Julio Santoyo Guerrero
Los trabajos de los justificadores
Lunes 26 de Febrero de 2018
A- A A+

Si algo ha dominado la lucha política por la sucesión presidencial de este 2018 ha sido la incongruencia. No es que en las pasadas contiendas este factor no haya estado presente, la diferencia es que hoy es una tendencia dominante. Todos los partidos la han ejercido en algún grado; algunos han llevado esta práctica al terreno de lo habitual y ordinario, como si se tratara de un elemento doctrinal y dogmático, aunque no explicitado en sus documentos fundacionales.

El decir de Maquiavelo de que en política el fin justifica los medios ha colocado a los actores políticos en una carrera imparable por ejercer un pragmatismo máximo, a toda costa, para hacerse del poder presidencial.
En esta desbocada carrera han perdido congruencia y han destrozado sus ideologías partidarias. Han reducido su ideario a la maniobra osada de incorporar a sus filas a los personajes más detestables pero que les abonarán recursos y votos.

El Ministerio de la Verdad, descrito por Orwell en 1984, parece tomar forma de estrategia en las campañas en curso.
El Ministerio de la Verdad, descrito por Orwell en 1984, parece tomar forma de estrategia en las campañas en curso.
(Foto: TAVO)

En esencia, la elección 2018 está siendo dominada por el pragmatismo crudo y la ausencia del debate de ideas. La obsesión de ganar aceptación, una vista o una reproducción en las redes sociales, al precio que fuere, así sea el escándalo, no ha tenido límite, y han llevado la política a niveles extremos de descomposición y a la corrupción de sus fines socialmente aceptados, lo concerniente al bien común. Lo que de esto resulte será la garantía de la continuidad de todo lo que ahora hemos cuestionado, sólo con cambio de gerente. No se puede aspirar a cambios verdaderos cuando se están dando desde ahora garantías a quienes representan o han representado el liderazgo de la corrupción y la descomposición de los asuntos públicos.

Muy cierto que a los ciudadanos nos preocupa la ética de nuestros políticos. Quien hace esta observación ordinariamente es la sociedad. A diario viene señalando la corrupción que ejercen muchos de quienes gobiernan, a diario está denunciando la ineptitud de quienes ejercen cargos públicos, a diario viene señalando los trágicos vínculos entre algunos gobernantes y jefes mafiosos, a diario reclama la impunidad de quienes ostentan el poder. Y en este universo de malos políticos caben hombres y mujeres provenientes de todo el espectro de la partidocracia, incluyéndose también a los llamados independientes.

Es a los políticos a quienes se les está llamando para que recuperen la ética, los valores que son imprescindibles para que tan valioso ejercicio alcance la dignidad que los mexicanos reclamamos. La sociedad mexicana tiene claridad de sus valores, por eso los contrasta con los de los malos políticos. Por eso los ciudadanos han rechazado la idea de que la corrupción es un asunto cultural, y desde esa misma postura rechazan que el problema de una mala moral de los políticos sea culpa de los ciudadanos.

En nuestra República laica, la cosa pública se atiende con el Estado de Derecho, con nuestra Constitución y las leyes secundarias. Los políticos que gobiernan y buscan gobernar tienen el objetivo irrenunciable de hacerlas cumplir, si no ocurre así es que no tienen ética, que su cinismo no les permite reflexionar y optar por el bien antes que por el mal. No se necesita de un código moral para todos los mexicanos, aprobado a mano alzada en las plazas públicas o promovido en los medios de comunicación. Los ciudadanos tampoco necesitamos que el gobierno, el Estado, nos diga cuál es la verdadera felicidad. Hasta antes de 1857 la Iglesia católica ocupó ese espacio que sólo ocasionó fanatismos, sufrimiento, intolerancia y persecución al pensamiento diferente. El diálogo ecuménico de las iglesias es un asunto de ellas, no del Estado. El gobierno nada tiene que ver con los argumentos teológicos de cada una de esas instituciones.

Lo menos que quisiéramos los mexicanos es vivir un mundo orwelliano en el que el modo de vivir la vida privada deba ser regulado por una Constitución moral. Esos coqueteos totalitarios, que pueden llevar a la tentación autoritaria de una revolución cultural, no debieran ser consentidos si no es que queremos ver destruidos nuestros tambaleantes valores democráticos. Increíble, pareciera que los liderazgos laicos se invirtieran, que desde la Iglesia, Ratzinger (Benedicto XVI) afirme que "el Estado no puede ser en sí mismo la fuente de la moral y la verdad. Los estados, por su naturaleza, están imposibilitados para producir la verdad por sus propios medios, usando una ideología cualquiera. El estado no es un absoluto (el significado de la religión y los valores éticos)”.

Los políticos necesitan tener ética, así como los ciudadanos la practican, no por sus carencias nos quieran imponer un código moral decidido por notables. En esto Fernando Savater es muy claro: "La ética busca mejorar a las personas, la política busca mejorar a las instituciones. Las instituciones no se mejoran exclusivamente porque las personas sean buenas... la idea de que se puede curar o mejorar la política por dosis de ética es una ilusión engañosa de la que hay que despertar... la política requiere mejor política, la reforma de la política requiere de mejor política, transformación de las instituciones (Ética, política y ciudadanía)”.

El pragmatismo ha separado a los políticos de la ética y los ha distanciado de los ideales que están en sus documentos fundacionales; los ha llevado a subordinar tales ideales al logro de maniobras exitosas para ganar votantes, por eso no reparan en las incongruencias que los ciudadanos observamos en sus decisiones. Para disminuir la gravedad de las incongruencias los líderes políticos se ven obligados a emplear ejércitos de justificadores y apologistas que encuentran en ese absurdo su trabajo para maquillar la realidad. El Ministerio de la Verdad, descrito por Orwell en 1984, parece tomar forma de estrategia en las campañas en curso.

Por eso afirmo que de todo esto nada bueno va a salir para México, sólo la profundización de lo que ya está en crisis. No se puede cambiar al país practicando la incongruencia y abriéndole las puertas a lo que tanto daño nos ha hecho, aunque los justificadores del “Ministerio de la Verdad” se empeñen en crear otra realidad a través de la propaganda, provenga esta estrategia del partido que fuere.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

De la abdicación a la imprudencia

No avivemos la hoguera

¡No puede ser de otra manera!

Simplismo y eficacia

El gobierno de Fuente Ovejuna.

El sindicato de Elba Esther.

Protagonistas de piedra

Carta al gobernador Silvano Aureoles

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición

Atraco a los bosques

La trampa

Bagatelas en lugar del oro

Que arda la corrupción, no los bosques

Ceguera antilaboral

No había entrado a un lugar parecido

La sorpresa

El que da y quita

El arte de inducir olvido y confusión

Crónica de 3 desacatos o el reto a las instituciones ambientales

Sierra de Madero: deforestó, robó, se burló de juez federal y está libre

¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?

No es la envidia, es la fragilidad

¿Qué esperaban?

Julio Santoyo Guerrero

Mireles, la venganza de un sistema omiso

¿Quién quemó Roma?, ¿acaso Kate del Castillo?

Por una jodida placa

Reconsideración

Pagar y castigar

El tino de Arnaldo

Silvano y Nuño

El traje del gobernador

Voluntarismo y gobernabilidad

Los vulnerables municipios

El bono de confianza

Silvano y el recurso de la política

Días de mea máxima culpa

El paso decisivo

Libres y cortesanos

Informe oficial de la realidad

Silvano y el minotauro de papel

No debe pasar

Sembradores de lumbre

Los hombres del presidente

Ojalá sólo fuera el organigrama del gobierno

\"Inteligencia, honestidad y huevos, si no va a valer madres\"

De resultados y de oficio político debe ser

El respiro del 7 de junio

La era del nuevo comienzo

¡Votamos por la democracia!