Rafael Calderón
Elegía del destino
Escribir es recobrarse: Octavio Paz
Lunes 2 de Abril de 2018
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Octavio Paz.
Octavio Paz.
(Foto: Cuartoscuro)

Este 2018 se cumplen 20 años de la muerte de Octavio Paz, por lo que quiero recordar que aquella noticia es una de las más tristes de que tengo memoria ya que con su muerte se anunciaba asimismo el fin del siglo XX, y lo siguiente fue seguir leyendo las obras que estaban en proceso de edición, aunque se habían publicado una buena cantidad de tomos y de estos destacaba el volumen de la Obra poética que se había puesto en circulación en 1997. Este tomo reunía poemas fechados a partir de 1935, llegaba al grandísimo “Mono gramático” de 1970. El resto de los poemas figuraran en el siguiente volumen, donde registra títulos como Vuelta y Árbol adentro y llega a Figuras y figuraciones y recordar que unos cuantos poemas eran los que no se habían integrado hasta entonces, pero suficientes para reconocer que destaca Respuesta y reconciliación: diálogo con Francisco de Quevedo, poema extenso, largo, cierre grandísimo y enorme para el tema de su poesía.

Existe, sin duda, un interés marcado por los poemas juveniles y la primera etapa: los que no figuran en éste ni en otro tomo, sino que originalmente fueron agrupados a las páginas El llamado y el aprendizaje. Pero la novedad de la poesía de Octavio Paz es una constante. La obra poética, igual que su prosa, se reestructura para la versión definitiva de las Obras completas que fueron publicadas primero en España y después en México; todos los poemas están agrupados en un solo volumen: tanto poemas juveniles como los de madurez, así como las traducciones que realizó a lo largo de su vida.

Digo algo de esto antes de pasar a comentar que la poesía de Octavio Paz es una novedad riquísima por sus imágenes y ritmos sostenidos en lengua española y porque registra variantes de su amplia búsqueda y porque es una novedad permanente. Destaca el poema extenso, o el registro de poemas vanguardistas como Blanco, autobiográficos como Pasado en claro, la presencia de temas como el surrealismo en Piedra de Sol, etcétera.

La poesía es un género practicado toda su vida y no termina de sorprender ni de ser un descubrimiento frecuente. Si el año del centenario se revela la existencia de la prosa inédita y terminó ocupando un lugar excepcional; la poesía, exige ser revisitado, y un poema llama mi atención. Éste no figura en la versión definitiva de su poesía y no es otro que Mar celo, publicado originalmente en la revista Vuelta y más tarde se reproduce en la sección “Tributos”, de Los privilegios de la vista, correspondiente al tomo de “Arte moderno universal”. Por extraño que parezca allá se quedó. Sin embargo, por su importancia, ahora vamos a su lectura.

Ya advertimos que el poema lleva por título Mar celo; la noticia inmediata es la que Octavio Paz señala en 1991: “Tributos, poemas que proceden todos de Obra poética (1935-1988), excepto Mar celo que se publicó en Vuelta (núms. 133-136, diciembre de 1987 y enero de 1988)…”. Lo natural sería encontrarlo en su respectivo lugar y de acuerdo al orden de las fechas.

Al recordar a Octavio Paz es preciso aclarar que escribir es reescribirse y se puede sospechar que el silencio que corresponde a este poema, las posibilidades para su olvido son varias pero solamente una nos ocupa. Las posibilidades del olvido es que así lo haya decidido su autor o que sus editores confiados en la voluntad de las diferentes recopilaciones y no se dieron cuenta del olvido y en aquellas páginas sigue olvidado; lo mejor, en todo caso –más delante– es que pueda incluir en la Obra poética y ocupe su sitio como poema de cambio y cambiario.

Ahora lo ponemos al alcance del lector para sumar lecturas, reconocer la importancia que tiene al rinde homenaje a uno de los pintores más influyentes del siglo XX, como es Marcel Duchamp. Como síntesis de su poética dijo Paz: “La conciencia de ser es un diálogo entre fantasmas, entre un ayer y un hoy evanescente. Por esto, escribir es inventarse, y al inventarse, descubrirse. Escribir es recobrase”.

Mar Celo (a Marcel Duchamp): “Marcelo/ mar de cielo/ cielo del campo/ maricel y campocel/ invisible/ mente de vidrio/ vidrio demente/ Aparece desaparece/ tejida de miradas/ destejida en deseos/ desvestida desvanecida/ La Novia/ Dulcinea inoxidable/ Cascada polifásica/ Molinos de refranes/ Aspa de reflejos/ La novia/ tu creatura y tu creadora/ tú la miras del otro lado del vidrio/ del otro lado del tiempo/ Marcelo/ eras la mirada/ eros tu mirada/ lámpara encendida en pleno día”. México, a 28 de julio de 1987.

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