Sábado 3 de Marzo de 2018
A- A A+

El ataque del gobierno federal contra el candidato presidencial de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), Ricardo Anaya Cortés, se ha vuelto sistemático y particularmente agresivo. Las acusaciones de corrupción y lavado de dinero de que ha sido objeto el aspirante panista han encontrado un eco inusitado en prácticamente todos los medios de información. Los hay que le han dado a este asunto un tratamiento profesional, ético, objetivo, con la intención de contribuir al esclarecimiento de los hechos y el deslinde de responsabilidades. La mayoría, sin embargo, siguiendo el guion que les llega de las alturas, no han hecho sino reproducir la versión oficial y aumentar la montaña de lodo y confusión que ha caído sobre el candidato.

Es obvio que el ataque del gobierno contra Anaya se inserta en el contexto de la contienda electoral por la Presidencia de la República. El gobierno de EPN ha decidido intervenir directamente, a través de las dependencias que tiene bajo su control, en este caso de manera particular la PGR, en el proceso comicial. En el país el número de personajes de la política que se han visto envueltos en situaciones así es enorme y no con todas las instituciones de investigación y de procuración de justicia han actuado con tal virulencia y celeridad. Da la impresión de que detrás de esta campaña de enjuiciamiento y desprestigio extremo existe un plan mayor que trasciende incluso la figura misma de Ricardo Anaya. El objetivo con el candidato de Por México al Frente es su aniquilamiento político. ¿Pero por qué el que va en el segundo lugar de las preferencias electorales y no el primero? En esta fase de la contienda, Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES), aunque no se libra del todo de las piedras y los dardos envenenados, observa con cierta complacencia no disimulada cómo el Estado mexicano se le va encima al candidato que le sigue en las encuestas.

El ataque del gobierno federal contra el candidato presidencial de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), Ricardo Anaya Cortés, se ha vuelto sistemático y particularmente agresivo
El ataque del gobierno federal contra el candidato presidencial de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), Ricardo Anaya Cortés, se ha vuelto sistemático y particularmente agresivo
(Foto: Cuartoscuro)



El hecho de que José Antonio Meade Kuribreña, candidato de la coalición Todos por México (PRI-PVEM-PANAL), se mantenga en un lejano tercer lugar, sin perspectivas de crecer y adquirir el nivel de competencia que se requiere para disputar en serio la Presidencia de la República, ha obligado al gobierno de EPN a diseñar una estrategia de ejecución directa, fulminante, para deshacerse del aspirante que se encuentra en segundo lugar y despejar el camino para encontrarse, usando los mismos medios, con el puntero. El gobierno de EPN ha sido de desastre, de sufrimiento y desesperanza para la gran mayoría de mexicanos. Los efectos de catástrofe que este gobierno ha generado se resienten en todos los ámbitos de la vida social, sobre todo entre quienes ven cada día disminuidas hasta la desesperación las posibilidades de sobrevivir con dignidad. El descontento y la irritación son generalizados. Todos apuntan hacia el gobierno como el responsable del caos y la barbarie que padecemos. La gente identifica a Meade con quienes desde el gobierno han provocado esta desgracia nacional. ¿Cómo esperar entonces que su candidatura repunte y pueda subir hasta ponerse al nivel de los otros dos candidatos?

López Obrador parece conformarse en este momento con el papel de observador pasivo en la confrontación directa y sin tregua que protagonizan los antagonistas de marras. Ha dicho que su coalición se ocupa fundamentalmente de organizar la estructura para cubrir completamente la presencia y vigilancia en las casillas el día de los comicios. Si las tendencias en las preferencias del voto se mantienen, y todo indica que así será, sólo con un fraude de dimensiones monumentales se le podrá derrotar. El día de las votaciones sería sólo una etapa. AMLO comete un error grande al ignorar el fondo de lo que está ocurriendo entre los otros dos contendientes. Está claro que si la estrategia del gobierno funciona y Anaya es obligado a salir de la contienda o se mantiene con un grado insuperable de desprestigio, en el siguiente nivel será el propio AMLO el objetivo a eliminar. La guerra sucia, como ahora contra Anaya, se hará con todos los medios que el gobierno tiene a su alcance, desplegados de una manera intensa y coordinada para posicionar al candidato de EPN, primero, y sentarlo como sea en la silla presidencial.

La estrategia que ha puesto en marcha el gobierno de EPN tiene, sin embargo, sus propias limitaciones. Ha servido en estos momentos para correr una cortina de humo sobre el desvío de recursos por más de 650 millones de pesos que Rosario Robles Berlanga habría hecho en su paso por la Sedesol y como titular actual de la Sedatu. Este dinero, pasando por varias universidades estatales y por empresas fantasmas, habría tenido como destino final las arcas del partido en el gobierno. Cuando estuvo a cargo de la Sedesol en sustitución de Rosario Robles, José Antonio Meade no hizo la investigación a fondo sobre este desfalco y nunca tocó a su antecesora en el cargo. De lo menos que se le podría señalar es de complicidad por omisión. Es un argumento que Anaya ha utilizado sin la fuerza y la persistencia necesarias. Los golpes que recibe son tan tupidos que no le dan tiempo para ordenar adecuadamente sus ideas y organizar una defensa efectiva. Pero AMLO tendría que empezar a hacerse de elementos desde ahora para cuando le toque su turno. La puesta en ejecución de un fraude para derrotar a AMLO tendría como campo de concreción todos los espacios y las etapas por las que pasa el proceso electoral. Es una estrategia que tiene una visión de conjunto. De la misma manera, con una visión global sobre los tiempos y los espacios se tendría que preparar la contraofensiva política.

El gobierno federal actúa con la seguridad de que en esta etapa su estrategia tendrá éxito y Anaya quedará fuera de la contienda o tendido en la lona. Le apuesta a que, con el desprestigio sobre sus espaldas, los votos de Anaya pasarían a Meade o le servirían al gobierno para hacerlo aparecer así y empezar a manipular las encuestas en favor del candidato del PRI. Como van las cosas, el proceso de judicialización para derrumbar a Anaya, sin embargo, podría revertirse en contra del propio gobierno y su candidato. Una parte de la sociedad podría empezar a ver a Anaya como una víctima más del gobierno y considerarlo una especie de mártir. En un escenario así, la estrategia del gobierno le estaría sirviendo al propio Anaya para catapultarlo a una posición en la que los dos finalistas serían él y AMLO. O podría ocurrir que, en efecto, el desprestigio arrojado sobre Anaya fuera tan grande que muchos de los votos que ha asegurado se pasaran no al PRI, sino a AMLO. Después de todo, Anaya representa una de las opciones de oposición al régimen, aunque en el fondo no pase de ser sólo una variante de lo mismo, y los votos que tiene buscarían la otra opción que, desde una posición de izquierda moderada, es la oposición a vencer.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

¿Y de quién es el 68?

Las tortugas son lo que son

Intolerancia a la crítica

Pandora

La escuela al centro (de la violencia)

Entre modelos (educativos) te veas

El retorno de Elba Esther y las vicisitudes de la CNTE

Pacificación

La cultura en la etapa de transición

Hacia dónde

Docencia y lucha social

Las comunidades indígenas y el voto a fuerzas

El voto útil

La educación en Rosseau

El timing de Jorge G. Castañeda

La estrategia

Ética y política

La disputa por el SNTE

La perversión del lenguaje

Ya sabes quién

El fantasma de Nochixtlán

Movilización y represión

Trilogía herética

Pesimismo revolucionario

Cuestionamientos de fin de año

Independentistas

La naturaleza del poder

Marichuy

La revolución en su laberinto

La toma del cielo por asalto

Una dictadura disfrazada

En defensa propia

Normalistas

Por la candidatura presidencial

Una utopía menor

La hora de Comala

El segundo más violento

Conflicto en Bachilleres

Arantepacua en el corazón de Bachilleres

Opacidad

Ingenuidad

Bono de fin de año

Frente amplio electoral

El socialismo irreal

País en vilo

Del pasmo a la resistencia

CNTE: Un balance necesario

Ícaro y el arrebato del vuelo

Y retiemble en sus centros la Tierra

Gobernabilidad cuestionada

El hombre como un ser erróneo

Adolescentes embarazadas

Rechazados

La necia realidad

¿Cuántas veces última?

La vuelta a clases

El enfoque crítico en educación

El Diablo no anda en burro

La imaginación y la subversión de la realidad

Entre la incompetencia y la demagogia

Educación para la vida

Las trampas del diálogo

Diálogo

El profesor Filemón Solache Jiménez

La mujer es la esclava del mundo

Culpables, aunque demuestren lo contrario

Razón de Estado y Estado sin razón

La amenaza y la represión como oferta de diálogo

Albert Camus y el mito de Sísifo

Albert Camus y el mito de Sísifo

El oficio de escribir y la emergencia de la realidad

Los brazos de Sísifo

Ayotzinapa: Tiempo funeral

La cultura al último

Estado de excepción

Cherán y su rechazo al Mando Único

Sección XVIII: El congreso inconcluso

C e s a d o s

Reminiscencias

Sección XVIII de la CNTE: El poder que desgasta

El amor en la boca del silencio

El amor en la boca del silencio

Francisco superstar

Partir de cero y quedarse allí

Comisionados sindicales

Cómo distraer a un país

Que paguen los que siempre pagan

El debate por la cultura

Democracia sin oposiciones

Normalistas de Michoacán: Las otras tortugas

Colectivos pedagógicos

Evaluación con policías y leyes a conveniencia

La violencia nuestra de todos los días

La suerte de Renata

La piedra de Sísifo

Contra la imposición

Ícaro y el arrebato del vuelo

La culpa la tiene el pueblo

El fin de las utopías

Congreso Estatal Popular de Educación y Cultura

La era de Pandora

El otro debate

La estrategia del endurecimiento

Yo soy 132

Evaluar para sancionar

Célestin Freinet

En busca de Jorge Cuesta

Iniciación a la lectura

Cherán y su relación con los partidos

Deslinde

Encuentros

Una vida

Después de la oscuridad