Rafael Mendoza Castillo
Lo que sucede cuando la crítica y la participación se ausentan
Lunes 26 de Febrero de 2018
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La relación de verdad como horizonte que media entre los hombres y el mundo se sustituye por la separación intencional de los componentes: objetivismo (certeza en el objeto), subjetivismo (dominio de la creencia) y practicismo (la acción vale en sí misma). Lo anterior provoca la fragmentación de la verdad.

En lo que respecta a la práctica, ésta se instala en la repetición mecánica, es decir que hace su entrada triunfal el practicismo, traducido en el más puro pragmatismo, donde todo hacer tiene el mismo valor, y como todo vale, nada vale (cambiar de partido como cambiar de ropa). En el pragmatismo nadie asume las consecuencias de sus acciones. En este proceder no hay distinción, la verdad, la ética crítica, los valores, salen sobrando. Lo que importa es hacerse rico a velocidad, poderoso en el menor tiempo posible, pisoteando al otro y despojando a la nación de lo público, lo de todos.

 Rosario Robles
Rosario Robles
(Foto: Cuartoscuro)

En el último Presupuesto de Egresos se observó el reparto, sin principios morales, éticos o cívicos, hacia grupos o poderes fácticos, partidos, alta burocracia y gobernadores. Muestra de lo anterior es lo siguiente: el caso Rosario Robles (Sedesol 2015), de desvío a empresas fantasma por seis mil 879 millones de pesos de dinero público, los famosos moches; la misma Rosario Robles en la Sedatu provocó un quebranto por tres mil 855 millones de pesos al pago de convenios con universidades, en Veracruz se desviaron 19 mil millones de pesos, en Michoacán son seis mil millones de pesos desviados, además entre 2011 y 2013 el gobierno de Michoacán no ha solventado observación por el orden de los 13 mil millones de pesos, sólo durante 2014 Michoacán tuvo un quebranto de ocho mil 89 millones de pesos, los diputados federales (Cámara) no acreditaron uso y destino de mil 616 millones de la cuenta 2016 (la lista sigue).

Por eso México cae doce escalones en el índice de corrupción entre países (135, calificación, 29). En ese reparto las grandes ausentes fueron las clases sociales excluidas, marginadas y empobrecidas. Este poder de dominación, de explotación, el régimen político y el modelo neoliberal, siempre ha estado al servicio de los que más tienen, los oligarcas. La dignidad como límite desaparece. Con esto demostramos que el modelo prianista y su neoliberalismo depredador han llegado a su fin. Los fraudes electorales lo han salvado.

Por lo expuesto anteriormente es necesario recordar algunos diques sobre las pulsiones manejados por Sigmund Freud. En primer término, el pudor deja de existir, todo debe desvelarse. En segundo, la repugnancia se aísla, dejando su lugar a la valorización infinita, ilimitada de los objetos deseados y tercero; la compasión hacia los otros deja la entrada a la crueldad y la agresividad, donde el otro es una cosa, un objeto. El criminal y el poder establecido, en cualquier momento, pueden asesinar al otro (razón instrumental).

Si dejamos de pensar, de criticar y de interrogar lo que existe, el mundo en sus tres dimensiones, objetual, subjetual y práxica, no podremos encontrar el principio, el comienzo, el fundamento que evite la fragmentación, las pantallas que se colocan para exiliar al pensamiento crítico, necesario éste para darle coherencia racional y humana a la existencia y evitar que ésta sea secuestrada por la oligarquía financiera, con su sentido del libre mercado, de liberación de reglas, de privatizaciones de lo público y la reducción del gasto público.

La respuesta a la crisis de nuestra sociedad actual no puede abordarse desde la guerra contra quien sea, ciudadanos o criminales. Ni desde la vuelta a la familia ya que ésta sufre una crisis severa en la que ya no educa, ni siquiera instruye. Ni desde la sociedad porque ésta se funda en la mercancía como valor exclusivo de cambio, el dinero media todo y la economía cruza el todo social (reduccionismo económico).

Solamente falta que también el pensamiento crítico se encuentre en crisis o que los seres humanos lo hayamos olvidado y que esté agazapado como un león para saltar en cualquier momento que lo invitemos para enseñorearse de las gentes, de las clases sociales subalternas, a fin de cambiar y transformar esta sociedad que ha esclavizado el trabajo, secuestrado lo público y convertido a la condición humana en una cosa, en instrumento y en medio para bien de los ricos, poderosos y criminales de arriba y de abajo.

El círculo entre la ficción y la realidad se está cerrando. Cuando el gobernante afirma que la población no entre en psicosis, que no importa que la bandera esté al revés, porque así está el país, quiere decir que la gente se acostumbre, se habitúe al espectáculo de la muerte, de la miseria, de la pobreza extrema y del sufrimiento mental y físico. Desde aquí decimos, no a esas interpretaciones desde el poder, porque sí hay que enojarnos, rebelarnos, no acomodarnos a esta existencia injusta, a un poder injusto, a una democracia inexistente, sólo virtual, imaginaria, no real, vacía, sin contenidos, pero eso sí, en transición infinita donde todos a largo plazo estaremos muertos.

Pero si la crítica, con su sentido de negación de lo existente, de lo normalizado, no prende, no se apodera y se instala, como modo de ser, de existir en los explotados, los excluidos, los olvidados, no sólo de los intelectuales orgánicos, que muchas veces la utilizan para justificar la dominación, ella misma puede ser inútil y formar parte de los adornos del poder. También la crítica se puede domesticar o esconder. El miedo, la violencia y la crueldad son excelentes medios para ausentarla de lo humano. Cuando la conciencia se olvida de que es creadora y productora de mundo y se aliena, se convierte en la voz del rebaño, al servicio del dinero, del capital, y deja de lado su propia condición humana.

Hemos venido afirmando que la humanidad enfrenta una crisis de civilización, se entiende como la crisis del objeto humano, de la historia, donde aparecen las relaciones del libre mercado como hegemónicas, y los valores humanos, como fundamento de lo social, ceden su lugar a los valores de cambio. Las mismas ideas se transforman en una industria y ni la cultura escapa a la vorágine del mercado y al monopolio de la televisión comercial. Otro mundo es posible y necesario.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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