Ramón Guzmán Ramos
El timing de Jorge G. Castañeda
Sábado 24 de Marzo de 2018
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Mi problema siempre ha sido el timing: me equivoco en el momento de tener razón.

Hay que reconocerle a Jorge G. Castañeda que cuando decidió sumarse a la candidatura de Vicente Fox en el 2000 le atinó al timing. Fox le ganó las elecciones presidenciales a Francisco Labastida Ochoa y a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y se convirtió en el primer presidente de la alternancia. Su error consistió más bien en haber confiado demasiado en un sujeto que generó muchas expectativas de cambio en el país y al final dejó al viejo régimen intacto. Castañeda se convirtió en secretario de Relaciones Exteriores y se dedicó a promover la injerencia externa en la supervisión de los derechos humanos en Cuba sin detenerse a mencionar lo que ocurría en su propio país, así como el acuerdo migratorio que nunca se convirtió en la llamada enchilada completa.

Como parte del gabinete de Vicente Fox, Castañeda se propuso trabajar en paralelo para allanar el camino rumbo a la sucesión presidencial. Su intención era ganarse las preferencias del presidente para hacerse de la candidatura llegado el momento. Pero tenía a un rival muy poderoso: Santiago Creel, quien desde la Secretaría de Gobernación le cerró el paso. Creel aspiraba también a suceder a Fox, pero Calderón se les adelantaría a todos y los dejaría con un palmo en las narices. Castañeda renunció en 2003 a su cargo y salió del gobierno. Desde su nueva condición de ciudadano impulsó reformas en la ley para que se incluyera lo que hoy se conoce como candidaturas indendientes.

Ahora que se ha unido a la coordinación estratégica de la campaña de Ricardo Anaya se confirma la maldición de su propio dicho. Todo parece indicar que ha llegado tarde a tratar de salvar al candidato de la coalición Por México al Frente del desastre electoral al que lo han arrojado las acusaciones de la PGR. Su consejo de estratega experimentado fue que ya no hiciera caso de esa campaña negra que se ha orquestado en su contra. Es como si le dijera lo obvio, lo que muchos hemos advertido desde hace tiempo: lo que se necesita es un cambio súbito de rumbo. Pero Anaya cayó en la trampa y se desgastó en una confrontación que desde el gobierno habían planeado para desplazarlo del segundo lugar y colocar a Meade en una posición de disputa directa con AMLO. La probable inclusión de Margarita Zavala como candidata independiente en la boleta forma parte de esa estrategia. Muchos de los que se dejaron impactar por la propaganda negra empiezan a emigrar hacia el terreno comicial de la antigua panista y ex primera dama.

Al referirse a Andrés Manuel López Obrador, Castañeda echó mano de un refrito. No es necesario recurrir a referentes extranjeros para calificar a AMLO, ha dicho. El periodo al que AMLO quiere regresar a México es el de Luis Echeverría. Después de la matanza de Tlatelolco en octubre de 1968, Echeverría se convirtió en presidente de México y decidió asumir una postura populista para tratar de ganarse a los sectores agraviados y evitar una insurgencia general. El timón de su política era la economía mixta. El Estado tenía el deber de intervenir en la regulación de la economía y de administrar los bienes de la nación. Es a donde AMLO nos quiere llevar, según el análisis sesudo de Castañeda. Es el regreso a un pasado que ha sido superado por la modernidad y la globalización.

El régimen de economía mixta se mantuvo en el país durante varias décadas. Hasta que nos llegó esa oleada globalizadora y neoliberal con Miguel de la Madrid y las cosas se fueron al traste. El Estado mexicano asumió este régimen económico no tanto por la buena voluntad de los distintos gobiernos que se sucedieron, sino como producto de la Revolución Mexicana. El régimen priista se identificó durante varios sexenios con la Revolución. En este tiempo se vio obligado a mantener las conquistas sociales de la Revolución, aunque a costa de la democracia. Lo que nos dieron luego fue una simulación de democracia con el desmantelamiento del Estado nacional. Como si los gobiernos fueran los propietarios personales de los bienes de la nación, se han deshecho de ellos de una manera sistemática para entregarlos a los capitales privados. El rechazo tajante a ese régimen donde el Estado tenía algún grado de injerencia en la regulación de la economía es para proteger el despojo que le han hecho a la nación.

 Castañeda fue protagonizando un corrimiento irreversible desde posiciones de izquierda hacia esta derecha neoliberal que ahora se propone dominar nuestras conciencias. Ideológicamente encaja bien en la campaña de Anaya
Castañeda fue protagonizando un corrimiento irreversible desde posiciones de izquierda hacia esta derecha neoliberal que ahora se propone dominar nuestras conciencias. Ideológicamente encaja bien en la campaña de Anaya
(Foto: TAVO)



A AMLO lo han acusado de querer volver al pasado. Han dicho que sus propuestas pertenecen a un tiempo que ya no es. Ese sistema por el que AMLO suspira, dicen, ya no se practica en ninguna parte del mundo. Tienen razón. Lo que priva ahora son las leyes del mercado. El mercado salvaje es el territorio sagrado que les permite a los grandes dueños del dinero invertir, enriquecerse, despojar a los países de sus recursos naturales y empobrecerlos. Rechazan la injerencia del Estado porque no quieren competencia, porque no están de acuerdo en que nadie regule ni fiscalice sus negocios turbios. Un Estado con legitimidad social tendría que proponerse mantener una vigilancia directa sobre los intereses de los ciudadanos y los bienes de la nación. Hay áreas que son de una importancia estratégica para el desarrollo económico de un país. El Estado no puede simplemente renunciar a sus funciones originales. No se trata, en todo caso, de volver al pasado, sino de recuperar lo que a lo largo del tiempo le han quitado al país y trazar perspectivas hacia adelante.

Hay quienes han dicho que la incorporación de Jorge G. Castañeda le da un importante grado de madurez a la campaña de Anaya y que la dota de una cierta solidez política. ¿Pero cuál es en realidad la ideología que Castañeda profesa ahora? De joven llegó a ser un fervoroso militante comunista, miembro del Partido Comunista Mexicano. Cuando se fue a estudiar a París, se afilió allá al Partido Comunista Francés. En aquel país conoció y convivió con intelectuales de izquierda como Luis Althusser, Regis Debray y Michael Foucault. Hijo del canciller Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa y de Oma Gutman Rudinsky, refugiada polaca judía y militante estalinista, el joven Castañeda ayudó a muchos revolucionarios centroamericanos a obtener refugio en el país. Llegaría incluso a ser acusado por la temible Dirección Federal de Seguridad, a cargo del verdugo Miguel Nazar Haro en la época de José López Portillo, de haber sido reclutado por la Inteligencia cubana para servir de espía, algo que él rechazó contundentemente.

Castañeda se propuso reformar a la izquierda mexicana pero no lo logró. Lo que quería en realidad era que la izquierda se domesticara y se institucionalizara, sobre todo a raíz del derrumbe del Muro de Berlín. En 1988 fue asesor de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en su campaña presidencial. Años después hizo alianza con personajes como Elba Esther Gordillo para crear el llamado Grupo San Ángel y desde allí meterse a la coyuntura electoral del año 2000. Como en el caso de Mario Vargas Llosa, Castañeda fue protagonizando un corrimiento irreversible desde posiciones de izquierda hacia esta derecha neoliberal que ahora se propone dominar nuestras conciencias. Ideológicamente encaja bien en la campaña de Anaya, aunque en lo político Anaya empieza a ser desplazado hacia el tercer lugar para que sea Meade y no él quien se haga cargo de enfrentar a AMLO en la disputa final.

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