Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Las elecciones y la pobreza
Viernes 16 de Marzo de 2018
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La política social tiene un enorme adeudo con millones de personas que viven en pobreza o en pobreza extrema, peor aún, contrario a discursos triunfalistas del actual gobierno federal, cuando la cifra va en aumento, porque la canasta básica cada vez está más lejos de los bolsillos, ya no digamos la adquisición de otros bienes o el pago de servicios, y por respeto a este núcleo hasta ofensivo nos parece mencionar el tema de la recreación. La pobreza en nuestro país es un asunto que no tendría que ver con situaciones electorales, tendría que ver únicamente con un elemental atributo de justicia.

Por lo anterior, es indignante que en claro gesto desalmado existan gobernantes que lucren o quieran lucrar con dicha condición, cuando en aras de levantarse el cuello con dinero que no es particular, sino de la misma sociedad, realizan eventos masivos provocando que las personas que esperan una dádiva, aparte de vivir una lacerante situación, todavía tengan que padecer humillaciones y un recrudecimiento de su provocada salud.

En días pasados, el periódico El universal publicó una nota que nos llevó, una vez más, a esta reflexión, sobre un lamentable episodio ocurrido en el estado de Chiapas, provocado por el propio gobierno de dicha entidad, que para entregar apoyos económicos (se habla de ¡300 pesos!) cita hasta ocho horas antes provocando insolación, hambre (más hambre), deshidratación, hipertensión arterial, tumultos, molestia, entre otras consecuencias, en miles de personas convocadas, en número mayor hombres y mujeres de la tercera edad, sin faltar los pequeños acompañantes, orillando incluso a Protección Civil a tomar cartas en el asunto. Lo peor es que dichos eventos ya han sido repetidos. Esta práctica desde luego no tiene calificativo.

Lo puntualizado es sólo una muestra de lo que ocurre frecuentemente y con mayor fuerza en tiempos electorales, donde no se escapan autoridades de los tres niveles de gobierno. Todos quieren sacar ventaja del caldo de cultivo tan preciado que representa la pobreza económica en grandes bloques sociales, mismo que, sumado a la ignorancia, se convierte en el mejor dividendo en campañas electorales; no les importa la deprimente situación de vida, les importa que se sientan agradecidos por casi salvarles de vida, una lucha permanente de quienes han sido por nuestro sistema económico siempre olvidados u ocasionalmente recordados y, por ende, utilizados.

Martín Espinosa, en Excélsior, fue muy puntual al señalar algunas meditaciones al respecto, mismas que compartimos:
“Siempre es lo mismo: que si menos pobreza, que si más educación, que más desarrollo, mejor economía, que menos corrupción, etcétera. La misma historia desde hace varias décadas. Hay regiones del país que ya han probado gobiernos municipales o estatales de todos los ‘colores’ partidistas y no ven mejoría alguna. Bueno, hasta a nivel federal ya probamos de ‘dos sopas’ y con ninguna hemos quedado satisfechos. Pero hay algo más dramático: hay estados en los que votar por uno u otro candidato da lo mismo. De todas formas, cada tres o seis años no solamente son los mismos problemas, sino que cada día son más los conflictos a enfrentar. Cuando sus habitantes pensaron que ya lo habían visto todo, al año siguiente viene otro gobierno peor”.

Elecciones y pobreza
Elecciones y pobreza
(Foto: TAVO)

Y es que en muchas regiones de América Latina hay un binomio que desde hace años ya demostró que nada más no da resultados: la pobreza con las elecciones. Algunos politólogos argumentan que para terminar con la pobreza de un pueblo hay que fortalecer su democracia. Ya vimos que no. Los vicios creados a partir de lo que se llama la “cultura política de la pobreza” derivan en la manipulación de la “cosa pública” para los fines que a los políticos interesan: seguir manteniendo a la sociedad “atada” a los condicionamientos de la ayuda gubernamental con tal de que voten por tal o cual candidato. Por eso no les interesa acabar con la pobreza del pueblo. A mayor número de pobres, mayor poder de “manipulación” tanto social como electoral. El día que se termine la pobreza en esas comunidades, ¿qué van a “vender” los candidatos?

Hay que destacar que quienes viven en tales condiciones son potenciales beneficiarios de programas sociales. Ahí está el “truco” para quienes aspiran a gobernar estados y municipios en esa situación, aunque se les busque “blindar” electoralmente hablando. Mantener programas sociales en tiempos electorales no sólo perjudica a quienes reciben la ayuda, no les quita la condición de pobreza en que viven y de todas formas los vuelve “carne de cañón” de los candidatos. Sus necesidades persisten.

Por ello da la impresión de que más que querer erradicarla, los políticos se valen de ella para seguir “despertando” cada cierto tiempo la ilusión de quiénes serán sus próximos electores.

Ya es justo que México tanga un gobierno que no busque tener a los pobres como clientes electorales, las políticas sociales deben pensar en no dar unos cuantos pesos a quienes no tienen nada, deben buscarse estrategias para erradicar, en lo posible, este mal que no sólo es injusto, sino inhumano, más cuando tenemos los recursos naturales y sociales para lograrlo. Tampoco hablamos de milagros, sino de acciones inteligentes que poco a poco vayan dando resultados.

No en vano Voltaire, filósofo y escritor francés, dijo en relación con los políticos: “Si los pobres empiezan a razonar todo está perdido”. Y Nelson Mandela, abogado y político sudafricano, recriminó: “Erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia”.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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