Alejandro Vázquez Cárdenas
Opinión
Paz a toda costa, ¿eso queremos?
Miércoles 28 de Marzo de 2018
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México entró a la lucha contra el narcotráfico usando básicamente la fuerza del Estado.
México entró a la lucha contra el narcotráfico usando básicamente la fuerza del Estado.
(Foto: Especial)

En estos días, como lo hemos visto en los sangrientos hechos en Tamaulipas y Michoacán, se recrudece la añeja problemática de la violencia ligada al crimen organizado, emboscadas a la Marina, bloqueo de carreteras, asesinados, quema de vehículos, mantas con las más disparatadas acusaciones, etcétera, etcétera. Los motivos nunca faltan, puede ser que se haya capturado a un cabecilla de alguna estructura criminal, un reajuste de fuerzas entre cárteles o simplemente que algunos ciudadanos se vean en medio de una guerra en la cual no tienen ni opinión ni opción.

La interrogación que sirve de título a esta entrega es probable que más de un ciudadano la esté meditando al ver la situación del país. La respuesta es simple, la Pax Narca pactada con algunos grupos delictivos sí ha existido. Dada la obvia naturaleza de ilegalidad de semejante pacto, no es posible dar ejemplos de acuerdos formalizados con el narco por parte de los gobernantes. No son públicos por la sencilla razón de que semejantes pactos no están firmados, son sólo acuerdos entre gobernadores o “comisionados”.

Una realidad inocultable es que durante mucho tiempo, en México se toleró el narcotráfico con la muy equivocada idea de que eso no era en realidad nuestro problema, que nosotros, México, éramos simplemente un "país de paso". Existían acuerdos, pero hay un pequeño detalle, el narco no tiene un mando único, no hay una disciplina "vertical"; por lo tanto, atenerse a un acuerdo con un determinado grupo no resuelve el problema; lo estamos viviendo en Michoacán.

México entró a la lucha contra el narcotráfico usando básicamente la fuerza del Estado, pero eso no fue suficiente. Faltó abrir frentes en otros aspectos. Viendo las cosas hacia atrás resulta fácil ver qué falló: no tenemos un aparato judicial ejemplar y eficiente y nunca se atacó a fondo el problema del lavado de dinero, los encumbrados políticos protectores del narcotráfico y sus prestanombres, dueños aparentes de agencias de automóviles y caros fraccionamientos, etcétera.

Es evidente que algo no anda bien en el sistema de impartición de justicia de México, de entrada tenemos un impresionante índice de impunidad que ronda el 95 por ciento. Se le considera un sistema lento, proclive a la corrupción y altamente burocratizado.

El sistema de justicia en México se compone de dos instancias, la de procuración de justicia y la de impartición de justicia. De la primera, en teoría, se encarga la Procuraduría, y de la segunda, hipotéticamente, el Poder Judicial. Podemos comparar a la justicia mexicana con una cadena, y sabemos que una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones. Y tal parece que los eslabones más débiles son los jueces y el MP.

¿Qué podemos decir de los jueces y el derecho? Primero, que los jueces, como humanos que son, se equivocan igual que el vecino de enfrente. Que el derecho no es una ciencia exacta (es más, quizá ni siquiera es ciencia en sentido estricto). El juez es el responsable visible, pero cuando un fallo judicial no coincide con lo justo, ¿quién es el responsable real?, ¿la ley mal hecha?, ¿el juez incompetente o venal?, ¿el abogado corrupto?, ¿el cliente que oculta datos?, ¿todos?

Escoger entre dos males es un viejo dilema. Empieza a oírse que el mal previo era menor que el mal presente y que entre la guerra fallida y la Pax Narca, ésta podría ser preferible. Como si el narco fuese un actor público razonable.

En todo caso, la pregunta sigue vigente: ¿qué otro camino hay?, ¿rediseñar la estrategia?, ¿sacar al Ejército y a la Marina de las tareas policiales?, ¿para sustituirlas con qué?, ¿dejar que cada Estado se arregle solo? De legalizar las drogas, sólo comento que el problema no es autorizar la mariguana, ese no es ni resuelve el problema, el problema, y grande, es el tráfico de cocaína, heroína y la fabricación y distribución de las drogas sintéticas.

Hay mucho que corregir y revisar pero el dilema sigue ahí: ¿combate, por imperfecto que sea, o complicidad?

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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