamás se le había administrado? Cualquiera sabe que eso es imposible de saber, pero dicen que lo maté, y con dolo”.

Luis Alberto escribió en su desesperación: “Mi querido Dios, la sociedad me quiere crucificar, ¿por qué me has abandonado?
Luis Alberto escribió en su desesperación: “Mi querido Dios, la sociedad me quiere crucificar, ¿por qué me has abandonado?
(Foto: Especial)



En su joven trayectoria, el doctor ha salvado decenas de vidas, ha operado a decenas de personas con algún trauma corporal, nunca le dieron una medalla o un reconocimiento especial, pues estaba cumpliendo con su trabajo, no le dieron más que las gracias y la sonrisa de su paciente y de sus familiares, y hoy por una circunstancia fuera de sus manos o por una mala jugada de un organismo no explorado se encuentra destrozado en prisión, desde ahí ha mandado mensajes a la sociedad, recordando la bendición que tuvo de su madre cuando fue aceptado en la escuela de Medicina porque haría realidad su sueño, pero ahora quizá piense: nefasto el día que tomó la decisión de ser médico porque hoy los familiares del niño, en su desesperación, le dicen que se irá al infierno. Él no tiene más armas para seguir luchando, no tiene más alicientes para comprender lo que vive y por ello reflexiona para sí y comparte en Facebook una publicación donde sentencia: el infierno ya lo estoy viviendo, el infierno ya lo conozco muy bien.

El Excélsior publicó: “Por desgracia nadie tiene garantizada la vida, incluyendo los menores de edad, y cualquier persona puede perderla en cualquier momento, incluso en un quirófano, a pesar de que se sigan las normas de cuidado necesarias para efectuar el acto médico”.

Por supuesto todos nos sentimos con un enorme dolor y pesar por el drama que está viviendo la familia, y entendemos el ánimo que los condujo a presentar quejas frente administradores de justicia con la intención de castigar a quienes pudieron ser los responsables de la irreparable pérdida. Lo que resulta francamente inexplicable es que la autoridad jurisdiccional catalogue el delito cometido por los médicos, como si hubieran tenido la intención de terminar con la vida de su paciente.

“En la práctica médica cotidiana es casi imposible un delito de los llamados ‘dolosos’, que se caracterizan por la intención de una persona para terminar con la vida de otra o causarle un daño grave. Se requeriría de condiciones muy extrañas en las que el paciente fuera un conocido del médico y éste tuviera algún motivo para odiarlo y, aprovechando su vulnerabilidad, lo asesinara en quirófano. Eso sería un homicidio doloso, pero nadie en su sano juicio solicitaría la atención quirúrgica de un médico que lo conoce y lo odia”.

Como lo habían anunciado el domingo 8 de abril del presente, un fuerte contingente de médicos salió en marcha de la Fuentes de la Ocho Regiones con rumbo al Zócalo de Oaxaca, esto en apoyo al traumatólogo pediatra Luis Alberto, quien fuera detenido en días anteriores y se considera injusta su prisión. En su apoyo surgió un movimiento de los trabajadores de la salud denominado #TodosSomosLuis en contra de autoridades locales y estatales para que liberen al especialista. En varios estados del país los galenos se manifestaron en apoyo a su gremio.

La situación es complicada: como padres del menor, sin duda fue impactante la notica que recibieron, sobre todo que la cirugía fue del brazo izquierdo, considerada de bajo riesgo. Ellos en un primer momento estaban acusando de negligencia a los doctores, pero el fiscal Rubén Vasconcelos le apuesta a una condena de ocho a 20 años de prisión por considerarlo doloso. También debemos reconocer que realmente han existido casos de negligencia y todos lo sabemos. Por otro lado, qué complicada la misión de los médicos porque estarán conscientes de que ante cualquier hecho semejante sufrirán el peso de la ley, aunque no hayan tenido culpa de las reacciones biológicas del paciente, cuando no fueron negligentes, cuando en hospitales públicos existen carencias de aparatos, medicinas e instrumentación, cuando actuaron con ética, moral y profesionalismo, pero aun así los familiares lo recriminan y la ley pudiese ensañarse con ellos. En Veracruz, uno de los manifestantes expresó: “Si criminalizamos el acto médico, será una atención médica a la defensiva, lo que pasará es que se afectará a la población porque nadie va a querer atender pacientes con alto nivel de riesgo”.

Aquí mismo en Morelia, en el ISSSTE había un doctor prestigiado que hizo infinidad de intervenciones de la columna, salvó vidas, hizo que varias personas volvieran a caminar. En cierta ocasión algo salió mal en una operación y le quitaron la licencia para seguir ejerciendo, el arbitraje médico lo castigó sólo que no podemos obviar un detalle: quienes tomaron la decisión de cesarlo tenían rencillas políticas y personales con él, y quien quedó mal de la operación era familiar de una persona influyente. Otro caso más de injusticia.

Sabemos que existe responsabilidad legal en cualquier profesión, nadie debe olvidarlo, pero las propias leyes deben ser aplicadas con los sustentos más racionales y probos de la justicia. Es complicada la profesión médica porque en cuestión de minutos puedes pasar de héroe a villano, todos queremos héroes, pero como bien dijo un doctor de Veracruz en plena marcha: “Somos médicos, no dioses, no criminales”. O como el mismo Luis Alberto escribió en su desesperación: “Mi querido Dios, la sociedad me quiere crucificar, ¿por qué me has abandonado? Yo solo quería ser el mejor doctor del mundo”. Vaya nuestro reconocimiento a todos los médicos y enfermeras, que son los ángeles guardianes de nuestra salud.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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