Julio Santoyo Guerrero
Elecciones limpias o ganar a toda costa
Lunes 12 de Marzo de 2018
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`Vamos a ganar, no lo dudes´, es, según los trascendidos, la expresión del presidente Peña cuando se le ha preguntado sobre la sucesión presidencial en curso. Si los datos de las fotografías del momento arrojaran números equilibrados la frase reflejaría una expectativa realista dentro de un hipotético juego limpio. Pero las cifras porcentuales de las preferencias dicen todo lo contrario, colocan al aspirante priista a casi 20 puntos del puntero, una distancia que sólo milagrosamente o truculentamente pueden superar.

El rechazo social que se refleja en los números no es un mito. La impopularidad del gobierno tiene referentes en el diario transcurrir de la vida nacional. Su desempeño frente a la corrupción ha sido fatal y la mayoría de los electores ven al presidente Peña protegiendo pillos, su desempeño ante la inseguridad ha tenido elevados indicadores de ineficiencia, algunos de escándalo que lo perseguirán más allá del 1º de diciembre; su postura en política exterior, principalmente de cara a los irracionales e irrespetuosos amagos trumpistas, ha sido vergonzante y francamente de subordinación; los resultados económicos son pobres frente a las promesas de abundancia que habrían de sobrevenir con las reformas estructurales, la pobreza no disminuyó como se anunció al inicio del sexenio; en fin, el balance no es positivo en general. Así que la expresión `vamos a ganar, no lo dudes´ no tiene una base objetiva y eso es preocupante.

El retroceso que están imponiendo puede llevar al país a la confrontación abierta y a una crisis de consecuencias funestas.
El retroceso que están imponiendo puede llevar al país a la confrontación abierta y a una crisis de consecuencias funestas.
(Foto: TAVO)



Es preocupante porque todo indica que desde Los Pinos se ha tomado ya la decisión de hacer ganar a su candidato al precio que sea. La intervención de las instituciones del gobierno federal haciendo campaña y el trabajo sucio para tumbar a los aspirantes adversarios no es otra cosa que la reedición de la vieja estrategia de la elección de Estado. Por los hechos que vemos parece que en Los Pinos lo menos que les interesa es la estabilidad, la legitimidad y la salud de nuestra débil democracia. El retroceso que están imponiendo puede llevar al país a la confrontación abierta y a una crisis de consecuencias funestas.

El silencio que en torno a la intervención gubernamental está guardando el INE es reprochable. Durante décadas la aspiración democrática de los mexicanos reclamó elecciones limpias en las que el Estado no interviniera apoyando a alguno de los contendientes. Las leyes respectivas lo prohíben pero en los hechos la tentación autoritaria sigue imponiendo prácticas en las que las instituciones del Estado se involucran para hacer ganar contendientes.

También sorprende resulta la ceguera de los aspirantes opositores, que hasta ahora no han tenido el tino y la perspicacia para consensuar una agenda de elecciones limpias, que rechace categóricamente la intervención del Estado. Si algo debe importar en común a los aspirantes opositores es hacer causa única para frenar al gobierno peñista en sus esfuerzos para golpear desde las instituciones el crecimiento electoral de sus simpatizantes. Si no le amarran las manos al jefe del Ejecutivo, quien en los hechos ha tomado las riendas de la campaña de su candidato, veremos al país incendiado durante los próximos meses y una destrucción de credibilidades y legitimidades que hará imposible el gobierno resultante de esta elección.

Antes de que inicien legalmente las campañas debe cumplirse una condición básica e imprescindible para la paz futura de los mexicanos: la limpieza del proceso electoral y con ella la garantía de que el Estado no habrá de intervenir ni para beneficiar ni para perjudicar a ningún contendiente. Si de esto no son capaces los aspirantes y sus partidos, el INE y la Presidencia de la República, entonces estaremos asistiendo al incendio del país.

El `vamos a ganar, no lo dudes´ del presidente Peña, bajo el contexto de debilidad y poca empatía que genera su candidato, suena a intervención de Estado. Es la expresión de una decisión ya tomada, hacer ganar a toda costa a quien él ya decidió como su sucesor. Es una decisión que se está viendo reflejada en actos persecutorios y que pretenden tumbar a los adversarios que le avanzan en las encuestas. Ganar a toda costa es una apuesta autoritaria, riesgosa, que pone en entre dicho lo poco que hemos avanzado en materia democrática y abre la caja de Pandora para liberar nuestras peores pesadillas.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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