Alma Gloria Chávez
Opinión
El palacio de Huitzimengari
Sábado 13 de Febrero de 2016
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Existe en Pátzcuaro una vetusta casona ubicada en la plaza principal a la que, marcada con el número 48, se le conoce como el antiguo Palacio de Huitziméngari, haciendo alusión al último gobernador purépecha, don Antonio Constantino Huitziméngari de Mendoza y Caltzontzin. La edificación, que además de los embates del tiempo ha sufrido el saqueo de varios particulares que la habitaron en sucesivas fechas, alberga desde el año 1989 a representantes de la comunidad purépecha (maestros y artesanos, principalmente), quienes tomaron posesión de ella de acuerdo con las últimas disposiciones dictadas por la señora Esperanza Correa de Guízar.

El palacio de don Antonio Huitziméngari fue construido en el siglo XVI, originalmente para el desempeño de las funciones administrativas del Supremo Gobierno de la República de Indios
El palacio de don Antonio Huitziméngari fue construido en el siglo XVI, originalmente para el desempeño de las funciones administrativas del Supremo Gobierno de la República de Indios
(Foto: Especial)

El palacio de don Antonio Huitziméngari fue construido en el siglo XVI, originalmente para el desempeño de las funciones administrativas del Supremo Gobierno de la República de Indios, como narra la historiadora Delfina López Sarrelangue en su libro La nobleza indígena: “El cacique residía en esa casa y en ella manifestaba su autoridad, impartía justicia y era morada de una voluntad común de convivencia y legitimidad de relaciones entre el pueblo y sus gobernantes. Era, pues, no sólo la residencia del gobierno, sino también la casa del pueblo”.
La casa, levantada con el esfuerzo económico y físico de las comunidades de la región, que despojadas de tierras, templos y palacios encontraron ahí un último reducto de su presencia en la ciudad colonial, es una construcción de dos niveles, cuyos espacios cerrados se distribuyen en torno a un gran patio principal. El segundo se encuentra en ruinas y se perdió el espacio dedicado a la huerta. Colinda a los lados con construcciones de dos niveles, un poco más baja que la del oriente y más alta que la del poniente.
Se considera que las comunidades tuvieron en propiedad este inmueble hasta el año de 1765, en que desapareció la organización del común por la participación de los nobles indígenas y el apoyo a los frailes jesuitas, durante el proceso de su expulsión, dado por órdenes virreinales. Después, durante los siglos XIX y XX, el palacio fue enajenado sucesivamente en manos de particulares con base en antecedentes legales basados en la expedición del decreto gubernamental de 1827, el cual tenía como objetivo destruir la propiedad comunal e implantar totalmente la propiedad privada.
Así, ha quedado registrado que en 1827 la edificación pasó a propiedad de la señora Lucía Alday; en el siglo XX, en noviembre de 1905, la señora María Barrera vende la casa a la señora Cristina Solórzano; hasta 1932 pasa a propiedad de la señora Judith Martínez, y posteriormente, en 1960, a Esperanza Correa de Guízar. A la muerte de esta última le sucede en la propiedad su hija adoptiva Margarita Guízar Correa, quien al verse ante el inminente riesgo de perder el edificio, por virtud de una demanda judicial dictada en favor del señor Raúl Guízar Mercado, acude al Consejo Supremo Purépecha para comunicarles que la última voluntad de su señora madre era hacer entrega del inmueble a las comunidades indígenas en caso de que su sobrino, el señor Guízar Mercado, alegara no haber recibido el pago de un adeudo que rechazó en varias ocasiones con la clara intención de quedarse con el inmueble.
Así, el día 14 de febrero de 1989, decenas de pobladores nativos de tierras purépechas tomaron posesión del inmueble, diciendo: “Esta es nuestra casa”. En plenaria convocada por el Consejo Supremo el día 2 de marzo, que inició a las 10:00 horas, se reunieron representantes de más de 30 comunidades de la región Lacustre, de la Ciénega de Zacapu, además de los llegados desde la Meseta y de la Costa del estado en un ambiente festivo, determinando “tomar posesión en forma real y material de este que fue palacio de nuestro último gobernador, para el servicio exclusivo de la promoción cultural de los campesinos, artesanos, pescadores, profesionistas y comerciantes organizados de nuestra etnia.
“Huitziméngari (el de semblante de perro, según se traduce), por mandato de su padrino de bautismo, el virrey don Antonio de Mendoza, ingresó al Colegio de San Nicolás que había fundado en la ciudad el señor don Vasco de Quiroga y después pasó a las aulas de la Universidad de Tiripetío, que regía el sabio fray Alonso de la Veracruz, donde logró distinguirse por sus adelantos y por su gran saber, pues fue hombre versado en las lenguas hebrea, griega, latina, castellana y michoacanense”, menciona el maestro Antonio Salas León en su libro Pátzcuaro: cosas de antaño y de ogaño.
Ya 27 años han pasado desde que el Palacio de Huitziméngari fuera ocupado por descendientes del pueblo purépecha: artesanos, comerciantes y maestros de educación indígena se han ocupado de hacer las reparaciones posibles para que el edificio se mantenga en pie, sin tener aún la certeza jurídica de posesión legal, ya que aún pende el reclamo de la familia Guízar Mercado. Exposiciones, festivales, cursos de lengua purépecha, talleres artesanales, conferencias, reuniones y asambleas, además de ceremonias que recuperan la esencia de un pueblo que se resiste a sucumbir ante los embates de una sociedad consumista, también dan testimonio de la generosidad de quienes honran la memoria de don Antonio Constantino Huitziméngari, que este año festejan un año más de presencia en el lugar.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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