Rafael Calderón
Elegía del destino
Octavio Paz: homenaje a una estrella de mar
Lunes 26 de Febrero de 2018
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Hay que destacar que Octavio Paz quería ser recordado después de muerto por su condición de poeta y que se le recordará por un puñado de poemas. Dijo una y otra vez que antes que ensayista, político o teórico de la poesía quería sobrevivir por unos poemas a la manera de la Antología griega. Por esto no hay que dejar de lado que su condición de ensayista porque es la que determina su vocación de poeta. Su escritura es una presencia en verso y prosa. Se le puede recordar por un poema como “Piedra de sol” o “Blanco”, y uno termina por invocar su condición de ensayista, y si se quiere reconocer su presencia en la tradición del ensayo naturalmente que están presentes obras como El arco y la lira, porque estas páginas reflejan la síntesis que encierra su poética y permite percibir su voz más que brillante sobre la modernidad: el epílogo de “los signos en rotación” es el más claro ejemplo para preservar su memoria y esas páginas permiten ubicar el ejemplo de la unidad entre los dos postulados de su obra como la prosa y el verso presente a lo largo de su obra.

Existen páginas sobre el lugar de nacimiento de Octavio Paz y por lo mismo hay que resumir nuevamente que nació el 31 de marzo de 1914 en la calle Valencia número 14, de la colonia Juárez, en la Ciudad de México.
Existen páginas sobre el lugar de nacimiento de Octavio Paz y por lo mismo hay que resumir nuevamente que nació el 31 de marzo de 1914 en la calle Valencia número 14, de la colonia Juárez, en la Ciudad de México.
(Foto: Especial)

Existen páginas sobre el lugar de nacimiento de Octavio Paz y por lo mismo hay que resumir nuevamente que nació el 31 de marzo de 1914 en la calle Valencia número 14, de la colonia Juárez, en la Ciudad de México. Recordar que en el pueblo de Mixcoac es donde vivió su infancia y la primera etapa de su juventud. De este lugar casi invisible dijo que era un “pueblo de labios quemados”, y rectificando a algunos estudiosos, el poeta no nació en Mixcoac, y él escribe para clarificarlo en la presentación de Claridad errante –última selección de poemas y textos en prosa de su autoría– con un estilo autobiográfico: “Yo no nací en Mixcoac, pero allí viví durante toda mi niñez y buena parte de mi juventud. Apenas tenía unos meses de edad cuando los azares de la Revolución nos obligaron a dejar la Ciudad de México… Llegué en 1914 y no me moví de allí sino hasta 1937”. Lo que sí es que está presente el primer registro desde ese pueblo como “un alma, una tradición”.

La primera síntesis de esa búsqueda lo ubica en la infancia temprana, clarifica el ingreso a la madurez de su vida que queda definida para la exaltada biografía de quien observa vivamente esa modulación del tiempo en versos como los de “Epitafio sobre ninguna piedra”, estrofa única donde se expresa en los siguientes términos: “Mixcoac fue mi pueblo: tres sílabas nocturnas,/ un antifaz de sombra sobre un rostro solar./ Vino Nuestra Señora, la Tolvanera Madre./ Vino y se lo comió. Yo andaba por el mundo./ Mi casa fueron mis palabras, mi tumba el aire”. Estos versos que son parte de Árbol adentro –el último libro de su madurez que publicó en el terreno de la poesía– son la fuente inagotable de su sentir y el ser que determinan el registro de su vida en el terreno de la poesía.

Sin embargo, antes hay que ir a Libertad bajo palabra para reconocer la dulcísima variedad lírica: leer bajo su propia condición que “las palabras” son la expresión fuerte, acabada, o decir que resulta interesante como si fueran la condición misma de su identidad al oír esa voz portentosa y reconocer el esplendor de las palabras, su eco: “Dales la vuelta..,/ hazlas, poeta…” ¿Se tratará de la posible expresión que permite ubicar su presencia no menor en importancia de la poesía del siglo XX? Por estas Octavio Paz se vuelve una novedad perpetua y si alguien supo del dominio del lenguaje y fue precisamente él quien lo expresó con la poesía de forma única.

Puede que sean leídas para que trasmitan su eco, su variedad de ritmos y determinar el movimiento del lenguaje. Suenan fuerte, adquieren presencia, son huella y permanencia: “Dales la vuelta,/ cógelas del rabo (chillen, putas),/ azótalas,/ dales azúcar en la boca a las rejegas,/ ínflalas, globos, pínchalas,/ sórbeles sangre y tuétanos,/ sécalas,/ cápalas,/ písalas, gallo galante,/ tuérceles el gaznate, cocinero,/ desplúmalas,/ destrípalas, toro,/ buey, arrástralas,/ hazlas, poeta,/ haz que se traguen todas sus palabras”. Son más que una síntesis de la vida dedicada a escribir poesía; es la voz de la etapa temprana, en el extremo de la lectura; estos versos reflejan un camino y una búsqueda. Este brevísimo ejemplo corresponde a lo que Octavio Paz llamó “Calamidades y milagros” para compartir el ejemplo maravilloso del lenguaje, reconocer su voz ante la poesía que escribe con intensidad justamente cuando apenas ronda treinta y tantos años de vida.

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