Estrellita M. Fuentes Nava
No hay ni a quién irle
Viernes 2 de Marzo de 2018
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El fin de semana estuve en dos reuniones sociales con diferentes grupos aquí en Morelia y el común denominador fue la pregunta que siempre emergía: “¿Por quién vamos a votar?”. Las personas con las que platicaba se percibían entre escépticas, frustradas y confundidas, y concluían exclamando: “¡Es que no hay opción!, vamos a acabar votando por el menos peor”. Y creo que ese es el sentir de una inmensa mayoría.

Y es que los puntos negativos que se observan en varios candidatos son muy notorios. Recapitulemos, por ejemplo, en el caso de aquellos que aspiran a la Presidencia de la República y que van en el puntero (aparentemente): en el caso de José Antonio Meade, él está cargando con el bloque monolítico del PRI, una institución por demás hoy desacreditada y denostada, que muchos asocian a las prácticas de corrupción y que culpan también por los problemas actuales: representa todo lo que no se quiere para un próximo mandato. A mi parecer el candidato Meade, en vez de deslindarse de ese universo lleno de significantes que le restan y crear su propia marca personal (que considero puede explotar y vender), presenta a su primer cuadro de coordinadores regionales de campaña en estos días con elementos tan dinosaurios como juniorsaurios con Manlio Fabio Beltrones (cuyo ex tesorero está siendo investigado por un presunto desvío de recursos federales en favor del PRI), Beatriz Paredes, Aurelio Nuño, Carolina Viggiano (ex esposa de Rubén Moreira, apellido no muy bien visto que digamos), René Juárez Cisneros, Humberto Roque Villanueva (¿quién no recuerda la roqueseñal?), y quizá tengan todos la experiencia y el colmillo para operar, pero en términos de imagen pública quizá no le ayuden mucho al candidato. Por lo menos algunos de ellos se hubieran quedado tras bambalinas, pero pues el protocolo a la vieja escuela del PRI son otras formas.

La factura política que está pagando Andrés Manuel López Obrador por sumar a perfiles como Napoleón Gómez Urrutia
La factura política que está pagando Andrés Manuel López Obrador por sumar a perfiles como Napoleón Gómez Urrutia
(Foto: TAVO)


Por otro lado la factura política que está pagando Andrés Manuel López Obrador por sumar a perfiles como Napoleón Gómez Urrutia (quien no está de a gratis en Canadá), que representa la quintaescencia del sindicalismo mexicano, y que a más de un empresario minero quizá no le cayó muy bien la noticia de que el candidato AMLO lo defendiera con tanta pasión, le sale muy caro. Y así como él tenemos a René Bejarano, El Señor de las Ligas. Quizá AMLO esté en el puntero de las preferencias, pero la percepción pública puede pulsarse en las redes sociales con los memes y las opiniones que se ven ahí plasmadas. No lo digo yo: chéquelo usted.

También está el joven maravilla Ricardo Anaya, quien prometía mucho como talentoso en la política en su paso como diputado federal. Lo recuerdo bien en su discurso cuando recibió al presidente de la República China en 2013, Xi Jinping, en el que desbordaba clase política, inteligencia e integridad. Ahora Anaya tendrá que aclarar su vínculo con el empresario Manuel Barreiro y el escándalo por la compraventa de la nave industrial por 54 millones de pesos a través de la empresa Manhattan Master Plan Development, gracias a lo cual, haya sido o no una operación fraudulenta, por lo pronto la acusación ya cumplió su cometido de restarle credibilidad a este candidato.

El sentir del electorado incluso ya se ve reflejado con el meme que dice que ir a la elección es como “escoger entre que te dé dengue o chikungunya”, y lo peor del caso es que en lugar de darle un giro a las campañas (aún y cuando no sean los tiempos oficiales, pero para qué nos hacemos si estamos en pleno de ello), intentando enfocarse en las propuestas de los temas que aquejan y le preocupan a la gente (¿cómo abatir la inseguridad?, ¿cómo salir de la pobreza?, ¿cómo revertir el entorno adverso de la economía que cada vez nos pega más y más en nuestros bolsillos?, ¿cómo en concreto acabar con la corrupción?, ¿qué hacer sin el TLCAN en el corto plazo?), están ahora empantanados en una guerra sucia de descalificaciones y videos malintencionados. De esto último está por ejemplo el video que le acaban de sacar a Anaya donde se divierte en la boda de Barreiro. ¿De verdad ese es el nivel?, ¿exhibir a los asistentes a una boda y balconear a las mujeres que bailaban y cantaban ingenuamente sin pensar que un día se rompería la privacidad de esos instantes en aras de una guerra intestina entre los partidos políticos que se niegan a ser demolidos?

Así que o no se dan cuenta, o su club personal de focas aplaudidoras no se los dicen, pero nuestros candidatos necesitan demostrar mucho más, y están a años luz de emparejarse con el sentir del electorado que, como señalaban en las tertulias que les comenté al inicio, no hallan ni a quién irle.

Sigamos viendo entonces más capítulos de esta telenovela llamada Elección 2018, en la que, como diría Raúl Velasco: “Aún hay más”…

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