Ismael Acosta García
Propuesta educativa de la izquierda para 2018-2024
Sábado 10 de Marzo de 2018
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Cuatro son los principios que ha esbozado el proyecto de nación que Andrés Manuel López Obrador propuso al pueblo de México en noviembre de 2017 como base de una transformación profunda del quehacer educativo y de los sujetos involucrados en el mismo.

Educación para la justicia



Se basa en la búsqueda de la equidad como elemento indispensable para la educación, donde la escuela se convierta en el centro desde el cual personas de todas las edades y condiciones se apropien del espacio público y encuentren las respuestas a sus preguntas, preocupaciones y necesidades, así como la orientación para formar parte de la sociedad con uso pleno de derechos.

Educación para la reconstitución de la memoria y la identidad



La reforma educativa de 1972 desquició la formación en valores del sistema educativo nacional. Desaparecieron la educación cívica tradicional del nivel básico y trastocaron severamente los contenidos educativos de la historia patria.
El primer derecho de los mexicanos de este milenio es el de construir y reconstruir su memoria y su identidad. A partir de aquella reforma y en los últimos años, las élites se han obsesionado con imponer modelos copiados del exterior y han intentado erradicar de los planes y programas de estudio a la historia, la geografía, la filosofía y el conocimiento de nuestra sociedad, a pesar de que tales asignaturas son la base de la formación de todo conocimiento. Sobre ella ejercemos el derecho a aprender de nuestra experiencia como colectividades, reconocer nuestras necesidades y formular propuestas de presente y futuro. Esta orientación debe ser elemento fundamental desde el que se reorganicen los planes y programas de estudio, las razones y orientaciones de todos los niveles educativos y del sentido de todo esfuerzo de formación que emprenda el estado. AMLO hizo particular énfasis en este aspecto en febrero pasado, cuando se reunió en Aguascalientes con más de quince mil maestros provenientes de toda la República e integrantes de las dos grandes expresiones gremiales, conocidas como “democráticos” e “institucionales”.

La educación garantiza que los mexicanos tengan la conciencia y la voluntad para ejercer sus derechos
La educación garantiza que los mexicanos tengan la conciencia y la voluntad para ejercer sus derechos
(Foto: Cambio de Michoacán)

Educación para la libertad



La exclusión es uno de los factores decisivos del rezago educativo que afecta en mayor medida a los más pobres, pero también a las mujeres, por los obstáculos adicionales que deben sortear para acceder a la escuela y a los estudios superiores; a los pueblos originarios que se encuentran alejados y ausentes de las escuelas y los planes de estudio, con espacios educativos deficientes, sin condiciones físicas, materiales ni los mínimos recursos para su funcionamiento, y sin materiales de estudio en su propia lengua; a las personas cuya condición física e intelectual tienden a inhabilitar o reducir su autonomía y que son segregados en sus hogares, escuelas, en los centros de trabajo y en las calles de nuestras ciudades y pueblos. La pobreza conlleva factores extraescolares que dificultan o hacen imposible estudiar, como la necesidad de los jóvenes y niños de incorporarse al mercado laboral, la falta de recursos para pagar el transporte y la precariedad de las condiciones alimentarias y habitacionales.
Valorar la libertad, el respeto y la creatividad, así como proteger y recrear la diversidad, constituyen una inagotable fuente de riqueza necesaria para reanimar una sociedad sumida, como la nuestra, en la desesperanza.

Educación para la soberanía



La fuerza cultural y social primigenia del país reside en sus comunidades. La reconstitución de colectividades, su expresión y reconocimiento en todos los ámbitos de la vida pública y, principalmente, desde la escuela, debe ser la inspiración fundamental de la reconstrucción de nuestro espacio y territorio: tierra, agua, recursos naturales. Una población educada y organizada será elemento vital para salvaguardar la soberanía nacional frente a quienes pretendan someterla o destruirla. La educación garantiza que los mexicanos tengan la conciencia y voluntad para ejercer sus derechos, conocer y defender sus riquezas y formular propuestas que aseguren una vida digna en justicia y libertad para todos.
En los términos de educación y soberanía es conveniente considerar los puntos de vista que ha expresado el destacado pensador mexicano Severo Iglesias, que en su obra Formaciones interiores del ser humano (Morevallado, 2016) señala que “si la educación no responde a las nuevas necesidades dejará de ser fundamento de lo social, así como la vanguardia que genere ideas en pos de un mejor país. De ser una institución pública capaz de formar a las nuevas generaciones, la escuela pasará a ser una institución que sólo se encarga de administrar la educación, como si ésta fuera un trámite burocrático más”. Es contundente la apreciación del maestro Iglesias pues, en el caso de México, se ha perdido la autonomía educativa y cultural. Su signo más evidente es la imposición de una reforma educativa que responde a los lineamientos dictados por organismos nacionales e internacionales como Mexicanos Primero y la OCDE, cuyas posiciones no se identifican con los intereses nacionales.
Ante esto, los actores del hecho educativo tienen que despertar, asumir un compromiso serio para con la educación pública, ya que no son sólo los derechos colectivos de los trabajadores de la educación los que están en riesgo, sino también el derecho fundamental de la colectividad a la educación. Esa nueva orientación de la educación mexicana deberá fincarse en los principios de:
-La soberanía nacional, para constituir un México autónomo y libre en su economía, tecnología, cultura, mercado, vida intelectual y política.
-La soberanía popular, estampada en el artículo 39 constitucional, para hacer realidad la intervención democrática del pueblo en la gestión de su vida.
-La soberanía social, para liberar las aspiraciones, capacidades y acciones depositadas en cada uno de los mexicanos y ponerlas al servicio de la nación.
Siendo así, podremos arribar al cuarto punto de la propuesta lopezobradorista en esta materia, que lo es: la Educación para el bien común. Plantea que el poder público y una parte significativa de la economía se han edificado a expensas del abuso, el enriquecimiento ilícito, la corrupción y en connivencia con la delincuencia organizada. Si aspiramos a cambiar esta ruinosa circunstancia del poder público que ha llevado al desastre al resto del país, estamos obligados a reconstruir el espacio colectivo y el sentido original de lo público, o sea, lo común. El conocimiento y la práctica de la solidaridad, la convivencia armónica, la tolerancia, el respeto a sí mismo y a los demás, así como la responsabilidad de buscar una vida digna, en paz y en libertad, deben convertirse en elementos fundamentales de la conquista del bien común.
La justicia, la libertad, la soberanía y el bien común son resultado de las luchas del pueblo mexicano, y deben construirse desde la sociedad y con las instituciones. Ese debe ser el sentido social de un proyecto de izquierda para un gobierno 2018-2024. Estaremos pendientes para que, en una próxima entrega, puntualicemos sobre las medidas urgentes y tareas que propone López Obrador y Morena para construir una educación para el futuro. Es cuánto.

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