Estrellita M. Fuentes Nava
Mujeres desechables
Viernes 9 de Marzo de 2018
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Este 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, y más allá de las cifras en México y en el mundo que se dan a conocer año con año, así como los avatares por los que tenemos que pasar las mujeres todos los días, un tema que poco se visibiliza en el país es el de las mujeres extranjeras que trabajan como escorts o como modelos, y que son víctimas y mueren de manera violenta. Nada menos el pasado martes 27 de febrero fallecieron dos jóvenes colombianas que acompañaban a un bribón junior en un Ferrari al parecer prestado, en un viaje de fin de semana de la Ciudad de México a Acapulco y que acabó en un aparatoso percance, del cual los escoltas del hombre lo sacaron del auto para dejar de manera cobarde a las dos mujeres abandonadas a su suerte, quienes murieron posteriormente en un hospital después de ser rescatadas por equipos especializados a consecuencia de tener el 90 por ciento de sus cuerpos con quemaduras.

Esta nota me recordó el triste suceso de la modelo búlgara Galina Chankova Chanev, cuya muerte envolvió en el escándalo a El Niño Verde, Jorge Emilio González Martínez, quien aunque siempre negó ser el propietario del departamento en Cancún en el que la chica al parecer se lanzó desde el balcón en medio de una noche de fiesta, los relatos recabados por la Policía de Quintana Roo obtenidos a partir del búlgaro Mario Pidev (amigo de Jorge Emilio) y los reportajes del periódico Reforma, se demuestra lo contario. La joven fue contratada por una agencia especializada en escorts extranjeras, quienes la trajeron al país desde Ámsterdam a solicitud de empresarios y políticos mexicanos para fiestas privadas. La joven fue violada en la fiesta y trató de defenderse, para luego suicidarse lanzándose al vacío.

 Las mujeres que viven de la explotación sexual, ya sea en un medio social de clase baja o alta, son igualmente merecedoras de justicia y poco se habla de ello.
Las mujeres que viven de la explotación sexual, ya sea en un medio social de clase baja o alta, son igualmente merecedoras de justicia y poco se habla de ello.
(Foto: TAVO)



El pasado 25 de febrero fue encontrada asesinada la escort venezolana Kenny, en Ecatepec, Estado de México, y al parecer le rociaron ácido en la cara para desfigurarla. Su rostro aparecía en el sitio web de la agencia de acompañantes, y narran sus compañeras que al parecer un narcotraficante que quedó cautivado, la maltrataba y la presionaba para que dejara ese trabajo. A ella se suman las muertes de una escort argentina en diciembre pasado en un hotel del que incluso se acusó a un conocido actor, que después fue liberado; en noviembre, a Génesis, otra chica venezolana; en abril de 2017, a Katya, de 24 años de edad, quien fue encontrada muerta en un hotel de la colonia Roma, en la Ciudad de México, y en el mes de febrero de ese mismo año a la venezolana Wendy Vaneska, de 26 años, encontrada sin vida en un hotel de la delegación Miguel Hidalgo.

El móvil es el mismo: las enganchan “agencias de modelaje”, quienes las traen a nuestro país desde sus países de origen para esclavizarlas como objetos sexuales para un mercado de hombres poderosos, ricos o políticos. Las mujeres colombianas, venezolanas, argentinas y de Europa del Este parecen ser las favoritas. Ellas vienen con la esperanza de ganar dinero, establecerse y quizá construir vida con una pareja que las ame de verdad, pero en el camino se encuentran con hombres sin escrúpulos que las utilizan, las explotan, las violan, las torturan, las amenazan y hasta las matan.

Estas mujeres son “desechables” porque sirven a este mercado machista y esnob, que al final de cuentas se deshace de ellas, ya sea porque ya no venden o simplemente porque al depravado en turno se le antojó matarlas. Los familiares de quienes reclaman justicia (aunque hay casos en que ni siquiera reclaman sus cuerpos, ni preguntan por ellas), ven extinguidas sus esperanzas en una lógica surrealista donde las autoridades encubren a los altos ejecutivos o políticos en vez de asegurar que paguen por lo hecho.

Peor aún, nunca faltará el inhumano que señale a estas víctimas argumentando que ellas mismas buscaron su destino por no ser personas “decentes”, siendo que tampoco hay honorabilidad en quien se esconde para escapar de la ley y que sigue coleccionando impunemente cuerpos estéticos en su egoteca personal, para después deshacerse de ellos de una manera atroz. Desafortunadamente el sistema decadente lo permite: lo hacen porque pueden, porque tienen el dinero y el poder y la corrupción los ampara. También ocurre que la cultura machista que permea todas las células de nuestro tejido social hace que sea bien visto un hombre que se hace acompañar de escorts, y se pavonea con ello, además de que presuma lujos ostentosos, prepotencia (¿cuántos lords circulan en las redes?), y que se jacte de que puede hacer lo que quiera, al fin y al cabo nunca nada le pasará.

Estas modelos que son víctimas nos recuerdan una triste realidad que viven muchas mujeres esclavizadas por redes globales de trata de blancas, que en realidad no existirían si no hubiera la demanda. Ello, acompañado por la corrupción que impera en el sistema de impartición de justicia en México, las convierte en “desechables” y se les despoja de su reconocimiento y de su dignidad como seres humanos.
Ojalá que en este 2018 visualicemos no sólo a la mujer pobre, o a la mujer ama de casa violentada. Las mujeres que viven de la explotación sexual, ya sea en un medio social de clase baja o alta, son igualmente merecedoras de justicia y poco se habla de ello.

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