Alma Gloria Chávez
Ofrenda para Itsii (agua)
Jueves 22 de Marzo de 2018
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El hombre que se ataca a sí mismo acaba con el agua, con el maíz, con la tierra, y deja de pronunciar el nombre de sus dioses.

Laura Esquivel, en “La Malinche”.


Se sabe también que ese gran Cué custodiaba los “ojos por donde los cerros lloran”, siendo estos manantiales los que en épocas muy remotas dieron vida a nuestro lago: el espejo donde los dioses se miraban. Seguramente el manantial más conocido, el fundacional del Pátzcuaro prehispánico y el que contribuyó a repoblar el Pátzcuaro colonial, es el que se encuentra en la calle Alcantarilla, justo al lado del muro sur del antiguo Colegio de San Nicolás, hoy Museo de Artes e Industrias Populares.

De este manantial existe una leyenda muy bella que habla de cómo don Vasco de Quiroga, recién llegado a estas tierras violentadas por la Conquista, en sus afanes de fundar la ciudad que sería capital y sede del nuevo Obispado, se encontró con una terrible sequía que dificultaba la permanencia de las familias que darían vida a la nueva ciudad de Michoacán. Inteligentemente, el llamado Tata hizo llevar en devota procesión a la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción hasta el lugar donde había observado humedad y líquenes característicos de los nacimientos de agua, y luego de fervorosas oraciones indicó el sitio exacto donde “con su báculo hizo brotar milagrosamente el preciado líquido”, dando pie, con ello, a acrecentar la devoción hacia la Virgen que luego adoptó la advocación de “Salud de los Enfermos”. Y así nació el Pátzcuaro colonial.

Dos recordados maestros, Salvador Solchaga y Antonio Salas León, hacían mención de que algunos de los famosos túneles que se describen en relatos de la época colonial no eran sino canales prehispánicos por donde corría el agua de los manantiales del oriente. Esos “caminos para el agua” primero la hacían llegar hasta lo que hoy es la plaza principal formando un pequeño lago artificial y luego la conducían hacia el gran espejo que entonces albergaba tanta vida vegetal y animal.

Muchos vecinos saben por dónde brota todavía el agua de pequeños manantiales que se niegan a morir del todo. El “nuestro”, el de la calle Alcantarilla, al paso del tiempo ha debido cambiar su flujo, obligado, sobre todo, por las obras de todo tipo que se realizan sin la adecuada planeación: cimientos de casas-habitación y edificios (como el de Teléfonos de México) que incluso intentaron secar los pozos de agua que existían en los predios, desviando su flujo; los vanos intentos de captar por tubería la mayor cantidad del líquido y hasta hubo épocas en que el agua del manantial se estuvo contaminando por la rotura de drenajes. También algunos mayores recordamos con nostalgia cuando podíamos descender los pocos escalones que nos llevaban hasta La Conchita, una especie de pileta adosada al muro sur del museo, por donde brotaba agua limpia, transparente, que podíamos beber sin riesgo. Pero llegó el día en que se perdió el respeto al nacimiento del manantial y en él se arrojaba basura. Dicen que por eso el agua “se escondió” y dejó de brotar, quedando seco el sitio. Entonces se optó por colocar una cubierta metálica que impidió saber la importancia del lugar.

El pescador de Xaracuaro, lámina de Relación de Michoacán (1541)
El pescador de Xaracuaro, lámina de Relación de Michoacán (1541)
(Foto: Especial)


Hace dos años, luego de una temporada de lluvias atípicas durante los meses de enero y febrero, las dos primeras salas del museo permanecieron más húmedas de lo habitual y el piso de madera de una de ellas se empezó a levantar, dejado ver un enorme hongo provocado por la tierra mojada… por el manantial, que había salido de su cauce normal. Seguramente fue su forma de recordarnos su presencia. El edificio colonial: el antiguo Colegio de San Nicolás, ha convivido desde su fundación con este “ojo de agua”.

Este manantial nos recuerda que en territorio purépecha, antes de la colonización, sus habitantes utilizaban los baños de vapor para rituales de purificación, consideraban a los lagos como espejos donde los dioses se miraban, los nacimientos de agua eran “los ojos por donde los cerros lloraban” y los ríos y riachuelos eran las venas que alimentaban la tierra, nombrando “caminos de vida” a los senderos por donde el agua de lluvia corre y “caminos reales” a los canales por donde el agua era conducida.

Hoy día nos encontramos ante una crisis debida a la escasez de agua y al mal uso que algunos hacen de ella en perjuicio de mayorías. Pero igual sabemos que las crisis, como las enfermedades, representan oportunidades para la reflexión y el cambio. Al tomar una mayor atención sobre el agua, se ha descubierto cómo ésta reacciona ante el estímulo humano, lo que abre las expectativas para acudir a las más altas posibilidades de nuestra inteligencia e iniciar un nuevo pacto de cuidado, protección y absoluto respeto por el agua.

“De agua somos (cita Eduardo Galeano en Los hijos de los días). Del agua brotó la vida. Los ríos son la sangre que nutre la Tierra y están hechas de agua las células que nos piensan, las lágrimas que nos lloran y la memoria que nos recuerda. La memoria nos cuenta que los desiertos de hoy fueron los bosques de ayer, y que el mundo seco supo ser mundo mojado en aquellos remotos tiempos en que el agua y la tierra eran de nadie y eran de todos…”.

Este jueves 22 de marzo, Día Mundial del Agua, desde el Museo de Pátzcuaro y en colaboración con instituciones culturales y educativas, guardianes de tradición y personas afines, surge la propuesta de ofrendar a Itzii (agua) en el lugar que brotando, hizo posible la fundación del Pátzcuaro prehispánico y del Pátzcuaro colonial. Con una sencilla ceremonia, estaremos ahí para agradecer que su nacer continúa dando aliento y esperanza a nuevas generaciones.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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