Rafael Mendoza Castillo
La relación de explotación y la infancia
Lunes 2 de Mayo de 2016
A- A A+

Desde el poder autoritario se percibe a la sociedad como de “mal humor social”. No sólo de mal humor, sino enojados y hasta encabronados porque la corrupción, la impunidad, la desigualdad social brutal, el autoritarismo, la represión física y mental, la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y miles en el país son la regla cotidiana. Si a lo anterior agregamos 39.2 millones de niños, son la tercera parte de la población del país. 2.5 millones viven en la pobreza, 7.2 millones no asisten a la escuela, 2.5 millones chambean en algo, 24.5 millones no cuentan con seguro social o algún tipo de servicio médico (fuente: Inegi), más nos encabronamos. No quedarnos en esto y vamos a la acción política constituyente.


39.2 millones de niños, son la tercera parte de la población del país. 2.5 millones viven en la pobreza
39.2 millones de niños, son la tercera parte de la población del país. 2.5 millones viven en la pobreza
(Foto: Cambio de Michoacán)

Desde dónde debemos hacer una o varias lecturas para clarificar el concepto de infancia. Es importante que nuestra lectura se inicie desde el presente y desde la dimensión de lo histórico, dado que el concepto y los sentidos de infancia constituyen una categoría social que nació y fue creada en un momento de la historia. Lo anterior significa que la infancia se pensó desde una formación social y desde los significantes o conductores culturales que cohesionaron esa franja social.

Este hecho encierra dos posibilidades: por un lado, en el interés por proteger a los infantes existe la condición de sometimiento de su voluntad al orden establecido y se les contempla como un objeto, y por el otro lado está el sentido de percibirla como actores o sujetos que pueden pensar con autonomía e incidir en la transformación y cuestionamiento del orden neoliberal, realmente existente.

No olvidemos que los procesos de transnacionalización del capital vienen acompañados de significantes culturales (éxito, poder, riqueza, competencia) para invadir la esfera de la infancia y conducirla hacia identificaciones en el campo del consumismo o también para incorporarla como fuerza de trabajo o como mercancía sexual (pederastas civiles y religiosos). En el nombre de la infancia y el interés por protegerla se han cometido grandes violaciones a sus deseos y derechos humanos.

El problema está en que casi no escuchamos lo que la infancia quiere y desea desde su autonomía, como grupo social, y en el nombre de su protección anulamos su demanda de libertad y de deseos. ¿Qué tendrá en común la infancia mexicana en una estructura social donde la desigualdad es brutal? Millones de niños y niñas no acceden al juego de la infancia y el sistema los expulsa, los coloca en la pobreza, les roba el sueño y la libertad para pensar por sí mismos.

Existe un significante amo (permite y prohíbe) llamado el futuro o un tiempo lejano, donde el capitalismo coloca a los niños. Ese recurso ideológico se convierte en algo lejano para el cumplimiento de la demanda que reclama la infancia en el presente. Ese futuro lejano esconde y oculta la inconformidad y las inquietudes que los niños manifiestan en este momento de su historia. Siempre escuchamos el verbo esperar como justificación para dejar de hacer lo que quieren las niñas y los niños como sujetos de hoy.

Por ello es necesario revisar los atributos que le asignamos a ese grupo social que hemos nombrado como infancia. De ahí que nombrar no es algo neutral, sino que implica una intencionalidad con sentidos en favor o en contra del nombrado. De tal forma que el infante queda sometido o se inscribe en la liberación. En el primer caso se le percibe como objeto, y en el segundo, como un sujeto erguido, esto es, con posibilidad de desafiar lo existente. Como bien dice John Berger: “La vista es el sentido que establece nuestro lugar en la sociedad. A través de ella los seres humanos comenzamos a construir nuestra visión del mundo y, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que somos percibidos, observados y representados por otros. El ‘acto de ver’ implica la conciencia de ser visto”.

Por lo dicho anteriormente, uno no puede ir directamente a la comprensión de lo que es la infancia o la niñez dado que no es un fenómeno patente a los sentidos, ya que depende del lugar conceptual que uno se coloque para descifrar el habitus que cubre y da sentido y orientación a aquella. Para un neoliberal la infancia es un objeto para el consumo e intentan homogeneizarlo con las imágenes de la televisión comercial. De ahí que afecta más a los niños la televisión comercial que el paro de los maestros democráticos.

La infancia no flota en el espacio social, sino que las estructuras, donde el niño se desarrolla, no son homogéneas, lineales, sino contradictorias y además desiguales e injustas. Aunque desde el punto de vista de la teoría social se mencionen características en común para la infancia, en la realidad concreta no todos los niños las reciben de la misma manera: para unos, todas, y para otros, nada. Lo anterior es lo mismo que la riqueza, no llega igual para todos, unos acumulan grandes capitales y otros acumulan pobreza.

La otra alternativa es colocarnos en una episteme o categoría social u horizonte de verdad que rescate lo humano como fundamento de la existencia y percibir a la infancia como sujeto, donde las formaciones internas, capacidades, aptitudes, habilidades, que no competencias neoliberales, sean orientadas al acto de pensar para que los niños empiecen por interrogar el mundo de la conformidad y desterrar todo aquello que afecte la libertad y la voluntad, para escoger otra existencia, otra infancia.

Cada época produce una imagen, una visión, una concepción, desde la cultura, desde las estructuras sociales, de lo que deben ser los niños, pero no de lo que ellos quieren o están siendo y, lo peor, nunca les preguntamos por lo que quieren, porque los percibimos como pequeños, como menores de edad, los vestimos como adultos y el colmo, los llamamos vulnerables y así menos los escuchamos. Les asignamos todos los derechos, menos el de pensar con autonomía. Ningún programa escolar imparte la asignatura de pensar, pero eso sí, los saturamos de conocimientos y nos olvidamos del pensamiento reflexivo y crítico.

Por ejemplo, entre los siglos XV y XVIII, el niño disfrazado de adulto es una constante en la pintura. En ese momento los niños presentan comportamientos y actitudes de “personas mayores”. El cuerpo del niño vivió siempre en lo oculto, lo invisible, y cuando se le descubre es para golpearlo. Para la visión de la Iglesia católica la verdad anatómica es juzgada indigna del hijo de Dios, sin embargo, para la moralina religiosa el cuerpo del niño es un instrumento que estuvo al servicio de los perversos deseos del pederasta Marcial Maciel. Ni la ley humana ni la ley divina lo castigaron. La impunidad se apoderó del país.

Existen visiones y conceptualizaciones que se representan el cuerpo de los niños como el lugar de las pulsiones placenteras. Es lógico que algunas culturas conservadoras intenten fatigar física y mentalmente al niño con el fin de evitar el cumplimiento de sus fantasías o también ocuparlos en la pobreza para que sólo piensen en comer y dejen de lado los placeres corporales y alejarlos de las relaciones interpsíquicas. En la cultura neoliberal los infantes son destinados y no aceptan que ellos se destinen. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
Comentarios
Columnas recientes

Razones para una nueva reforma educativa

La cuarta república hereda instituciones fetichizadas

Preguntas permanentes sobre la vida y la muerte

Liberemos el espacio de lo público

Ética crítica para la cuarta transformación

Cultura y memoria para la cuarta transformación

Batallas por la historia: el 2 de octubre de 1968 no se olvida

Hidalgo, la libertad y el fin elegido

Hidalgo, la memoria y la Universidad Michoacana

Educar y gobernar en la cuarta transformación

Política y ética para la cuarta transformación

Emancipación humana y pedagogía crítica

Autogestión, ética y pedagogía clínica

Perspectiva epistémica del sur para la cuarta transformación

Educador popular para la cuarta transformación

La educación como fundamento social y no como medio

La cuarta transformación con sujeto histórico

Razones para una nueva política educativa

El pensamiento crítico

Pablo González Casanova y las ciencias sociales

La oligarquía financiera no quiere dejar el poder

Lo que ocultan las campañas políticas

Campañas políticas, subjetividad e intelecuales

Ética y política con fundamentos, con principios

Campañas políticas, el capital y la dominación

El discurso tecnocrático oculta el despojo de la nación

El tiempo y el espacio como negocio

La lucha teórica y política por la educación

El neoliberalismo produce relaciones de explotación

El feminismo es un humanismo

Lo que sucede cuando la crítica y la participación se ausentan

La batalla teórica y política del normalismo

El Estado al servicio del capital

Las instituciones al servicio del neoliberalismo

Instituciones y presupuestos discrecionales

Ideas para liberar lo educativo

El lenguaje público como derecho humano

El poder, el valor y el capital

El contenido de lo educativo no es neutral

Transformemos al capitalismo corporativo y sus instituciones

¿Quién lleva las riendas en el país?

La infancia en el neoliberalismo

Las instituciones al servicio del proyecto de pocos

Pensar en la muerte es pensar en la vida humana

El poder y los fines de la educación

Estado laico e Iglesia católica

Necesidad de conciencia crítica y de sujeto

El neoliberalismo y la doctrina del shock

Modernidad, ¿para quién?

Se privatiza el contenido público de la política

Política, imaginario y educación

La vuelta al yo y la muerte del otro

Investigación educativa, poder y cultura

Relación pedagógica en la política y la cultura

La intimidad de lo educativo

Felicidad y bienestar, ¿para quién?

El sujeto de la educación y la profesionalización

Es necesario detener el neoliberalismo depredador

Racionalidad instrumental y transparencia

Conflicto entre la seguridad y la libertad

El poder del capital vigila y castiga

La memoria histórica amenazada

Democracia liberal, poder y verdad

La veda electoral se sustituye por la noticia

Sindicalismo y neoliberalismo en la UMSNH

Los riesgos de la escritura, la lectura y el pensar

15 de mayo y la lucha sigue

Violencia y pobreza contra la niñez mexicana

La impunidad y la corrupción como espectáculo

La lucha entre lo pesado y lo ligero

Estado, poder y oligarquía

El poder domina y produce fantasías

La libertad, ¿para qué y para quién?

Reforma en la UMSNH y el solitario de Rectoría

Reforma integral en la UMSNH o nada

Reforma en la UMSNH, ¿para qué?

El coro, la moral y la educación

Izquierda y derecha, ¿para qué?

La lucha entre la verdad y la post-verdad

Lucha política y crisis de identidad

La dignidad es un principio, no es un medio

No está en la mochila, sino en el sistema neoliberal

El capitalismo corporativo despoja a la nación

Construir una nueva formación social

Modificar el artículo 29 y suspender garantías

Capitalismo, Consumo y Emociones

Ética crítica y educación liberadora

Globalización y sindicalismo en la UMSNH

Palabras que engañan y mienten

La lucha entre lo reiterativo y lo disruptivo

Trump y la unidad de la oligarquía mexicana

Bloqueo histórico e individualismo obsesivo

El malestar de la vida y la muerte

Pensamiento político de Lázaro Cárdenas del RíoPensamiento político de Lázaro Cárdenas del Río

El poder de explotación y el otro

Los enemigos de la praxis de la liberación

2 de octubre y Ayotzinapa no se olvidan

La relación de poder en la UMSNH

La lógica del capital y la política

El Estado laico y la Iglesia católica

Trilogía de la oligarquía financiera

El neoliberalismo y la causa de los niños

Pensamiento crítico y moralidad

Ética y educación emancipadoras

El poder de explotación y la educación

Lo imaginario y el capital

La ética disruptiva y la educación

Pensar la educación y la pedagogía

El poder de explotación y la educación

El poder autoritario y lo social

El capitalismo corporativo y lo público

El poder de dominación y la Reforma Educativa

Razón ficticia y democracia representativa

El pensamiento único del prianismo

Política y educación, ¿para qué?

La política también se corrompe

La autonomía del saber, ¿para qué?

Pactos, ¿para qué?

La relación de explotación y la infancia

La UMSNH y su autonomía

Escribir, ¿para qué?

Del Estado de excepción al Estado de rebelión

Reforma, jubilación y pensión en la UMSNH

El normalismo: defensa teórica y política

El normalismo: defensa teórica y política

El capitalismo destruye lo humano y la naturaleza

SPUM, universidad y neoliberalismo

Opción a la educación crítica

Reflexiones sobre la visita del Papa Francisco

Reflexiones sobre la visita del Papa Francisco

La acumulación de capital en pocos

La desconfianza y el desánimo

Neoliberalismo, corrupción y narcotráfico

Reflexiones sobre el orden sexual

Necesidad de la pregunta y necesidad de conciencia

Ante el autoritarismo, la razón y el argumento

La formación es de naturaleza política

El derecho del orden de Aurelio Nuño Mayer

Evaluar para individualizar y normalizar

Las Normales y el pensamiento único

Poder, vida y muerte

El poder, el diálogo y el nuevo comienzo

Las Normales y el gerente de la SEP

Las Normales y el autoritarismo (Primera parte)

La privatización de lo público

El Papa Francisco y la Iglesia católica

El diálogo como mecanismo administrativo

Las tribus del SPUM

Los retos del “nuevo comienzo” Segunda parte y última

Los retos del “nuevo comienzo” (primera parte)